Amigos que pasan y dejan su huella aqui. Gracias por estar .Paz a tu corazon

Recuerda amigo cuando entras a la Casa de Dios pisas Tierra Sagrada.

La Casa de Dios es el lugar más Santo de todo el universo. Cada vez que entres ,recuerda que allí ,vive Jesús en el Sagrario y te espera con AMOR.

Vístete decorosamente, apaga tu celular y ten fe que todo lo que pidas, si eres respetuoso , piadoso en tus actitudes y posturas en el Templo, sera recibido por el Señor con agrado .

Y tu alma ya no será la misma.

Haz silencio. Busca cerrar tus ojos y quédate quieto. Dios esta en su Casa. El Amor puede hablarte íntimamente .

Mi deseo es que Dios se manifieste en ti.


Cristo Resucito, DIOS VIVE ENTRE NOSOTROS

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Oración colecta. Liturgia. Rito inicial

Para participar bien en la misa es fundamental que esté viva la convicción de que es Cristo glorioso el protagonista principal de las oraciones litúrgicas de la Iglesia. El sacerdote es en la misa quien pronuncia las oraciones, pero el orante principal, invisible y quizá inadvertido para tantos, «¡es el Señor!» (Jn 21,7). En efecto, la oración de la Iglesia en la eucaristía, lo mismo que en las Horas litúrgicas, es sin duda «la oración de Cristo con su cuerpo al Padre» (SC 84). Dichosos, pues, nosotros, que en la liturgia de la Iglesia podemos orar al Padre encabezados por el mismo Cristo. Así se cumple aquello de San Pablo: «El mismo Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; él mismo ora en nosotros con gemidos inefables» (Rm 8,26).

De las tres oraciones variables de la misa -colecta, ofertorio, postcomunión-, la colecta es la más solemne, y normalmente la más rica de contenido. Y de las tres, es la única que termina con una doxología trinitaria completa. El sacerdote la reza -como antiguamente todo el pueblo- con las manos extendidas, el gesto orante tradicional.

La palabra collecta procede quizá de que esta oración se decía una vez que el pueblo se había reunido -colligere, reunir- para la misa. O quizá venga de que en esta oración el sacerdote resume, colecciona, las intenciones privadas de los fieles orantes. En todo caso, su origen en la eucaristía es muy antiguo.

Veamos una que puede servir como ejemplo:

/ «Oh Dios, fuente de todo bien, /escucha sin cesar nuestras súplicas, y concédenos, inspirados por ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda. / Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. -Amén».

La oración, llena de concisión, profundidad y belleza, se inicia / invocando al Padre celestial, y evocando normalmente alguno de sus principales atributos divinos. En seguida, apoyándose en la anterior premisa de alabanza, viene / la súplica, en plural, por supuesto. Y la oración concluye apoyándose en / la mediación salvífica de Cristo, el Hijo Salvador, y en el amor del Espíritu Santo. Ésa suele ser la forma general de todas estas oraciones.

Otros ejemplos. «Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz, concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor, etc.» (dom. 13 T.O.). «Oh Dios, protector de los que en ti esperan, sin ti nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor, etc.» (dom. 17 T.O.).

Gran parte de las colectas tienen origen muy antiguo, y las más bellas proceden de la edad patrística. Vienen, pues, resonando en la Iglesia desde hace muchos siglos. Cada una suele ser una micro-catequesis implícita, y de ellas concretamente podría extraerse la más preciosa doctrina católica sobre la gracia.

¿Será posible, también, que muchas veces el pueblo conceda su Amén a oraciones tan grandiosas sin haberse enterado apenas de lo dicho por el sacerdote? Efectivamente. Y no sólo es posible, sino probable, si el sacerdote pronuncia deprisa y mal, y, sobre todo, si los fieles no hacen uso de un Misal manual que, antes o después de la misa, les facilite enterarse de las maravillosas oraciones y lecturas que en ella se hacen.

Señor, ten piedad y Gloria . Liturgia de la Santa Misa. Lee, conoce y AMA.

Señor, ten piedad

Con frecuencia los Evangelios nos muestran personas que invocan a Cristo, como Señor, solicitando su piedad: así la cananea, «Señor, Hijo de David, ten compasión de mí» (Mt 15,22); los ciegos de Jericó, «Señor, ten compasión de nosotros» (20,30-31) o aquellos diez leprosos (Lc 17,13).

En este sentido, los Kyrie eleison (Señor, ten piedad), pidiendo seis veces la piedad de Cristo, en cuanto Señor, son por una parte prolongación del acto penitencial precedente; pero por otra, son también proclamación gozosa de Cristo, como Señor del universo, y en este sentido vienen a ser prólogo del Gloria que sigue luego. En efecto, Cristo, por nosotros, se anonadó, obediente hasta la muerte de cruz, y ahora, después de su resurrección, «toda lengua ha de confesar que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (+Flp 2,3-11).

Es muy antigua la inserción, en una u otra forma, de los Kyrie en la liturgia. Hacia el 390, la peregrina gallega Egeria, en su Diario de peregrinación, describe estas aclamaciones en la iglesia de la Resurrección, en Jerusalén, durante el oficio lucernario: «un diácono va leyendo las intenciones, y los niños que están allí, muy numerosos, responden siempre Kyrie eleison. Sus voces forman un eco interminable» (XXIV,4).

Gloria a Dios

El Gloria, la grandiosa doxología trinitaria, es un himno bellísimo de origen griego, que ya en el siglo IV pasó a Occidente. Constituye, sin duda, una de las composiciones líricas más hermosas de la liturgia cristiana.

«Es un antiquísimo y venerable himno con que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y al Cordero, y le presenta sus súplicas... Se canta o se recita los domingos, fuera de los tiempos de Adviento y de Cuaresma, en las solemnidades y en las fiestas y en algunas peculiares celebraciones más solmenes» (OGMR 31).

Esta gran oración es rezada o cantada juntamente por el sacerdote y el pueblo. Su inspiración primera viene dada por el canto de los ángeles sobre el portal de Belén: Gloria a Dios, y paz a los hombres (Lc 2,14). Comienza este himno, claramente trinitario, por cantar con entusiasmo al Padre, «por tu inmensa gloria», acumulando reiterativamente fórmulas de extrema reverencia y devoción. Sigue cantando a Jesucristo, «Cordero de Dios, Hijo del Padre», de quien suplica tres veces piedad y misericordia. Y concluye invocando al Espíritu Santo, que vive «en la gloria de Dios Padre».

¿Podrá resignarse un cristiano a recitar habitualmente este himno tan grandioso con la mente ausente?...

Saludo inicial y acto penitencial.Significado en la Liturgia MisaEl Señor esté con vosotros»

Saludo

El Señor nos lo aseguró: «Donde dos o tres están congregados en mi Nombre, allí estoy yo presente en medio de ellos» (Mt 18,19). Y esta presencia misteriosa del Resucitado entre los suyos se cumple especialmente en la asamblea eucarística. Por eso el saludo inicial del sacerdote, en sus diversas fórmulas, afirma y expresa esa maravillosa realidad:

-«El Señor esté con vosotros» (+Rut 2,4; 2Tes 3,16)... «La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros» (2Cor 13,13)...

-«Y con tu espíritu».

«La finalidad de estos ritos [iniciales] es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunidad, y se dispongan a oír como conviene la palabra de Dios y a celebrar dignamente la eucaristía» (OGMR 24).

Acto penitencial

Moisés, antes de acercarse a la zarza ardiente, antes de entrar en la Presencia divina, ha de descalzarse, porque entra en una tierra sagrada (+Ex 3,5). Y nosotros, los cristianos, antes que nada, «para celebrar dignamente estos sagrados misterios», debemos solicitar de Dios primero el perdón de nuestras culpas. Hemos de tener clara conciencia de que, cuando vamos a entrar en la Presencia divina, cuando llevamos la ofrenda ante el altar (+Mt 5,23-25), debemos examinar previamente nuestra conciencia ante el Señor (1Cor 11,28), y pedir su perdón. «Los limpios de corazón verán a Dios» (Mt 5,8).

Este acto penitencial, que puede realizarse según diversas fórmulas, ya estaba en uso a fines del siglo I, según el relato de la Didaqué: «Reunidos cada día del Señor, partid el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro» (14,1). Antiguamente, el acto penitencial era realizado sólamente por los ministros celebrantes. Y por primera vez este acto se hace comunitario en el Misal de Pablo VI. En las misas dominicales, especialmente en el tiempo pascual, puede convenir que la aspersión del agua bendita, evocando el bautismo, dé especial solemnidad a este rito penitencial.

-«Yo confieso, ante Dios todopoderoso»... A veces, con malevolencia, se acusa de pecadores a los cristianos piadosos, «a pesar de ir tanto a misa»... Pues bien, los que frecuentamos la eucaristía hemos de ser los más convencidos de esa condición nuestra de pecadores, que en la misa precisamente confesamos: «por mi gran culpa». Y por eso justamente, porque nos sabemos pecadores, por eso frecuentamos la eucaristía, y comenzamos su celebración con la más humilde petición de perdón a Dios, el único que puede quitarnos de la conciencia la mancha indeleble y tantas veces horrible de nuestros pecados. Y para recibir ese perdón, pedimos también «a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos», que intercedan por nosotros.

-«Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna». Esta hermosa fórmula litúrgica, que dice el sacerdote, no absuelve de todos los pecados con la eficacia ex opere operato propia del sacramento de la penitencia. Tiene más bien un sentido deprecativo, de tal modo que, por la mediación suplicante de la Iglesia y por los actos personales de quienes asisten a la eucaristía, perdona los pecados leves de cada día, guardando así a los fieles de caer en culpas más graves. Por lo demás, en otros momentos de la misa -el Gloria, el Padrenuestro, el No soy digno- se suplica también, y se obtiene, el perdón de Dios.

El Catecismo enseña que «la eucaristía no puede unirnos [más] a Cristo sin purificarnos al mismo tiempo de los pecados cometidos y preservarnos de futuros pecados» (1393). «Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la eucaristía fortelece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales (+Conc. Trento). Dándose a nosotros, Cristo reaviva nuestro amor y nos hace capaces de romper los lazos desordenados con las criaturas y de arraigarnos en Él» (1394). Así pues, «por la misma caridad que enciende en nosotros, la eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales. Cuanto más participamos en la vida de Cristo y más progresamos en su amistad, tanto más dificil se nos hará romper con él por el pecado mortal. La eucaristía [sin embargo] no está ordenada al perdón de los pecados mortales. Esto es propio del sacramento de la Reconciliación. Lo propio de la eucaristía es ser el sacramento de los que están en plena comunión con la Iglesia» (1395).

