Amigos que pasan y dejan su huella aqui. Gracias por estar .Paz a tu corazon

Recuerda amigo cuando entras a la Casa de Dios pisas Tierra Sagrada.

La Casa de Dios es el lugar más Santo de todo el universo. Cada vez que entres ,recuerda que allí ,vive Jesús en el Sagrario y te espera con AMOR.

Vístete decorosamente, apaga tu celular y ten fe que todo lo que pidas, si eres respetuoso , piadoso en tus actitudes y posturas en el Templo, sera recibido por el Señor con agrado .

Y tu alma ya no será la misma.

Haz silencio. Busca cerrar tus ojos y quédate quieto. Dios esta en su Casa. El Amor puede hablarte íntimamente .

Mi deseo es que Dios se manifieste en ti.


Cristo Resucito, DIOS VIVE ENTRE NOSOTROS

lunes, 25 de abril de 2011

SAN RAFAEL ARNÁIZ.Su fiesta se celebra el 26 de abril





San Rafael Arnáiz Barón
Rafael Arnaiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos, donde también fue bautizado, recibió la confirmación e inició los estudios en el colegio de los Padres Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.


Dotado de una precoz inteligencia, ya desde su primera infancia daba señales claras de su inclinación a las cosas de Dios. En estos años recibió la primera visita de la que había de ser su sino y compañera: la enfermedad que le obligó a interrumpir sus estudios.


Recuperado de ella, su padre, en agradecimiento a lo que consideró una intervención especial de la Santísima Virgen, a finales de verano de 1922 lo llevó a Zaragoza, donde le consagró a la Virgen del Pilar, hecho que no dejó de marcar el ánimo de Rafael.


Trasladada su familia a Oviedo, allí continuó sus estudios medios, matriculándose al terminarlos en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid.


Con una inteligencia brillante, Rafael estaba dotado de destacadas cualidades para la amistad. A la vez que crecía en edad y desarrollaba su personalidad, crecía también en su experiencia espiritual de vida cristiana.



San Rafael ArnáizEn su corazón bien dispuesto, Dios quiso suscitar la invitación a una consagración especial en la vida monástica. Habiendo tomado contacto con el monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas –su Trapa– se sintió fuertemente atraído por lo que vio era el lugar que correspondía con sus deseos íntimos. Allí ingresó el 15 de enero de 1934.
Dios quiso probarle misteriosamente con una penosa enfermedad –la diabetes sacarina– que le obligó a abandonar tres veces el monasterio, adonde otras tantas volvió en aras de una respuesta generosa y fiel a lo que sentía ser la llamada de Dios.


Santificado en la gozosa fidelidad a la vida monástica y en la aceptación amorosa de los planes de Dios, consumó su vida en la madrugada del 26 de abril de 1938, recién estrenados los 27 años, siendo sepultado en el cementerio del monasterio.


Pronto voló imparable su fama de santidad allende los muros del monasterio. Con la fragancia de su vida, sus numerosos escritos continúan difundiéndose con gran aceptación y bien para cuantos entran en contacto con él.


El 20 de agosto de 1989, Juan Pablo segundo, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, le propuso como modelo para los jóvenes en Santiago de Compostela, declarándolo Beato el 27 de septiembre de 1992 para gozo de la santa Iglesia y prenda de gracias para todo el pueblo de Dios.

El 11 de octubre de 2009, el Papa Benedicto XVI canonizó a Rafael Arnáiz Barón. Su fiesta se celebra el 26 de abril.
 

viernes, 22 de abril de 2011

Viernes Santo: Adoración de la Santa Cruz Viernes 22 de Abril de 2011.

Alrededor de las 3 de la tarde se celebra “LA PASIÓN DEL SEÑOR” que consta de tres partes: LITURGIA DE LA PALABRA, ADORACIÓN DE LA CRUZ Y SAGRADA EUCARISTÍA
, Después de la Oración Universal se inicia la ceremonia de la Adoración de la Santa Cruz.