En este sentido, «nadie, consciente de pecado mortal, por contrito que se crea, se acerque a la sagrada eucaristía, sin que haya precedido la confesión sacramental. Pero si se da una necesidad urgente y no hay suficientes confesores, emita primero un acto de contrición perfecta» (Eucharisticum mysterium 35), antes de recibir el Pan de vida.

Rito inicial . Liturgia de la Misa.

Canto de entrada

Ya en el siglo V, en Roma, se inicia la eucaristía con una procesión de entrada, acompañada por un canto. Hoy, como entonces, «el fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido, y elevar sus pensamientos a la contemplación del misterio litúrgico o de la fiesta» (OGMR 25).

Nótese que en las celebraciones solemnes de la eucaristía puede haber tres procesiones hacia el altar: ésta, en la entrada; la que se realiza al ir a presentar los dones en el ofertorio; y la de la comunión.

Veneración del altar

El altar es, durante la celebración eucarística, el símbolo principal de Cristo. Del Señor dice la liturgia que es para nosotros «sacerdote, víctima y altar» (Pref. pascual V). Y evocando, al mismo tiempo, la última Cena, el altar es también, como dice San Pablo, «la mesa del Señor» (1Cor 10,21).

Por eso, ya desde el inicio de la misa, el altar es honrado con signos de suma veneración: «cuando han llegado al altar, el sacerdote y los ministros hacen la debida reverencia, es decir, inclinación profunda... El sacerdote sube al altar y lo venera con un beso. Luego, según la oportunidad, inciensa el altar rodeándolo completamente» (OGMR 84-85).

El pueblo cristiano debe unirse espiritualmente a éstos y a todos los gestos y acciones que el sacerdote, como presidente de la comunidad, realiza a lo largo de la misa. En ningún momento de la misa deben los fieles quedarse como espectadores distantes, no comprometidos con lo que el sacerdote dice o hace. El sacerdote, «obrando como en persona de Cristo cabeza» (PO 2c), encabeza en la eucaristía las acciones del Cuerpo de Cristo; pero el pueblo congregado, el cuerpo, en todo momento ha de unirse a las acciones de la cabeza. A todas.

La Trinidad y la Cruz

«En el nombre del Padre, + y del Hijo, y del Espíritu Santo». Con este formidable Nombre trinitario, infinitamente grandioso, por el que fue creado el mundo, y por el que nosotros nacimos en el bautismo a la vida divina, se inicia la celebración eucarística. Los cristianos, en efecto, somos los que «invocamos el nombre del Señor» (+Gén 4,26; Mc 9,3). Y lo hacemos ahora, trazando sobre nosotros el signo de la Cruz, de esa Cruz que va a actualizarse en la misa. No se puede empezar mejor.

El pueblo responde: «Amén». Y Dios quiera que esta respuesta -y todas las propias de la comunidad eclesial congregada- no sea un murmullo tímido, apenas formulado con la mente ausente, sino una voz firme y clara, que expresa con fuerza un espíritu unánime.

Amén

La palabra Amén es quizá la aclamación litúrgica principal de la liturgia cristiana. El término Amén procede de la Antiguo Alianza: «Los levitas alzarán la voz, y en voz alta dirán a todos los hombres de Israel... Y todo el pueblo responderá diciendo: Amén» (Dt 27,15-26; +1Crón 16,36; Neh 8,6). Según los diversos contextos, Amén significa, pues: «Así es, ésa es la verdad, así sea». Por ejemplo, las cuatro primeras partes del salterio terminan con esa expresión: «Bendito el Señor, Dios de Israel: Amén, amén» (Sal 40,14; +71,19; 88,53; 105,48).

Pues bien, en la Nueva Alianza sigue resonando el Amén antiguo. Es la aclamación característica de la liturgia celestial (+Ap 3,14; 5,14; 7,11-12; 19,4), y en la tradición cristiana conserva todo su antiquísimo vigor expresivo (+1Cor 14,16; 2Cor 1,20). En efecto, el pueblo cristiano culmina la recitación del Credo o del Gloria con el término Amén, y con él responde también a las oraciones presidenciales que en la misa recita el sacerdote, concretamente a las tres oraciones variables -colecta, ofertorio y postcomunión- y especialmente a la doxología final solemnísima, con la que se concluye la gran plegaria eucarística. Y cuando el sacerdote en la comunión presenta la sagrada hostia, diciendo «El cuerpo de Cristo», el fiel responde Amén: «Sí, ésa es la verdad, ésa es la fe de la Iglesia».

Estructura fundamental de la misa

La estructura fundamental de la eucaristía, desde el principio de la Iglesia, ha sido siempre la misma. Lo podremos comprobar, al final, en un breve apéndice histórico. Como en la última Cena, siempre la eucaristía ha celebrado primero una liturgia de la Palabra, seguida de una liturgia sacrificial, en la que el cuerpo de Cristo se entrega y su sangre se derrama; y este banquete, sacrificial y memorial, se ha terminado en la comunión.

Pues bien, aquí nosotros analizaremos la celebración eucarística en su forma actual, que ya halla antecedentes muy directos en la segunda mitad del siglo IV, cuando la Iglesia -tras la conversión de Constantino, obtenida ya la libertad cívica-, va dando a su liturgia, como a tantas otras cosas, formas comunitarias y públicas más perfectas.

Examinemos, pues, la misa en sus partes fundamentales:

-I. Ritos iniciales

-II. Liturgia de la Palabra

-III. Liturgia del Sacrificio: A. Preparación de los dones; B. plegaria eucarística; C. comunión.

-IV. Rito de conclusión.

La liturgia de la eucaristía. Lugar de la celebracion


Nombres

Los nombres hoy más usuales para designar la actualización litúrgica del misterio pascual son: misa, eucaristía, cena del Señor, sacrificio de la Nueva Alianza, memorial de la Pascua, mesa del Señor, sagrados misterios... Otros nombres, muy antiguos y venerables, como synaxis, anáfora, sacrum, y especialmente fracción del pan (Hch 2,42), hoy han caído en desuso.

Lugar de la celebración

-El templo. La eucaristía se celebra normalmente en el templo, lugar de sacralidad muy intensa y patente. Y recordemos aquí que porque todo el mundo y todos sus lugares son de Dios, por eso precisamente los cristianos le consagramos públicamente a Él algunos lugares, los templos, que están edificados como Casa de Dios, es decir, como lugares privilegiados para orar, glorificar a Dios y santificar a los hombres. El Ritual de la dedicación de iglesias y de altares, renovado después del Vaticano II (1977), expresa estas realidades de la fe con preciosas lecturas y oraciones.

«Con razón, pues, desde muy antiguo, se llamó iglesia al edificio en el cual la comunidad cristiana se reúne para escuchar la palabra de Dios, para orar unida, para recibir los sacramentos y celebrar la eucaristía. Por el hecho de ser un edificio visible, esta casa es un signo peculiar de la Iglesia peregrina en la tierra e imagen de la Iglesia celestial» (OGMR 257).

Ahora bien, dentro del templo, y en orden a la eucaristía, hay tres lugares fundamentales cuya significación hemos de conocer bien: el altar, la sede y el ambón.

-El altar. El altar es el lugar de Cristo-Víctima sacrificada. Su forma ha ido variando al paso de los siglos, conservando siempre como referencias fundamentales la mesa del Señor, en la que cena con sus discípulos, y el ara, significada a veces antiguamente por el sepulcro de un mártir, en la que se consuma el sacrificio del Calvario. En todo caso, la distribución espacial no sólo del presbiterio, sino de todo el templo, debe quedar centrada en el altar.

-El ambón. Es el lugar propio de Cristo-Palabra divina. Los fieles congregados reciben cuanto desde allí se proclama «no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como palabra divina» (1Tes 2,13). Ha de dársele, pues, una importancia semejante a la del altar.

En efecto, «la dignidad de la palabra de Dios exige que en la iglesia haya un sitio reservado para su anuncio... Conviene que en general este sitio sea un ambón estable, no un fascistol portátil... Desde el ambón se proclaman las lecturas, el salmo responsorial y el pregón pascual; pueden también hacerse desde él la homilía y la oración universal de los fieles. Es menos conveniente que ocupen el ambón el comentarista, el cantor o el director del coro» (OGMR 272).

-La sede. Es el lugar de Cristo, Señor y Maestro, que está sentado a la derecha del Padre, y que preside la asamblea eucarística, haciéndose visible, en la fe, por el sacerdote. Cristo, en efecto, «está presente en la persona del ministro» (SC 7a). Por eso, lugar propio del sacerdote, presedente de la asamblea eclesial, es la sede, o si se quiere, la cátedra -de ahí viene el nombre de las catedrales-, desde la cual, en el nombre de Cristo, el obispo o el presbítero preside y predica, ora y bendice al pueblo.

((No parece, pues, que una silla normal o una banqueta sean los signos más adecuados de algo tan noble. Sería, por otra parte, en general, un error pretender que la liturgia de la Iglesia exprese la pobreza que Cristo vivió en Nazaret o en su ministerio público. Entonces sí, la sede sería una banqueta, el ambón un atril cualquiera, el altar y los manteles una mesa común de familia, etc. Pero aunque es verdad que la hermosura propia de la pobreza evangélica debe marcar, sin duda, los signos de la liturgia, éstos deben remitir eficazmente a las realidades celestiales. Y en este sentido, como el Vaticano II enseña, fiel a la tradición unánime de Oriente y Occidente, «la santa madre Iglesia siempre fue amiga de las bellas artes, y buscó constantemente su noble servicio y apoyó a los artistas, principalmente para que las cosas destinadas al culto sagrado fueran en verdad dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos de la realidades celestiales» (SC 122b).))

lunes, 9 de noviembre de 2009

Iglesia en marcha y comunidad que se construye en comunión

DEDICACION DE LA BASILICA DE SAN JUAN DE LETRAN
Ez. 47, 1-2.8-9.12
Sal. 45
Jn. 2, 13-22


El día 9 de noviembre litúrgicamente se celebra la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma. Es la Catedral de Roma, la sede del Obispo de Roma y en consecuencia del Papa, Pastor de la Iglesia universal.
La fiesta nos quiere recordar y celebrar la Dedicación, la consagración de este templo, que se le llama el templo madre de toda la cristiandad. Y es al mismo tiempo una celebración profundamente eclesial, no sólo por este aspecto de la consagración de este templo, Iglesia, sino fundamentalmente porque quiere ser un signo de la comunión de todas las Iglesias con la Sede del Papa. Es la comunión necesaria de toda la Iglesia de Jesús, de todos los seguidores de Jesús.
En el marco de esta celebración la liturgia nos ofrece en la Palabra de Dios el texto que hace referencia a la expulsión de los vendedores del templo por parte de Jesús. ‘El celo de tu casa me devora’, recuerda el evangelista las palabras proféticas para aplicárselas a Jesús en este gesto de querer purificar el templo de Jerusalén de aquel mercado en que se había convertido.
La clave de la comprensión de este texto está en la respuesta de Jesús a los requerimientos de los judíos pidiendo explicación de con qué autoridad hacía aquello. ‘Destruid este templo y en tres días lo reedificaré’, les responde Jesús. No lo entienden, hablan del tiempo que habían tardado en su reconstrucción en los tiempos de Herodes, que incluso aún no había concluido, pero el evangelista nos dice que ‘él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron y dieron fe a la Palabra de Jesús y a la Escritura’. Una clara referencia en principio a su resurrección.
Pero en el marco de esta celebración se nos quiere decir algo más. Hablar de ese cuerpo y de ese templo, es hablar del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, que somos todos nosotros los que creemos en Jesús. Y aquí queremos centrar nuestra reflexión.
La imagen del templo edificio que se construye nos evoca no sólo la materialidad de un edificio material que se construye, sino que nos está hablando de ese templo que somos nosotros y que es la Iglesia.
Como dice uno de los prefacios de la Dedicación de una Iglesia, ‘esta casa visible… donde reúnes y proteges sin cesar a esta familia que hacia ti peregrina, manifiestas y realizas de manera admirable el misterio de tu comunión con nosotros…’ Podíamos decir, pues, que esta celebración es una invitación a la comunión; esa comunión necesaria que hemos de vivir en cuanto somos iglesia, comunidad, pueblo de Dios, o familia de Dios. Las mismas palabras lo indican; Iglesia es la convocatoria a un encuentro, los convocados a un encuentro que se encuentran unidos y reunidos; comunidad, ya la misma palabra la indica, los que viven en comunión; pueblo de Dios y familia que siempre implica que muchas se encuentran reunidos y en unidad.
Peregrinos que caminamos unidos; peregrinos hacia la Jerusalén del cielo, somos imagen y anticipo de esa Jerusalén celestial; peregrinos y constructores de esa Iglesia, de ese templo, de esa comunión que necesitamos tener los unos con los otros. ¡Cómo tenemos que cuidar la comunión entre nosotros! No puede faltar si en verdad nos sentimos Iglesia, nos sentimos familia y pueblo de Dios. Una tarea constante que tenemos que realizar. Un empeño y un compromiso, constructores de comunión. De cuántas maneras lo podemos expresar, lo tenemos que expresar en el día a día. Nunca destructores ni demoledores, siempre contribuyendo a la unidad, a la concordia, a la comunión.
Somos Iglesia en marcha, comunidad que se construye, familia que crece, cuerpo que se mantiene unido. Si nos faltara estaríamos destruyendo por la base nuestra fe, nuestro ser cristiano y no habría un auténtico seguimiento de Jesús. Que ese sea nuestro empeño.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Santo Cura de Ars. Hoy tuve la dicha de participar en una misa junto al corazon incorrupto del santo. Gracias Señor.

El santo peregrinara por la Argentina hasta el 27 de noviembre. Y hoy tuve la dicha de participar en el primer lugar que arribaron las reliquias el Carmelo de Santa Teresita.
Fue muy conmovedora la ceremonia, pude besar el corazon incorrupto , ESTOY MUY FELIZ.
GRACIAS SEÑOR.
Dejo aqui algunos pensamientos del santo




LA ORACIÓN

Hermosa obligación del hombre:
orar y amar

Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.

El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.

La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable.

En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión.

Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.

Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo.

En la oración hecha debidamente, se funden las penas como la nieve ante el sol.

Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y creedme, que el tiempo se me hacía corto.

Hay personas que se sumergen totalmente en la oración como los peces en eI agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no esta dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con del mismo modo que hablamos entre nosotros.

Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la Iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo,
cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: "Sólo dos palabras, para deshacerme de ti..." Muchas veces pienso que cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.

Juan Maria Vianney
(Cura de Ars)

lunes, 2 de noviembre de 2009

A los que han muerto admítelos a contemplar la luz de tu rostro

Lam 3, 17-26
Sal. 24
Mc. 15, 33-39; 16, 1-6


Si ayer celebrábamos la gran fiesta de la Iglesia, de Todos los Santos, y contemplábamos a quienes en la Jerusalén del cielo eternamente alaban a Dios con el Cántico del Cordero, el cántico de los vencedores que han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero, y al mismo tiempo queríamos echar una mirada a los que peregrinos aún en esta tierra quieren vivir en fidelidad y santidad, hoy queremos recordar, contemplar y sentirnos en una comunión solidaria con aquellos que habiendo salido ya de este mundo se purifican para poder entrar en el Banquete de las Bodas eternas.
Es la conmemoración de todos los fieles difuntos que hacemos en este día. Un día en el que, aún enfrentándonos a la cruda y dolorosa realidad de la muerte, sin embargo no queremos vivir desde la amargura sino desde la esperanza.
Es cruda y dura le realidad de la muerte a la que todos tenemos que enfrentarnos. Ya sea en la desaparición de nuestros seres queridos, familiares, amigos, conocidos, personas cercanas a nosotros, ya sea en esa realidad de la muerte que estamos viendo todos los días a nuestro alrededor, muchas veces muy dolorosa como consecuencia de la violencia de la vida manifestada en tantas cosas, ya sea la realidad de nuestra propia muerte a la que un día tenemos que enfrentarnos y que nos lo recuerda la propia debilidad de nuestro cuerpo, las enfermedades o también los achaques como consecuencia de la longeva edad.
Pero ante el hecho de la muerte nosotros no sufrimos como los hombres sin esperanza, como nos lo recuerda san Pablo en ese texto de la carta a los Tesalonicenses que tantas veces habremos escuchado y meditado. Nuestra esperanza está en el Dios de la vida. Nuestra esperanza está en Jesucristo, muerto y resucitado.
Sí, Jesús, el Hijo del Dios vivo que se hizo hombre como nosotros asumiendo nuestra naturaleza humana en toda su condición; asumiendo también el hecho de la muerte. Lo contemplamos muerto en la Cruz, pero lo contemplamos vivo y resucitado. Va delante de nosotros asumiendo nuestra realidad humana porque quiere conducirnos a la vida, y a una vida sin fin.
Cristo resucitó y quiere así llevarnos a nosotros a la vida. ‘Sé que mi Redentor vive’, decía el santo Job. Y, desde la experiencia dura de dolor que experimenta en su vida - muerte de sus hijos, pérdida de sus posesiones, enfermedad que envuelve su vida, desprecio de amigos y conocidos -, porque mi Salvador vive, sabe que él también vivirá. Podemos sentirnos abrumados por el dolor o la muerte que nos aterra, como veíamos en el autor de las Lamentaciones - ‘Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza…’ decía el autor sagrado -, para enseguida sin embargo reacciona y pone toda su confianza en ‘la misericordia del Señor que no termina y en la compasión que no acaba’. Así nos confiamos en el Señor.
En la liturgia lo expresamos de muchas maneras. Cuando pedimos por los difuntos en la plegaria eucarística decimos ‘a cuantos murieron recíbelos en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque al contemplarte como Tú eres, Dios nuestro, seremos semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas’.
Llegaremos al Reino eterno de Dios. Es nuestra esperanza y eso pedimos para el que ha muerto. Pero decimos más, vamos a gozar de la plenitud eterna de la gloria de Dios. ¿No hay ansias de plenitud en nuestro corazón? Pues esa es nuestra certeza y esperanza. Pero aún más, podremos contemplar cara a cara a Dios. ¿Todos no deseamos ver a Dios, conocerle tal cual es? Lo podremos contemplar, pero la dicha está además en que seremos para siempre semejantes a El. Así nos unimos a Dios.
¿Queremos más razones para la esperanza? ¿Queremos más motivos para que el recuerdo de nuestros difuntos no sea para el llanto y la amargura? Por supuesto que sentimos la pena y el desgarro de la separación, pero nuestros lloros, ¿no serán muchas veces una falta de fe y de esperanza?
Iremos a gozar de la visión de Dios ¿por qué tenemos miedo? Tenemos la esperanza de que nuestros seres queridos estén gozando de esa visión de Dios y para eso rezamos por ellos, ¿por qué tantas lágrimas y tanta amargura? Recemos, pidamos por ellos, con esperanza, con confianza en la Palabra del Señor. ‘A todos los que han muerto en tu misericordia admítelos a contemplar la luz de tu rostro… concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz’.
Es por eso por lo que podemos dar gracias a Dios, como hacemos en uno de los prefacios ‘porque, al redimirnos con la muerte de tu Hijo Jesucristo, por tu voluntad salvadora nos llevas a nueva vida para que tengamos parte en su gloriosa resurrección… quiso entregar su vida para todos tuviéramos vida eterna’.
Todo esto tiene que motivarnos a que no tengamos miedo a nuestra propia muerte. En el temor del Señor, sí, nos prepararemos tratando de vivir en la santidad a la que estamos llamados, apartando de nosotros el pecado pero, acogiéndonos a la misericordia infinita de Dios, nos ponemos en sus manos amorosas de Padre.

domingo, 1 de noviembre de 2009

En accion de gracias a San Pio de Pietrelcina dedico este espacio

LA PRIMERA APARICIÓN DE JESÚS' FUE EN PIETRELCINA
Tiene cinco o seis años, Francesco, y es recogido en ruego en el pequeño templo del Burgo Castillo, cuando ve aparecer uno extraño personaje en los aprietas altar. Es el Sagrado Corazón de Jesús que lo mira colmado de cariño, haciendole señalo de acercarse.
Levantado, él se dirige lentamente hacia de Jesús. Sus ojos inocentes y puros se encuentran con los de Jesús. Francesco se arrodilla delante, mientras que Jesús lo bendice poniéndole delicadamente su mano sobre el jefe. En este momento íntimo y conmovedor de su infancia, en su corazón es instilado el germen de aquella contemplación infusa que lo devolverá excepcional y visible icono de las maravillas de Cristo y de Su Pasión.