Primera forma de mostrar la Santa Cruz

Se lleva al altar la Santa Cruz cubierta con un velo y acompañada por dos acólitos con velas encendidas, se le entrega al Sacerdote que la espera al frente del altar, la descubre un poco de su parte superior e inicia un cántico (que acompañan los fieles): ” MIRAD EL ARBOL DE LA CRUZ” el pueblo responde: VENID Y ADOREMOS.
Terminado el canto, todos nos arrodillamos y adoramos en silencio la Cruz que el sacerdote, de pie, mantiene en alto. Se repite en tres ocasiones hasta descubrirla totalmente, el celebrante entrega la Cruz a sus ministros y el pueblo participa en la adoración con un beso o el sacerdote mantiene la Santa Cruz en alto para adoración de los fieles con la siguiente invitación:
“MIRAD EL ÁRBOL DE LA CRUZ DONDE ESTUVO CLAVADO CRISTO, EL SALVADOR DEL MUNDO”.
R= VENID Y ADOREMOS.
Terminada la Adoración, la Cruz es llevada al altar y puesta en su lugar, dos cirios encendidos a los lados, iniciándose:
ANTÍFONA
Tu cruz adoramos, Señor y tu santa resurrección alabamos y glorificamos, pues del árbol de la cruz ha venido la alegría al mundo entero
SALMO 66,2.
Que el Señor se apiade de nosotros y nos bendiga, que nos muestre su rostro radiante y misericordioso.

ANTÍFONA
Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos, pues del árbol de la cruz ha venido la alegría al mundo entero.
IMPROPERIOS I


PUEBLO MIO, ¿ QUE MAL TE HE CAUSADO, O EN QUÉ COSA TE OFENDIDO? RESPÓNDEME.
¿PORQUE YO TE SAQUÉ DE EGIPTO, TU LE HAS PREPARADO UNA CRUZ A TU SALVADOR?.
PUEBLO MÍO, ¿QUE MAL TE HE CAUSADO, O EN QUÉ COSA TE HE OFENDIDO? RESPÓNDEME.
R= SANTO DIOS.
SANTO FUERTE.
SANTO INMORTAL, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
¿PORQUE YO TE GUIÉ CUARENTA AÑOS POR EL DESIERTO, TE ALIMENTÉ CON EL MANÁ Y TE INTRODUJE EN UNA TIERRA FÉRTIL, TU LE PREPARASTE UNA CRUZ A TU SALVADOR? R= SANTO DIOS….
¿QUE MÁS PUDE HACER, O QUE DEJÉ SIN HACER POR TÍ?. YO MISMO TE ELEGÍ Y TE PLANTÉ, HERMOSA VIÑA MÍA, PERO TÚ TE HAS VUELTO ÁSPERA Y AMARGA CONMIGO, PORQUE EN MI SED ME DISTE DE BEBER VINAGRE Y HAS PLANTADO UNA LANZA EN EL COSTADO A TU SALVADOR. R= SANTO DIOS….
IMPROPERIOS 2

POR TÍ YO AZOTÉ A EGIPTO Y A SUS PRIMOGÉNITOS, Y TÚ ME HAS ENTREGADO PARA QUE ME AZOTEN.
RESPUESTA= PUEBLO MÍO, ¿QUE MAL TE HE CAUSADO, O EN QUE COSA TE HE OFENDIDO? RESPÓNDEME.
YO TE SAQUÉ DE EGIPTO Y TE LIBRÉ DEL FARAÓN EN EL MAR ROJO, Y TÚ ME HAS ENTREGADO A LOS SUMOS SACERDOTES.
R= PUEBLO MÍO…..
YO TE ABRÍ CAMINO POR EL MAR, Y TÚ ME HAS ABIERTO EL COSTADO CON TU LANZA. R= PUEBLO MÍO…
YO TE SERVÍ DE GUÍA CON UNA COLUMNA DE NUBES, Y TÚ ME HAS CONDUCIDO AL PRETORIO DE PILATO. R= PUEBLO…..
YO TE DÍ DE COMER MANÁ EN EL DESIERTO, Y TÚ ME HAS DADO DE BOFETADAS Y DE AZOTES. R= PUEBLO….
YO TE DÍ A BEBER EL AGUA SALVADORA QUE BROTÓ DE LA PEÑA Y TÚ ME HAS DADO A BEBER HIEL Y VINAGRE. R= PUEBLO…
POR TI YO HERÍ A LOS REYES CANANEOS, Y TÚ CON UNA CAÑA, ME HAS HERIDO EN LA CABEZA. R= PUEBLO …
YO PUSE EN TUS MANOS UN CETRO REAL, Y TÚ ME HAS PUESTO EN LA CABEZA UNA CORONA DE ESPINAS. R= PUEBLO….
YO TE EXALTÉ CON MI OMNIPOTENCIA, Y TÚ ME HAS HECHO SUBIR A LA DESHONRA DE LA CRUZ. R= PUEBLO.
A continuación se culmina cantando o recitando versos de un himno designado para la adoración de la Santa Cruz. y continuar con la Sagrada Eucaristía.