Las Llagas de Amor

Análogas a las heridas de amor son aquellos fenómenos denominados llagas de amor. A menudo son identificados en un mismo fenómeno místico. En realidad, las llagas de amor se distinguen de las heridas porque soy más profundas, más empapadas que amor y más duraderos. Ellas provienen principalmente de las empinadas noticias que el alma tiene de Dios y de los misterios de la fe. Además aparecen de algún modo al exterior o traspasando físicamente el corazón. En este caso tenemos el trasverberación. O bien, las llagas se manifiestan en algunas partes del cuerpo, como a las manos, a los pies y al costado. En tal caso tenemos el fenómeno de las estigmata, más conocido con respecto de lo primero, también porque más visible.

LA TRASVERBERACION

La trasverberación es una gracia santificadora del alma que, ardiente de amor de Dios, es atacada interiormente por un ángel, un serafino, el que quemando se la traspasa hasta el final como con un dardo de fuego y el alma, tan herida, es invadida por suavidades deliciosas.

Santa Teresa de Ávila es una de las almas místicas tocada por esta especial gracia divina. En la capilla Cornaro de la iglesia de Santa Maria de la Vittoria, a Rroma, hay un bonito grupo marmóreo del Bernini, que tiene por título el éxtasis de Santa Teresa. Representa plásticamente el fenómeno de la trasverberación vivido en la profundidad del alma y el cuerpo de la gran mística Carmelita española. Para conocer un mejor este fenómeno experimentado dos veces por Padre Pio, reconducimos lo que escribió Santa Teresa de Ávila en respeto al mismo fenómeno:

"Un día me apareció un ángel bonito más allá de cada medida. Vi en su mano una larga lanza a cuya extremidad semejó sernos una punta de fuego. Éste pareció golpearme más veces en el corazón, mucho de penetrar dentro de mí. II dolor fue tan real que sufrí más veces con alta voz, pero fue mucho postre que no pudiera desear de ser liberada de ello. Ninguna alegría terrenal puede dar una parecida satisfacción. Cuando el ángel extrajo su lanza, quedé con un gran amor por Dios".


La mística de santa Teresa de Ávila ha representado un punto de referencia para Padre Pio de Pietrelcina. También él le vive en su persona, por dos veces, el fenómeno místico del trasverberación.

De una carta que le escribe a Padre Agostino de san Marco en Lamis el 26 de agosto de 1912, sabemos que Padre Pio fue visitado por el Dios por el fenómeno del trasverberación, ocurrido antes tres días, el 23 de agosto.

"Escucháis cosa me ocurrió viernes pasado. Estuve de ello en iglesia a hacerme de ello el rendimiento de gracias por la misa, cuando todo de repente me sentí el corazón herir de un dardo de fuego sí vivo y ardiente, que credetti morir de ello. Me faltan las palabras aptas para hacervos comprender la intensidad de esta llama: soy para nada impotente a poderme expresar. ¿Nos creéis? El alma, víctima de estos consuelos, se convierte en muda. ¡Me pareció que una fuerza invisible me sumergiera todo cuanto en el fuego... mi Dios, que fuego! Cuál dulzura! "[1]. Sensaciones inefables que el Padre lamenta de no poder describirle eficazmente al mismo Padre Agostino.


Después de haber sido trasverberado por Dios en el 1912, Padre Pio revive el mismo fenómeno místico la tarde del 5 de agosto de 1918. Es el mismo Padre Pio a testimoniar su trasverberacón a su director espiritual, padre Benedetto de San Marco en Lamis:

"Estaba confesando de ello nuestros pequeños fraile la tarde del cinco, cuando todo de repente fui llenado de un extremo terror a la vista de un personaje celeste que se presenta delante del ojo de la inteligencia. Tuvo en mano una especie de herramienta, parecido a una larga lámina de hierro con una punta bien afiladura, y que pareció de ella apunta que saliera fuego. Ver todo esto y observar dicho personaje arrojar con toda violencia susodicha herramienta en el alma, fue toda una cosa sola. A privación emití un quejido, me sentí morir. Le dije al pequeño fraile que se hubiera apartado, porque me sentí mal y ya no oí la fuerza de continuar.

Este martirio duró, sin interrupción, hasta por la mañana del día siete. Cosa yo sufrí en este período sí luctuoso yo no sé decirlo. Hasta las entrañas vi que fueron arrancadas y estiráis tras aquella herramienta, y lo todo fue enfocado. De aquel día en acá yo he sido herido en muerte. Siento en el más íntimo del alma una herida que siempre es abierta, que me hace sufrir assiduamente"[2].

Ciertamente alguien podría preguntarse del por qué de estas manifestaciones que semejan pertenecer a otros tiempos y a otros períodos históricos. El pueblo cristiano, en efecto, es más interesado a las señales exteriores como a los estigmas, de que tendremos sucesivamente modo de hablar, que aparecen a veces en las almas enamoradas de Dios, antes que a percepciones del alma que no pertenecen al mundo sensible y por lo tanto no ofrecen atractivo, por lo menos a los que no son tocados directamente de ello. Por tanto es necesario ofrecer una consideración sobre la validez de los fenómenos místicos internas alma y, en particular, sobre el trasverberación, subrayando los que son los efectos positivos de estos carismas en la vida cristiana.

Quien los recibe arde del deseo que se rompan las uniones del cuerpo para volarle libremente a Dios. "Ve claramente que la tierra es un destierro, y no comprende a los que desean vivir largos años sobre de ella. Tanto San Paolo, que deseó ardientemente de morir para estar con Cristo, Fil 1,23, cuánto los dos correccionales del Carmelo[3], que compusieron sus estrofas: "môro" porque no môro, manifestaron la misma experiencia"[4], anhelando a la muerte con tal que reunirse con el manantial de cada bien que es Dios. Se comprende, entonces, como este ardiente deseo de Dios, unido a una separación de las cosas del mundo, puede ayudar realmente, quién advierte intensamente el peso de la cruz, a soportar no sólo con resignación los padecimientos físicos e interiores, pero incluso a elevarlos en una oblación de amor hacia él querido: "Deh! mi Padre, - escribe Padre Pio al ministro provincial - como debbo hacer? Me siento justo morir, casi ya no oye la fuerza de vivir. Mi crucifixión todavía continua; en la agonía se ha entrado desde hace tiempo y ella va haciendose cada vez más desgarradora...[.....].Yo siempre pronunciaré el fiat de la resignación"[7].

Estas palabras dejan ampliamente entender lo tenue sea el hilo afectivo que ata a Padre Pio al mundo terrenal y cuánto fuerte e insaciable parea su deseo de ser desatado por los cordones de la carne para unirse para siempre con Dios.

viernes, 30 de octubre de 2009

Los santos

La Sagrada Biblia llama "Santo" a aquello que está consagrado a Dios. La Iglesia Católica ha llamado "santos" a aquellos que se han dedicado a tratar de que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor.

Hay unos que han sido "canonizados", o sea declarados oficialmente santos por el Sumo Pontífice, porque por su intercesión se han conseguido admirables milagros, y porque después de haber examinado minuciosamente sus escritos y de haber hecho una cuidadosa investigación e interrogatorio a los testigos que lo acompañaron en su vida, se ha llegado a la conclusión de que practicaron las virtudes en grado heroico.

Para ser declarado "Santo" por la Iglesia Católica se necesita toda una serie de trámites rigurosos. Primero una exhaustiva averiguación con personas que lo conocieron, para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa. Si se logra comprobar por el testimonio de muchos que su comportamiento fue ejemplar, se le declara "Siervo de Dios". Si por detalladas averiguaciones se llega a la conclusión de que sus virtudes, fueron heroicas, se le declara "Venerable". Más tarde, si por su intercesión se consigue algún milagro totalmente inexplicable por medios humanos, es declarado "Beato". Finalmente si se consigue un nuevo y maravillosos milagro por haber pedido su intercesión, el Papa lo declara "santo".

Para algunos santos este procedimiento de su canonización ha sido rapidísimo, como por ejemplo para San Francisco de Asís y San Antonio, que sólo duró 2 años. Poquísimos otros han sido declarados santos seis años después de su muerte, o a los 15 o 20 años. Para la inmensa mayoría, los trámites para su beatificación y canonización duran 30, 40,50 y hasta cien años o más. Después de 20 o 30 años de averiguaciones, la mayor o menor rapidez para la beatificación o canonización, depende de que obtenga más o menos pronto los milagros requeridos.

Los santos "canonizados" oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos especialmente está dedicada esta fiesta de hoy.

La Santa Biblia afirma que al Cordero de Dios lo sigue una multitud incontable.

En el cielo están San Chofer de bus y Santa Lavandera de ropa. San Mensajero y Santa Secretaria. Santa Madre de familia y San Gerente de Empresa. San Obrero de construcción y San Agricultor. San Colegial y Santa Estudiante. Santa Viuda, Santa Solterona, Santa Niña y Santa Anciana. San Sacerdote, San Obispo, San Pontífice, San Limosnero, San Celador, Santa Cocinera, San Arrendatario y San Millonario, y muchos más que amaron a Dios y cumplieron sus deberes de cada día.

Señor Jesús: que cada uno de nosotros logremos formar también parte un día en el cielo para siempre del número de tus santos, de los que te alabaremos y te amaremos por los siglos de los siglos. Amén.

Esta es la voluntad de Dios: Que lleguemos a la santidad.

Preparemos nuestro corazon para celebrerar el 1 de noviembre la Fiesta de todos los santos



La Solemnidad de todos los santos

La Iglesia nos manda echar en este día una mirada al cielo, que es nuestra futura patria, para ver allí con San Juan, a esa turba magna, a esa muchedumbre incontable de Santos, figurada en esas series de 12,000 inscritos en el Libro de la Vida, - con el cual se indica un número incalculable y perfecto, - y procedentes de Israel y de toda nación, pueblo y lengua, los cuales revestidos de blancas túnicas y con palmas en las manos, alaban sin cesar al Cordero sin mancilla. Cristo, la Virgen, los nueve coros de ángeles, los Apóstoles y Profetas, los Mártires con su propia sangre purpurados, los Confesores, radiantes con sus blancos vestidos, y los castos coros de Vírgenes forman ese majestuoso cortejo, integrado por todos cuantos acá en la tierra se desasieron de los bienes caducos y fueron mansos, mortificados, justicieros, misericordiosos, puros, pacíficos y perseguidos por Cristo. Entre esos millones de Justos a quienes hoy honramos y que fueron sencillos fieles de Jesús en la tierra, están muchos de los nuestros, parientes, amigos, miembros de nuestra familia parroquial, a los cuales van hoy dirigidos nuestros cultos. Ellos adoran ya al Rey de reyes y Corona de todos los Santos y seguramente nos alcanzarán abundantes misericordias de lo alto.

Esta fiesta común ha de ser también la nuestra algún día, ya que por desgracia son muy contados los que tienen grandes ambiciones de ser santos, y de amontonar muchos tesoros en el cielo. Alegrémonos, pues, en el Señor, y al considerarnos todavía bogando en el mar revuelto, tendamos los brazos, llamemos a voces a los que vemos gozar ya de la tranquilidad del puerto, sin exposición a mareos ni tempestades. Ellos sabrán compadecerse de nosotros, habiendo pasado por harto más recias luchas y penalidades que las nuestras. Muy necios seríamos si pretendiéramos subir al cielo por otro camino que el que nos dejó allanado Cristo Jesús y sus Santos.

miércoles, 28 de octubre de 2009

En Honor a la Santisima Dulce Virgen Maria

La fiesta de los apóstoles enriquece nuestra comunión eclesial


San Simón y San Judas

Ef. 7, 19-22
Sal. 18
Lc. 6, 12-19



Celebramos hoy la fiesta de los Apóstoles san Simón y san Judas. Juntos aparecen siempre en las listas del Colegio Apostólico que nos ofrecen los evangelistas sinópticos y también en los Hechos de los Apóstoles. Hemos tenido la oportunidad en el evangelio de esta fiesta (arriba citado) de escuchar cómo Jesús después de pasar la noche en oración escogió a Doce y los nombró Apóstoles.
Poco sabemos de estos apóstoles porque el Evangelio es bien parco acerca de ellos. Simón, apodado el Celotes o el Cananeo, como dice san Marcos, perteneció antes de formar parte del grupo de los discípulos de aquellos partidos extremistas, celosos de la identidad judía y de su independencia del poder romano. De ahí que se le apode como el Celotes.
Judas, que no el Iscariote, es llamado el hijo de Santiago y también con el sobrenombre de Tadeo. Aparece en el evangelio de san Juan preguntando a Jesús en la última cena ‘¿qué ha sucedido para que te manifiestes a nosotros y no al mundo?’ Una pregunta interesante, porque vemos cómo Jesús al grupo de los Doce les manifiesta más la intimidad de su persona y a ellos les explica cosas que a la gente en general no le explica.
No responde Jesús directamente a la pregunta pero sí hay una respuesta bien hermosa. ‘Si alguno me ama, guardará mi palabra, mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él’. Y terminará Jesús anunciando el envío del Espíritu Santo ‘que os enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho’.
Como muchas veces hemos reflexionado la fiesta de los Apóstoles tiene mucha importancia en el devenir de la Iglesia. Como nos dirá Pablo en la carta a los Efesios ‘sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios… estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo es la piedra angular…’
Formamos ese entramado del edificio de la Iglesia, donde cada uno ocupa su lugar y tiene su función; precisamente por esa comunión de fe que recibimos de los apóstoles llegamos a estar profundamente unidos a Cristo que es la piedra angular, el verdadero fundamento.
Esto tiene sus consecuencias para nosotros. Esto nos exige comunión en una misma fe y una comunión especial en el amor entre los unos y los otros. No vamos viviendo nuestra fe por libre, cada uno por su lado. Tenemos que estar ensamblados en ese edificio que es la Iglesia, que somos todos los que creemos en Jesús. Comunión eclesial que es comunión apostólica, con el sucesor de Pedro pero también con toda la Iglesia con sus obispos verdaderos sucesores de los apóstoles.
Comunión es amor, es cercanía, es caminar juntos, es poner cada uno su granito de arena que nunca nos puede parecer pequeño ni innecesario, sino siempre fundamental para crear esa unidad y esa comunión. Es importante lo que cada uno es y lo que cada uno hace. Lo que puedo y tengo que hacer ya nadie lo hará por mí. Lo que yo deje de hacer será pobreza para la comunidad y para la Iglesia. De ahí la seriedad del compromiso de nuestra fe y lo importante de nuestra comunión.
Que la celebración de la fiesta de estos dos apóstoles enriquezca nuestra comunión y la haga crecer. Que escuchemos y guardemos en lo hondo de nuestro corazón la Palabra de Dios que se nos dice, para que amados de Dios nos sintamos amados por el Padre e inhabitados por su presencia misteriosa y maravillosa.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El Padre Pío y la Misa


En 1974 se publicó una obra en italiano, titulada «Cosí parlò Padre Pio»: «Así habló el Padre Pio» (San Giovanni Rotondo, Foggia, Italia), con el imprimatur de Mons. Fanton, obispo auxiliar de Vincencia.
En este presente trabajo sacamos algunos pasajes en los que el Padre Pío hablaba de la Santa Misa:


Padre, ¿ama el Señor el Sacrificio?
Sí, porque con él regenera el mundo.

¿Cuánta gloria le da la Misa a Dios?
Una gloria infinita.

¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?
Compadecernos y amar.

Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa?
Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.

Padre, ¿qué beneficios recibimos al asistir a la Santa Misa?
No se pueden contar. Los veréis en el Paraíso. Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.

Padre, ¿qué es su Misa?
Una unión sagrada con la Pasión de Jesús. Mi responsabilidad es única en el mundo -decía llorando.



¿Qué tengo que descubrir en su Santa Misa?
Todo el Calvario.

Padre, dígame todo lo que sufre Vd. durante la Santa Misa.
Sufro todo lo que Jesús sufrió en su Pasión, aunque sin proporción, sólo en cuanto lo puede hacer una creatura humana. Y esto, a pesar de cada uno de mis faltas y por su sola bondad.

Padre, durante el Sacrificio Divino, ¿carga Vd. nuestros pecados?
No puedo dejar de hacerlo, puesto que es una parte del Santo Sacrificio.

Continua en comentario

La Santa Misa: el valor del Sacrificio

1. Noción del Sacrificio. El Sacrificio, estrictamente considerado, suelen definirlo así los teólogos: Es la ofrenda que se hace a solo Dios, por medio de un ministro legítimo, de una cosa sensible, destruyéndola o transformándola en otra, para, reconocer y dar testimonio del suprema dominio de Dios sobre todas las cosas, y expresar nuestro acatamiento.
Dícese ofrenda de una cosa sensible, porque el Sacrificio pertenece al culto externo de Dios, pudiendo ser materia de él tanto una cosa animada como inanimada.
Por legítimo ministro se entiende una persona especial legítimamente delegada para ello.
Se dice a sólo Dios, porque el sacrificio es propiamente un acto de latría, que a Él solo se dirige.
Añádese destruyéndola o transformándola, porque no solamente se le debe a Dios él uso de la cosa, sino la sustancia misma de ella, de suerte que la cosa misma debe dejar de existir física o moralmente, y, por lo tanto, inutilizarse para sus usos naturales...
Con las palabras reconocer y dar testimonio del supremo dominio de Dios, etcétera, se expresa cl fin del sacrificio, que es confesar que todo viene de Dios y a Él se le debe todo, incluso la vida humana, la cual debiera ser, en realidad, la materia propia del Sacrificio; pero como de ordinario no es lícito sacrificar la vida, sustitúyese ésta por la sustancia de otra cosa de su pertenencia.

El Altar


Es la mesa del sacrificio donde el Sacerdote celebra la Santa Misa.

"El altar, en el que se hace presente el Sacrificio de la cruz bajo los signos sacramentales, es también la mesa del Señor, para participar en la cual, el Pueblo de Dios se congrega en su nombre. Puesto que la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia y de su culto, el altar es un signo de la Iglesia y cumple su doble función de culto a Dios y santificación de la humanidad. El altar es el lugar sagrado de encuentro en la relación entre Dios y el pueblo redimido por la Sangre de Cristo" -Ordenación General del Misal Romano, 296.

Del Rito de la Dedicación de un Altar: “Que este altar sea el lugar donde los grandes misterios de la redención se actualicen: un lugar donde tu pueblo ofrezca sus dones, manifieste sus buenas intenciones, derrame sus oraciones y se adhieran en todo sentido a su fe y devoción” .

jueves, 15 de octubre de 2009

Feliz dia de Santa Teresa de Jesus


Vida de Santa Teresa

Se cree que la palabra "Teresa" viene de la palabra griega "teriso" que se traduce por "cultivar"; cultivadora. O de la palabra "terao" que significa "cazar", "la cazadora". Como bien dice el Padre Sálesman en su biografía, ambos títulos le quedan bien a Santa Teresa, por ser ella "Cultivadora" de las virtudes y "cazadora" de almas para llevarlas al cielo.

Santa Teresa es, sin duda, una de las mujeres más grandes y admirables de la historia. Es una de las tres doctoras de la Iglesia. Las otras dos son Santa Catalina de Siena y Santa Teresita del Niño Jesús.

Sus padres eran Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila y Ahumada. La santa habla de ellos con gran cariño. Alonso Sánchez tuvo tres hijos de su primer matrimonio, y Beatriz de Ahumada le dio otros nueve. Al referirse a sus hermanos y medios hermanos, Santa Teresa escribe: "por la gracia de Dios, todos se asemejan en la virtud a mis padres, excepto yo".