lunes, 4 de abril de 2011

Léon Bloy Fragmentos



" ¿Y qué más ...? " suspiraba un viejo cura, somnoliento, extenuado por confesiones infantiles. Era por la época de mi primera comunión. Yo me acuerdo que esta eterna pregunta me desolaba. Más tarde se me ocurrió que bien podría haber contestado: " ¿Qué más? dice Ud. Es sencillo, exijo su corazón. Deseo que cumpla la palabra del Maestro, de dar la vida por sus ovejas. De otra manera, ud. sería un mercenario, un mal pastor que no conoce a su rebaño y a quien su rebaño no conoce. Cuando venga el Ladrón, lo encontrará dormido, tan profundamente dormido que será necesario el sonido de las Siete Trompetas del Juicio para despertarlo".
Esta es la queja de las últimas almas, las abandonadas y desoladas, los vestigios de la Semejanza, raros ejemplos sobrevivientes y aborrecidos, que el arsenal de lugares comunes de la apostasía moderna no ha podido demoler.
Se piden Sacerdotes. Se piden otros, diferentes. Se pretende que sean respetuosos con la Inteligencia, que amen la Belleza y la Grandeza, hasta la muerte si es preciso, que no consientan las claudicaciones que se están viendo desde hace doscientos años.
Se les pide, señores sucesores de los Apóstoles, no herir al Pobre que busca a Jesús, no detestar a los Artistas y a los Poetas, no mandar al campo enemigo (a fuerza de injusticias, de sinrazón, de ignominias) a aquel que sólo desearía luchar a su lado, si ustedes fueran lo suficientemente humildes para mandarle.
Pero ustedes no escuchan, no quieren saber nada de esto. Ustedes duermen pesadamente sobre heridos que sangran o agonizan y cuando un grito demasiado desesperado los fuerza a entreabrir los ojos, se contentan con decir " Qué más, hijo mío? ". Y enseguida vuelven a dormirse, asombrados de no dominar al mundo.
Jesús está en el centro de todo, él lo asume todo, él soporta todo, él lo sufre todo. Es imposible pegar a alguien sin pegarle a él, humillar a alguien sin humillarlo a él, maldecir o matar a alguien sin maldecirlo o matarlo a él mismo. El más bajo de los criminales tiene que pedir prestado el Rostro de Cristo para recibir una bofetada, de cualquier mano que sea; de otra manera, la bofetada no podría llegar a destino y quedaría en suspenso, en el espacio, por los siglos de los siglos, hasta que encontrase el Rostro que perdona.
El deber de un hombre consiste de tal manera en ser rico, que la presencia de un solo pobre clama al cielo, como la abominación de Sodoma, y despoja a Dios mismo, obligándolo a encarnarse y vagabundear escandalosamente sobre la tierra, sin más vestidos que los andrajos de sus Profecías.
Al Paraíso no se entra mañana; ni pasado mañana, ni dentro de diez años; se entra hoy, cuando se es pobre y crucificado. (Lc. 23,43)
Sólo hay una tristeza, y es la de no ser santos.
Desde hace tres o cuatro siglos, los católicos y los disidentes de no importa cuál establo han hecho lo posible por degradar la imaginación humana. En este punto, herejes y ortodoxos han sido constantemente unánimes. La consigna dada por el Todopoderoso de las Profundidades era borrar todo recuerdo de La Caída.
...Soy un peregrino del Santo Sepulcro. Eso y nada más. La vida no tiene otro objeto, y lo que más ha honrado a la razón humana es la locura de las Cruzadas. Antes del cretinismo científico, los niños sabían que el sepulcro del Salvador es el centro del universo...
Si el arte está en mi equipaje, peor para mí. No me queda otro recurso que poner al servicio de la Verdad lo que me ha sido dado por la mentira. Recurso precario y peligroso, pues lo propio del Arte es fabricar Dioses.
Deberíamos estar horriblemente tristes. He aquí que el día desciende, y llega la noche, en la que nadie trabaja . Somos muy viejos, y los que nos siguen son aún más viejos. Tan honda es nuestra decrepitud, que ni siquiera vemos que somos idólatras. Cuando Jesús venga, aquellos de entre nosotros que todavía estén velando a la luz de una lámpara, no tendrán ya fuerzas para mirar Su Rostro, tan puesta tendrán su atención en los Signos que no pueden dar la Vida. ¡Será necesario que la luz los ilumine por atrás, y así, de espaldas, sean juzgados...!
La Fe está tan muerta que nos preguntamos si alguna vez habrá existido; y lo que hoy lleva su nombre es tan estúpido o hediondo que el sepulcro parece preferible. Por lo que a la Razón se refiere, se ha empobrecido tanto que mendiga en todos los caminos, y tan hambrienta que intenta saciarse con la basura de la filosofía alemana. Entonces sólo queda el desprecio, único refugio de algunas almas superiores que la democracia no ha podido amalgamar.
Sería necesario estar privado tanto de razón como de olfato para no advertir que el cuerpo social entero es una carroña, a semejanza de la de Baudelaire de la que "brotaban oscuros batallones de gusanos" y cuya hediondez "era tan fuerte, que en la hierba la amada creyó desvanecerse". Esta abominación, que sólo por el fuego podría ser conjurada, aumenta cada día con espantosa rapidez. Nos acostumbramos; la cobardía de unos se hace cómplice de la maldad de otros, y quienes más horror deberían sentir se resignan a la mugre en silencio, con los brazos cruzados. Es la bancarrota de las almas, el irreparable déficit de la conciencia cristiana.
"Siempre habrá pobres entre vosotros". Jamás hombre alguno, después de la profundidad de esa Palabra, ha podido decir lo que es la Pobreza.
Los santos que se dieron a ella por amor, y que tantas criaturas le conquistaron, aseguran que es infinitamente dulce. Los que la rechazan, algunas veces mueren de espanto o desesperación bajo su beso, y la multitud pasa "del vientre de la madre hasta el sepulcro" sin saber qué pensar de ese monstruo.
Dios, cuando se lo interroga, responde que el Pobre es El ( Ego sum pauper). Y cuando no se lo interroga, muestra su magnificencia.
La Creación parece ser una flor de la Pobreza infinita ; y la suprema obra maestra de Aquel que es llamado Todopoderoso, ha sido hacerse crucificar como un ladrón, en la humillación absoluta.
Los Angeles callan y los Demonios temblorosos se arrancan la lengua para no hablar. Sólo los imbéciles de este siglo han intentado explicar el misterio. Y la Pobreza, mientras espera que el abismo los trague, se pasea tranquilamente con su máscara y su criba .
La palabra divina es infinita, absoluta, de todo punto irrevocable, y sobre todo prodigiosamente iterativa, pues Dios no puede hablar más que de El mismo .
"Los caminos de Dios están en el mar y en la profundidad de los abismos". Seguramente, ¡oh burgués!, estas palabras del salmista no te dicen gran cosa, hasta deben parecerte menos que nada. Sin embargo, si fuera tu contador quien las pronunciara, o tu abogado, inconcebiblemente iluminado de pronto, revelándote que tú mismo eres un abismo, por donde camina, cuando le place, el dueño de todos los abismos, si ocurriera ese milagro, ¿que dirías tú y qué sería de tu apetito?
El lenguaje de los lugares comunes, el más sorprendente de cuantos existen, se singulariza por la particularidad admirable de decir siempre la misma cosa, a la manera de las Profecías. Y como los burgueses, los privilegiados poseedores de este lenguaje, tienen a su servicio un pequeño número de ideas, según corresponde a sabios que han reducido al mínimo el funcionamiento del intelecto, los encuentran a cada vuelta de la esquina.
Compadezco a quienes no comprenden la belleza de esto.
Cuando una burguesa dice, por ejemplo: "Yo no vivo en las nubes", tengan por seguro que quiere decirlo todo, y que lo dice todo, absolutamente y para siempre.
" La ocasión hace al ladrón"
— ¿Eres tú, Señor? ¿Eres tú, al fin? - pregunta el ladrón en la cruz.
— En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso - responde la luz del mundo crucificada.
Esto sucede en el día de las tinieblas, en la hora sexta; y el burgués se ahorcó cuando aún no había anochecido.
" La ciencia no ha dicho la última palabra"
Sería difícil precisar cuándo dijo la primera. Uno siente la tentación de pensar que fue en una época diabólicamente lejana, y el término 'diabólicamente', que evoca la narración del Génesis, está muy en su lugar. ...
Entre nosotros, yo preferiría que la ciencia no hubiera dicho nunca su primer palabra; estoy convencido de que en ese caso seríamos hoy mucho menos ignorantes y necios. Pero ésta es una cuestión personal, que no compromete ni a los miembros del Insituto ni a los sorbonistas. Lo que sobre todo temo, es la última palabra de la ciencia, teniendo, como tengo, un indecible horror por las malas palabras.
"Nada es absoluto"