Teresa nació en la ciudad castellana de Ávila, el 28 de marzo de 1515. A los siete años, tenía ya gran predilección por la lectura de las vidas de santos. Su hermano Rodrigo era casi de su misma edad de suerte que acostumbraban jugar juntos. Los dos niños, eran muy impresionados por el pensamiento de la eternidad, admiraban las victorias de los santos al conquistar la gloria eterna y repetían incansablemente: "Gozarán de Dios para siempre, para siempre, para siempre . . ."

martes, 13 de octubre de 2009

BEATA ANA DE SAN BARTOLOME quien acompaño a Santa Teresa de Avila que murio en sus brazos



El jueves 15 de octubre esperamos con alegria celebrar a Santa Teresa de Avila.
Comparto aqui a una de sus hijas predilectas d el Carmelo que la acompaño hasta el fin y cerro los ojos de la santa.


Nació el 10.10.1549 en Almendral (Avila), de familia pobre en bienes materiales, pero muy buenos cristianos.

Ingresó en el Carmelo de San José de Avila en 1570. Fue la primera lega de la Reforma de Santa Teresa. Desde un principio fue muy querida de la Santa Doctora, en cuyas manos hizo sus votos el 15.8.1572.

Por obra de Dios, méritos de Santa Teresa y obediencia de esta beata, ascendió de simple hermana conversa y analfabeta a la secretaria muy particular de la doctora mística.

Así llegó a ser discípula predilecta y heredera aventajada del espíritu de Teresa, como del gran vidente Elías lo fue el profeta Eliseo. Tal rezan los procesos de la causa de la beata Ana.

En funciones de secretaria acompañó a Santa Teresa en sus correrías fundacionales. Y la Santa, reconociendo la valía de su prestación personal y su extraordinaria santidad, llegó a decirle:

"Ana, Ana, tú tIenes las obras, yo tengo la fama".

Aprendió a escribir de modo milagroso.

Descolló siempre por su extraordinaria caridad, tanto para con Dios como para con el prójimo.

En su autobiografía se lee que deseaba con ansias morir de amor y suspiraba por esta dicha. Suya es la frase: "¡Ay, como me pesa este cuerpo!. Y estoy cansada de cuidarle, todo mí deseo sería ver rotas estas cadenas!"

Muerta Santa Teresa, pasó a Francia, donde fundó varios conventos, dando maravillosos ejem-píos de todas las virtudes. En su Autobiografía, escrita por obediencia, nos dejó constancia de las muchas gracias místicas que gozó durante su vida, como fruto de su gran amor a la Humanidad de Jesús y al Misterio de la Sma. Trinidad.

Murió en 1622 y fue beatificada en 1917 por el Papa Benedicto XV.

Su fiesta se celebra el 7 de junio.


Su espiritualidad

Fue admirable su celo por la salvación de las almas manifestado en las relaciones impuestas por su cargo de priora y fundadora.

La fecundidad de su vida activa tiene su base y explicación en su comunicación asidua con Dios por la oración y en su espíritu de penitencia.

Predicando más con el ejemplo que con las palabras, formó muchas y santas hijas, que fueron su mejor corona en este mundo y espejos de sus virtudes delante de Dios y de los hombres.

Se puede decir de esta beata que pasó por la tierra haciendo bien, pensando más en los otros que en sí misma. Desprendida de todo lo que pudiera distraerla de fijar su vista en el cielo.

Murió en el Carmelo de Amberes, aureolada de gloria y santidad.

Sus palabras eran oídas con veneración por los príncipes del mundo y por los prelados de la Iglesia.

Sus prendas características eran las de una verdadera y genuina carmelita: adhesión inquebrantable ala Iglesia de Dios, entrañable amor a su Orden y ardiente celo por la salvación de las almas.

Aunque se distinguió por su humilidad desde el principio hasta el fin de su vida, quiso el Señor dotar a esta Su sierva de excelentes prendas de gobierno y de cualidades excepcionales para dar consejo a quien se lo pedía.

La vida espiritual de la beata Ana estuvo del todo centrada en la voluntad de Dios, la cual siempre buscó, amó y cumplió con generosa fidelidad.

Su mensaje

que ardamos en celo por extender la Iglesia.


que sepamos servir con caridad a los demás.


que procuremos ser buenos "samaritanos" con los enfermos.


que la caridad sea la pauta de nuestra vida.

Su oración
Oh Dios, que has hecho a la Beata Ana maravilIoso ejemplo de humildad, concédenos a nosotros, tus siervos, que, siguiendo sus ejemplos, alcancemos los premios que prometes a los humildes.

Amén.

lunes, 12 de octubre de 2009

Gente comun de vida ejemplar

"Entre los candidatos argentinos a santos hay perfiles muy diferentes. Se cuentan desde sacerdotes y religiosas, pasando por amas de casa, aborígenes, un empresario y hasta una profesora de repostería. Fueron todas personas que convirtieron los actos ordinarios de su vida en extraordinarios", puntualiza fray Contardo Miglioranza, destacado biógrafo de santos, con decenas de trabajos publicados.

Miglioranza precisa que casi todos los candidatos pertenecían a las clases populares. "Uno o dos eran de clase media alta", señala. También fueron diversos los niveles intelectuales. "Hubo algunos muy inteligentes y de exquisita cultura, pero la mayor parte fueron de inteligencia y de cultura medianas. Pero todos se destacaban por su sabiduría", agrega.

Lamenta que ningún candidato haya sido político. "Sería deseable que pronto lo hubiera porque la política debe ser un servicio a la comunidad", afirma. En cambio, dice que hay muchos que fundaron hogares, asilos, colegios. "Empezaron sin dinero, solo poseían el capital de la pobreza que es la confianza en la providencia".

El periodista Pedro Siwak -autor del libro Santos, Beatos, Venerables y Siervos de Dios— subraya algunos otros de los candidatos. "La hermana Nazaria March Mesa era una religiosa muy valiente que se desempeñó como enfermera en la guerra chaco-paraguaya y defendió a los obreros bolivianos que estaban en huelga", apunta.

Destaca también la gran capacidad realizadora de la madre Camila Rolón, quien fundó decenas de orfelinatos, guarderías y dispensarios. O el aporte a la educación de fray José León Torres y de Leonor Maturana.

Siwak subraya, además, la "enorme personalidad" de "el cura" Brochero, que a lomo de mula salió a evangelizar por las sierras cordobesas y contribuyó significativamente al desarrollo de la región. "Fue ciertamente una figura sacerdotal emblemática", dice.

Comentó que no fue fácil reunir datos sobre Brochero porque, como murió de lepra -que se contagió visitando a los enfermos—, quemaron su casa y con ella muchos documentos.«P

Clarin edicion 2004

Siervos, venerables, beatos, santos argentinos.

“Conocer la vida de los hombres y las mujeres de los cuales está en curso el proceso de beatificación o canonización; verificar el estado de las varias fases de las Causas, sea diocesana que romana; poner al día los datos y las biografías de cada Beato, venerable o Siervo de Dios”. Es este el objetivo del encuentro con los Vicepostuladores de las causas de beatificación y canonización en curso en Argentina, convocado por Mons. Santiago Olivera, Obispo de Cruz del Eje y Encargado Episcopal para las causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Argentina, para el 25 de septiembre. La reunión servirá también para poner a punto la organización del “Día Nacional de oración por la santificación del pueblo argentino y por la glorificación de sus Siervos de Dios” , que se celebra desde hace años el 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos.
De momento, el único Santo argentino es San Héctor Valdivielso Sáez, nacido en Buenos Aires el 31 de octubre de 1910, que entró en el Noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 7 de agosto de 1926, y murió mártir en España el 9 de octubre de 1934, junto a un grupo de hermanos que como él enseñaban en la escuela de Turón, en la región de Asturias, al Noreste de España. El 21 de noviembre de 1999 ha sido canonizado. Son en cambio Beatos argentinos: Laura Vicuña, Nazaria Ignacia March Mesa, Artémides Zatti, Tránsito Cabanillas, María Ludovica de Angelis y Ceferino Namuncurá. Además hay cuarenta Causas de beatificación en curso, algunas bastante avanzadas, cuyos candidatos han sido declarados Venerables. Entre los más conocidos, Fr. Mamento Esquiú, el Cura Brochero, Madre Camila Rolón, P. José León Torres y Madre María Benita Arias. (GT) (Agencia Fides 24/9/2009)


Presentare aqui las vidas de los venerables, santos, beatos argentinos.Empezare por un siervo que acabo de conocer y en los comentarios seguire tambien con la ayuda de uds subiendo vidas ejemplares de Argentina.
un abrazo



Devoción a Isidoro Zorzano

Isidoro Zorzano nació en Buenos Aires el 13 de septiembre de 1902.
Cursó el bachillerato en Logroño, y estudió después en la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid, donde obtuvo el título el año 1927.
Su vida profesional transcurrió primero en Málaga en la Dirección de los talleres de los Ferrocarriles Andaluces y como profesor de la Escuela Industrial de aquella ciudad.

En un viaje a Madrid, en 1930, manifestó al Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, antiguo compañero de estudios en el bachillerato, su deseo de entregarse a Dios en medio del mundo, y pidió la admisión en el Opus Dei, que estaba entonces comenzando. Isidoro siguió con su ocupación en Málaga y luego se trasladó a Madrid, donde continuó trabajando en empresas ferroviarias. En todas sus actividades dio testimonio constante de su fe cristiana. Vivió ejemplarmente la diligencia en el trabajo, la lealtad y el espíritu de servicio con sus colaboradores, el amor a la justicia en la promoción de iniciativas en favor de los más necesitados, la fe y la caridad a través de labores de catequesis y de formación para los sectores más abandonados de la sociedad.
Con su fidelidad, Isidoro fue siempre un apoyo seguro para el Fundador del Opus Dei. Durante los años de la guerra española (1936-39), en Madrid, dio pruebas de heroismo en el amor a la Iglesia y en el celo por las almas. Siguiendo con perseverancia las enseñanzas del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, supo realizar el trabajo en íntima unión con Jesucristo. Vivía una presencia de Dios constante a lo largo de la jornada; su vida espiritual estaba marcada por un sentido hondo y tierno de la filiación divina, un amor grande a la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, y el deseo sincero de buscar la identificación con Cristo por un intenso espíritu de mortificación y penitencia.
Murió con fama de santidad el día 15 de julio de 1943, después de una enfermedad larga y dolorosa, sufrida con fortaleza y alegría.
La Causa de canonización se inició en Madrid en 1948.