... Los de nuestra generación pasamos nuestra infancia oyendo eso. Cada vez que, ebrios de asco, buscábamos un trampolín para escapar vomitando, nos salía al paso el burgués, armado de ese rayo.
Nos veíamos entonces en el trance de reintegrarnos al provechoso relativo y al prudente inmundicia. Afortunadamente, casi todos terminaban por adaptarse, convirtiéndose a su vez en otros dioses olímpicos.
Pero, ¿sabrán esos bebedores de un sucio néctar que no hay audacia mayor que dar contraorden a lo irrevocable, y que esto implica la obligación de ser uno mismo algo semejante al Creador de una nueva tierra y de nuevos cielos?
"Hay que hacer trabajar al dinero"
El archiconocido precepto Hacer trabajar al dinero es, en el fondo, más teológico que económico. Trabajar (laborare) significa sufrir. Se trata, pues de hacer sufrir al Dinero, que es Dios.
... Hasta se lo hace sudar, sudar la sangre de los pobres. Multitudes revientan en usinas y en negra catacumbas para que las vírgenes engendradas por exquisitos capitalistas puedan exhibir la sonrisa de la Gioconda. A eso se lo llama "hacer trabajar al dinero".
... Y el rostro pálido de Cristo es más pálido en el fondo de los pozos, y entre el fuego.
"La más hermosa niña del mundo puede dar sólo lo que tiene..."
Ocurrió esto en los alrededores de Suly-sur-Loire. Acosado por los prusianos, el ejército francés, pocos días antes victorioso, se desbandaba por los caminos. Desastre total. El frío era terrible, desesperante.
Cuatro muchachos de un regimiento llegaron una triste noche, como lobos, a una casa solitaria, cerca del bosque. Desconocían el paradero de su columna, y la verdad es que ya no les interesaba saberlo, agotados por la fatiga, el frío y el hambre. Comer cualquier cosa y dormir en un rincón tibio era su única ambición, su deseo supremo.
Por desgracia, la casa no era el lugar soñado. Parecía estar más frío adentro que afuera y, por mucho que buscaron no encontraron un trozo de pan o de carne, ni una botella de vino, ni nada comestible ni potable. Se trataba, evidentemente, de una casa abandonada desde hacía semanas.
La búsqueda se hizo penosamente, a la luz de algunos fósforos y un cabo de vela. Tampoco consiguieron carbón o leña, y no tenían herramientas para destrozar el maderamen de las habitaciones. Por un momento pensaron en prender fuego a la casa misma, pero pronto comprendieron que nada calienta peor que un incendio, y que, después de todo, más valía el abrigo de aquel techo que el espectáculo de las estrellas. Además, no convenía llamar la atención, pues no sabían quiénes podían andar en las cercanías. Muertos de cansancio, y más hambrientos que nunca, terminaron por acostarse sobre los duros colchones de heno y trataron de dormir.
Pero este mediocre reposo duró poco. La puerta se abrió de pronto con violencia y entraron tres franceses, perseguidos por una patrulla bávara, mandada por un oficial que enfocaba hacia ellos el rayo amarillo de su linterna. Una descarga de fusilería saludó la entrada de los franceses en el recinto. Los durmientes se habían incorporado de un salto y la puerta quedó, en un segundo, cerrada, trancada y atrincherada.
Hasta el amanecer, que demoró en llegar, los siete hombres tuvieron tiempo para conocerse y compartir su hambre. Con las primeras luces del día, comenzó el asedio.
Intentaron defenderse, pero ¿qué podían hacer contra una multitud? Uno de ellos tuvo la suerte de caer muerto arma en mano. Los otros, arrinconados y exánimes, se entregaron. La cuenta fue ajustada a tambor batiente; los prusianos tenían pocas contemplaciones y los fusilamientos eran cosa corriente.
He aquí, en pocas palabras, lo que ocurrió. A último momento, el más joven de los desdichados pidió, como última gracia el favor de comer un pedazo de pan antes de morir. El oficial prusiano, personaje de una atroz fealdad, queriendo probar que al menos tenía clase, señaló con un ademán los fusiles del pelotón y dijo, en un francés grotesco, estas palabras, seguidas de la orden de fuego:
— " La más hermosa niña del mundo puede dar sólo lo que tiene ..."
Cuando un burgués me habla de la más hermosa niña del mundo, pienso que no sabe lo que es la muerte, y que acaso aquel pobre muchacho, después de treinta años, siga teniendo hambre.