Se ruega a quienes obtengan gracias, por la intercesión de Isidoro Zorzano Ledesma, que las comuniquen a la Vicepostulación de la Prelatura del Opus Dei en España, calle Diego de León, 14. 28006-Madrid.

sábado, 10 de octubre de 2009

Palabras sabias

Si te gusta escuchar, aprenderás,
si inclinas tu oído, serás sabio.
Acude a la reunión de los ancianos;
¿que hay un sabio?, júntate a él.
Anhela escuchar todo discurso que venga de Dios,
que no se te escapen los proverbios agudos.

Si ves un hombre prudente, madruga a seguirle,
que gaste tu pie el umbral de su puerta.

Medita en los preceptos del Señor,
aplícate sin cesar a sus mandamientos.
Él mismo afirmará tu corazón,
y se te dará la sabiduría que deseas.

Eclesiástico 6, 33-36

En pocas horas la Iglesia proclamara santos a Rafael Arnáiz Barón Y Francisco Coll y Guitart

Amigos para mi es una gran alegria la proclamacion de estos grandes santos de la Iglesia.
Francisco Coll a quien agradezco su compañia en mi adolescencia , donde fui instruida con su espiritualidad por las hnas Dominicas de la Anunciata.
Al hno Rafael agradezco su continua proteccion y ayuda desde que lo conoci en el 2005 siempre me da muestras de su amor.
ALEGRIA Y GLORIA PARA LA IGLESIA.
AMEN

martes, 6 de octubre de 2009

Domingo proximo Canonizacion del Hno Beato Rafael y Francisco Coll

El Beato Francisco Coll y Guitart, fundador de la Congregación Dominicas de la Anunciata, ya beatificado por SS. Juan Pablo II el día 29 de abril de 1979, será canonizado por SS. Benedicto XVI el próximo día 11 de octubre de 2009.


El P. Francisco Coll, nació en España en 1812. Inició su formación a los 10 años de edad en el Seminario diocesano de Vic (Barcelona). La precaria situación económica familiar y las limitaciones que ésta le imponían fueron templando su espíritu y su cuerpo y dotándole de un extraordinario sentido ascético que le acompañó toda la vida. Cuando concluyó los estudios de filosofía en el Seminario, en el otoño de 1830, optó por pedir el hábito Dominicano en el convento de la ciudad de Gerona; un convento que se había fundado sólo a 35 años de la muerte de Santo Domingo, que poseía un buen equipo de maestros en sagrada Teología y que se mantenía en línea de la más plena tradición dominicana. Del P. Coll dicen sus coetáneos refiriéndose a los años que permaneció en el convento, que se mostró siempre como un auténtico varón de Dios y de una ejemplaridad notable. Allí comenzó Fray Francisco Coll sus estudios de teología en contacto con la Suma de Santo Tomás. El hábito del estudio así como su preparación en la lengua latina y en materias filosóficas, le ayudaron a asimilar un pensamiento teológico sublime le prepararon para su posterior dedicación a la predicación.

UNA EXCLAUSTRACIÓN IMPUESTA. DOMINICO HASTA LA MUERTE
Muy poco después de su ordenación como diácono, cuando sólo le faltaba un año para su ordenación sacerdotal, tuvo que pasar, como otros miles de religiosos españoles, por una forzada exclaustración impuesta por la revolución político-liberal que invadió los conventos y casas de los frailes. El año 1835 se recordará siempre en España como el año de la supresión de las Órdenes Religiosas.
Así, de modo violento, Fray Francisco Coll se vio obligado a abandonar el claustro y recorrer el "desierto" de la exclaustración convirtiéndose en un "dominico exclaustrado". Pese a que las represoras leyes civiles dificultaban la ordenación presbiteral, él, con la autorización de su Superior provincial, se ordenó de sacerdote con todo tipo de cautelas de manos de un Obispo ex superior general de los Mercedarios.
Fue dominico hasta la muerte y correspondió a tal identidad de manera heroica. Sólo el Papa podía dispensar una profesión solemne. El P. Coll hizo "profesión solemne" en 1831, y ni el Papa se adelantó a dispensársela o a ofrecerle dispensa, ni él la pidió jamás. Fue dominico aunque las leyes avasalladoras de la libertad religiosa no le permitieron vivir materialmente en un convento ni llevar el hábito religioso dominicano, pero en todo su ser y en todo su actuar hizo viva la gracia del carisma de Santo Domingo de Guzmán.

APÓSTOL DEL EVANGELIO
Recién ordenado de sacerdote se puso a disposición de su Obispo y durante un tiempo ejerció su ministerio sacerdotal en parroquias de la diócesis pero movido por la fuerza irresistible de una vocación extraordinaria optó, como proyecto de vida, por emprender una tarea misionera de apóstol dominico y comenzó a predicar como un nuevo apóstol, "el apóstol de los tiempos modernos" - escribían- como un nuevo Domingo de Guzmán o un nuevo Vicente Ferrer. Fue misionero itinerante, como lo había sido su Padre Domingo. No recibía estipendio alguno, no admitía limosna en dinero por su predicación. Predicaba siempre como enviado del obispo, formaba parte de una comunidad apostólica que le exigía entrega generosa al estudio y proclamación de la Palabra. Antes de dirigir la predicación al pueblo fiel predicaba ejercicios espirituales a los sacerdotes de la región. Predicaba también a las religiosas de clausura, a los encarcelados, visitaba a los enfermos, dirigía catequesis a los niños… y nunca omitía una o varias charlas sobre la Virgen María cuya devoción promovía eficazmente.
Multitud de testimonios de insignes eclesiásticos coetáneos hablan de su ardor apostólico y de su modo de predicar. El Obispo Guardiola decía: "El que hace prodigios es el buen Padre Coll, y no sé como componer y dar gusto a los que me lo piden. Hasta de diez horas acude la gente a oírle y hacen su confesión general. Dios nos dé muchos hombres apostólicos como el P. Coll y Dios nos volverá a la paz que, que tanto necesitamos" y San Antonio Mª Claret con quien predicó en muchas ocasiones dijo de él: "Donde yo predico, el P. Coll puede espigar; pero donde él ha predicado, a mí nada me queda que recoger".
El Postulador, P. Vito T. Gómez OP, en una Entrevista realizada decía: " A la Familia de Santo Domingo este hermano, grande por su humildad y rico por la pobreza, transmite un mensaje muy apropiado para asumir al comienzo del tercer milenio de la historia cristiana. Su vida demuestra que el ideal dominicano es posible vivirlo en plenitud aun cuando las circunstancias sociales sean adversas. Demostró que se puede prestar un servicio generoso al Evangelio también en casos extremos, de persecución, amenazas, impedimentos y obstáculos al don precioso de la libertad, aun en medio de estorbos y prohibiciones para que Dios sea servido y anunciado. Todo esto lo experimentó el futuro Santo en propia carne y, a pesar de ello, también los cercanos testimoniaron de él que logró ser un perfecto imitador de santo Domingo".

FUNDADOR DE LA CONGREGACIÓN DOMINICAS DE LA ANUNCIATA
En 1856 fundó la Congregación, resultado de muchos años de oración, reflexión y consultas; bien podría ser que ya en sus años de seminarista acariciara ese sueño. Un sueño que se fue consolidando a medida que iba conociendo más y más los problemas de la sociedad que él trataba de cerca en sus desplazamientos misioneros.
Le preocupaba, y mucho, el estado del País en materia de enseñanza y sobre todo el problema de la enseñanza en las "niñas" que se hallaban en situación de clara inferioridad frente a los varones: "En los hombres -decía el informe de un especialista-la instrucción ha de ser pública y sin limitaciones, la de la mujer conviene que sea privada y doméstica, reducida a lograr capacidad para la realización de sus labores…" Esta y otras carencias sociales y religiosas que fue descubriendo, unidas al hecho de que hubiera sido nombrado director general de la Orden Tercera de Santo domingo para la región catalana, determinaron su decidida opción por fundar una congregación dominicana femenina.
Muchas y serias fueron las dificultades que tuvo que superar y que provenían en su mayor parte del propio Prelado que invitó al Padre Coll, en más de una ocasión, a que las dispersase. El P. Claret escribía por entonces a una religiosa "La Iglesia pone todas las dificultades posibles para impedir tantas religiones distintas. Quiere, si, que haya religiosos y religiosas, pero no quiere nuevas Órdenes… No diré yo que ahora esté absolutamente prohibido, pero pone tantas dificultades que hace huir las ganas de fundar…"
La enorme confianza en Dios, la audacia que le caracterizaba y el enorme celo apostólico, le motivaron a reunir un grupo de jóvenes que estaban dispuestas a seguir la llamada de Jesús… Cuando en 1875 volvió al Padre ya contaba la Congregación con 300 religiosas y con 50 comunidades establecidas y dedicadas fundamentalmente a la educación cristiana de las niñas.
A sus hijas las enseñó a ser pobres y sencillas; les inculcó que fueran adoradoras del Padre y servidoras de los hombres, profundamente contemplativas y generosamente evangelizadoras. Les legó su amor a Cristo, devoción mariana y práctica de las virtudes, especialmente la caridad; empeño por el estudio y cultivo del silencio; entrega a la educación de los más desfavorecidos y predicación de la "sana doctrina" a todos pero con especialidad a la infancia y juventud. Quiso que las Hermanas fueran iluminadoras de la sociedad, proponiendo el dogma y la moral cristiana y que como "brillantes estrellas", indicaran a todos el camino que conduce a Dios, realizando esto con espíritu eclesial, compartiendo su misión con los seglares.

LA CONGREGACIÓN DE LA ANUNCIATA EN LA ACTUALIDAD
Está organizada la Congregación en seis Provincias religiosas y un Vicariato. En total cuenta con mil treinta y nueve religiosas profesas. Están presentes en Europa, América, Asía y África:
" Europa: España, Italia, Francia y Suiza.
" Sud América: Argentina, Brasil, Chile, Perú, Paraguay, Uruguay,
" América Central: Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, México.
" Asia: Filipinas.
" África: Benin, Camerum, Costa de Marfil, Rwanda.

La Misión educativa, su principal actividad apostólica, la considera como medio privilegiado de evangelización
En diversas Actividades Parroquiales busca nuevas formas de inserción y colaboración con la Iglesia local, asumiendo ministerios en consonancia con su carisma específico: el anuncio del Evangelio.
La Actividad misionera en países del tercer mundo o en vías de desarrollo la ejercitan las Hermanas anunciando y compartiendo la fe. Trabajan por la justicia, la solidaridad, la paz y los derechos humanos, siendo presencia evangelizadora y trabajando por establecer comunidades cristianas al tiempo que ofreciendo el don del carisma dominicano a otros pueblos y culturas.
A través de la Actividad sanitaria y otras obras de misericordia pretenden las Dominicas de la Anunciata sembrar alegría, fe, esperanza y consuelo en el mundo del dolor. Viven la gratuidad del servicio a los más desheredados: ancianos, enfermos, menores abandonados, deficientes, minorías étnicas…
Se esfuerzan por descubrir, fieles a la dimensión contemplativa de su vida, las semillas del Verbo presentes en las diferentes culturas en las que están insertas y los signos de los tiempos en las necesidades reales y más profundas de los hombres de hoy, a fin de ofrecerles la Palabra encarnada.
Conscientes de los retos que hoy presentan los jóvenes caminan junto a ellos desde Residencias Universitarias, o comunidades dominicanas que, insertas en diversos medios:
- viven y transparentan el gozo de seguir a Cristo,
- tienen como centro la Palabra de Dios,
- constituyen para los jóvenes espacios de acogida, oración y evangelización,
- ofrecen el legado espiritual de su carisma dominicano con la convicción de que sigue teniendo sentido el afán del Beato Francisco Coll: ¡Vivir y anunciar la fe!

Beato Hermano Rafael







Testimonio de sacerdotes

domingo, 4 de octubre de 2009

Testimonios de jovenes que creen en la santidad como camino posible








Benedicto XVI: El alma muere por los pecados no confesados

Que piensas acerca de la santidad.´¿Quieres ser santo?

Amigos me gustaria que compartamos ideas acerca de este tema.
Por mi parte respondo Si. Creo que es posible el camino de santidad y que todos somos llamados a ser santos.
Aqui les dejo una entrevista muy interesante acerca del tema


Tu que opinas???

los espero con amor
adri

domingo, 27 de septiembre de 2009

Cristo da y en su dar hay multiplicidad de bien . Desborda de Amor y supera todo muro de traición, dolor y muerte


El Amor de CRISTO es exigente con los suyos. El camina hacia el martirio en el Amor y en el mandamiento nuevo exige a sus discípulos que se amen con un amor como el de El. Es un Amor que da hasta el martirio. Un amor que da la vida por aquellos que están unidos en comunión.

La fuerza del Amor de Dios , sobrepasa todo dolor corporal, toda traición, todo mal. Su amor permanece inalterable frente al conocimiento del mal.
Ese Amor Cristico supera todo limite físico, limite de la razón, es una emanación pura de la Gloria del Padre y exhalación del poder divino.
A Cristo se le revela el conocimiento certero, que no se nubla por el temor ,sino que se supera y transforma por el Amor. El conocimiento no nubla el corazón.
Al conocer se entrega mas por los otros. Su saber amoroso es libre , santo, y único .
Cristo da y en su dar hay multiplicidad de bien . Desborda de Amor y supera todo muro de traición, dolor y muerte , pq su corazón es diáfano y amante de los hombres. Dona conocimiento, exhorta al amor, da enseñanzas hasta el momento de la exhalación de su ultimo suspiro.

En cada eucaristía celebrada,...

La palabra en la Eucaristía ES Dios, ES Creadora .
La palabra hace memoria de los acontecimientos pasados, que se resignifican
en el presente como nuevos, ya q Cristo es novedad.
El Misterio redentor y salvador, que encierra la Sagrada eucaristía exige un silencio adoratriz,
un silencio de alabanza y un silencio de oración, de parte de los fieles que participan en la misa como pueblo sacerdotal.
En cada eucaristía celebrada, la palabra creadora hace participar a la creación entera . Cada acto, cada gesto, cada palabra dentro del Sacrificio eucarístico crea eventos que traen consecuencias a todo el universo entero en su forma y en todas sus creaturas, Dios obra misteriosamente,

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Donde esta su Hijo, la Dulce Virgen permanece.

Y Cristo habitaba en mi Corazón, recién descendido Cuerpo y Sangre .

Cuanto Amor nos dispensa el Señor de los Señores.

Escribo con los ojos mojados, conmovidos…



El Reino esta allí donde El es Nombrado y Aceptado. El se Presenta, se Encarna, se hace Palabra a los sedientos de su Amor y Verdad.


Lloro de Alegría, ese júbilo que nadie me puede quitar, que mora escondido en mi núcleo, como un precioso tesoro .




Donde dos o tres estén reunidos en mi Nombre Alli estaré en medio de Uds.

María esta allí donde esta su Hijo.

¡Lloro de Amor ¡

Adriana

En la Casa de mi Padre se reza o no se habla

OH Jesús Amo postrarme en tus santos altares, a los pies de tu Tabernáculo, donde perpetuamente presente, tu Santísimo Cuerpo ,Sangre, Alma y Divinidad están allí y junto a Ti, tu madre la dulce Virgen Maria , sus Ángeles y santos.

OH Jesús Mío te amo. Cuanto Amo besar el suelo de tus Iglesias , de tus altares donde día a día desciendes al Gólgota en Sacrificio, para entregarte a todos los hombres , como Pan Angélico.

OH Jesús, cuanto sufro en tus templos profanados por las faltas de amor y de respeto ante tu Divinidad, el desorden, la falta de piedad.
Cuanto sufro en tus templos, convertidos en espacios sociales de recreación donde los fieles solo se buscan a si mismos, olvidándose de Ti

OH Cuanto sufro Jesús, y me siento impotente ya que aun cuando pido silencio no hacen caso.
Que dolor Dios Mío, el celo por lo Sagrado, por el respeto de la Casa de mi Padre me quema por dentro como un fuego que me abraza y consume y gritaría a los cuatro vientos si pudiera ....
En la Casa de mi Padre se reza o no se habla

Adriana

Dios Mío . Cuantas veces no te presentamos en nuestro corazón EL TRONO QUE MERECES

“...consideren que están muertos al pecado, y que viven para Dios, unidos a Cristo Jesús...”dice San Pablo

Estas líneas sacuden fuerte mi corazón , y siento una agitación de temor santo, acompañado de una fuerte sensación de indignidad y un grito agónico desde el centro de mi alma dice

Señor Ten piedad de Mi.
Cuantas veces caigo y tu Señor sigues esperándome y desciendes a mi alma miserable con tu Purísimo Cuerpo. Que indigna soy, escribo y lloro .

Ay Dios Mío . Cuantas veces no te presentamos en nuestro corazón EL TRONO QUE MERECES. PERDÓN DIOS MIO . PERDÓN Y MISERICORDIA.

PERDÓN porque es un privilegio que muchas veces no correspondemos con la verdadera
Piedad.
PERDÓN .


Adriana

lunes, 14 de septiembre de 2009

lunes, 7 de septiembre de 2009

Oracion de abandono

Padre, en tus manos me pongo,
haz de mi lo que quieras.
Por todo lo que hagas de mi, te doy gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal de que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi alma entre Tus manos, te la doy, Dios mío,
con todo el ardor de mi corazón porque te amo,
y es para mi necesidad de amor el darme,
el entregarme entre tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.


Carlos de Foucauld

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Santos incorruptos.

Aqui santos que luego de centenares de años luego de su muerte , se han encontrado incorruptos. Podemos apreciar la Santidad de Dios en ellos. Los santos dan Gloria a Dios con sus vidas, y trascienden la muerte siendo almas eucaristicas que han dedicado su vida al Amor, al Bien, a la Verdad, a DIOS.





El Santo Padre Pio

martes, 1 de septiembre de 2009

Los angeles y los santos

Cuentan que san Francisco de Sales, antes de empezar a predicar, solía mirar a todas las personas que tenía ante él, para saludar a sus ángeles custodios. Santa Micaela del Santísimo Sacramento encomendaba a su ángel que necesitaba ver a determinada persona, y la persona acudía, sin ella haberla llamado previamente. Cuando le preguntaba que por qué había ido a verla, contestaban: «No lo sé, he sentido un impulso interior irresistible a hacerlo».

Cuenta la tradición que los ángeles labraban en lugar de san Isidro cuando éste oía misa a diario; y yendo santa Teresa de Jesús desde Salamanca a Alba de Tormes, al cruzar el monte de Los Perales, el carretero se perdió y, cuando se disponían a pasar allí la noche, dos jóvenes con antorchas les pusieron en el camino real. San Josemaría Escrivá solía recomendar: «Ten confianza con tu ángel custodio. Trátalo como a un entrañable amigo (lo es) y él sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día»; el Papa Pío XI, cuando tenía que realizar algún trabajo delicado, se encomendaba a su ángel custodio, pidiéndole que le facilitara el camino. Y si, además, tenía que tratar algún asunto complicado con alguien, solía invocar al ángel custodio de su interlocutor, para pedirle que iluminara a éste y les ayudara a llevar el tema a buen término.


Santa Faustina Kowalska narra, en sus memorias, una intervención de su ángel de la guarda: «El ángel custodio me ha recomendado que rece por cierta alma, y por la mañana he sabido que se trataba de una persona que había entrado en agonía en aquel momento. De manera sorprendente Jesús me hace conocer que alguien tiene necesidad de mis oraciones. De modo particular vengo a saberlo cuando quien tiene necesidad de mis oraciones es un alma en agonía».

A santa Gema Galgani su ángel custodio solía aparecérsele con frecuencia y conversaba con ella con toda naturalidad. A veces, rezaban juntos, o meditaban sobre la pasión del Señor. Su ángel, una vez, llegó a decirle: «Mira lo que Jesús ha sufrido por los hombres. Considera sus heridas una por una. Es el amor lo que las abrió todas. Mira lo horrible que es el pecado, ya que, para expiarlo, han sido necesarios tanto dolor y tanto amor».





Oración al Ángel Custodio

Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche, ni de día, hasta que me entregues en los brazos de María. No me dejes solo, que me perdería.


«La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.
Desde su comienzo, hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión».
Catecismo de la Iglesia católica



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viernes, 28 de agosto de 2009

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Aqui estoy solo para Glorificar a Dios y hacerlo Amar.