jueves, 27 de enero de 2011

Santa Juana de Arco

VATICANO, 26 Ene. 11 / 09:53 am (ACI)

En la Audiencia General de este miércoles, el Papa Benedicto XVI resaltó que Santa Juana de Arco -condenada a morir en la hoguera en 1431 por jueces "incapaces de ver la belleza de su alma-, constituye "un ejemplo de santidad para los laicos comprometidos en la vida política, sobre todo en las situaciones más difíciles".
En el Aula Pablo VI el Papa destacó que Juana de Arco es una de "las mujeres fuertes que al final de la Edad Media, llevaron sin miedo la gran luz del Evangelio en las complejas peripecias de la historia".
Hija de campesinos acomodados, su vida se enmarca en el conflicto bélico que se conoce como la Guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra. A los 13 años, Juana sintió a través de la "voz" de San Miguel Arcángel "la llamada del Señor a intensificar su vida cristiana, y también a comprometerse en primera persona por la liberación de su pueblo".
Juana hace voto de virginidad y redobla sus oraciones, participando con un nuevo empeño en la vida sacramental. "La compasión y el compromiso de la joven campesina francesa ante los sufrimientos de su pueblo son todavía más intensos gracias a su relación mística con Dios. Uno de los aspectos más originales de la santidad de esta joven es este lazo entre experiencia mística y pasión política".
Al principio de 1429 Juana comienza su acción y superando todos los obstáculos encuentra al delfín de Francia, el futuro rey Carlos VII, que en Poitiers la somete a un examen por parte de algunos teólogos que "expresan un juicio positivo; en ella no hay nada malo, es una buena cristiana".
El 22 de marzo de ese mismo año Juana dicta una carta al Rey de Inglaterra y a sus hombres que asedian la ciudad de Orleáns. "su propuesta es de verdadera paz en la justicia entre dos pueblos cristianos, invocando los nombres de Jesús y María", dijo el Papa. Pero es rechazada y Juana debe luchar por la liberación de la ciudad. Otro momento importante es la coronación del Rey Carlos en Reims el 17 de julio de 1429.
El Papa Benedicto recuerda luego que la pasión de Juana comienza el 23 de mayo de 1430 cuando cae prisionera de sus enemigos en Compiegne y es conducida a la ciudad de Rouen, donde tendrá lugar su largo y dramático proceso que concluye con la condena a muerte.
El Santo Padre indica que al frente del proceso estuvieron dos importantes jueces eclesiásticos: el Obispo Pierre Cauchon y el inquisidor Jean le Maistre, pero en realidad lo conducen un grupo de teólogos de la Universidad de París, "eclesiásticos franceses que pertenecen al grupo político opuesto al de Juana y que tienen a priori un juicio negativo sobre su persona y su misión".
"Este proceso es una página terrible en la historia de la santidad y también una página que ilumina el misterio de la Iglesia, que al mismo tiempo es siempre santa y siempre necesitada de purificación".
"A diferencia de los santos teólogos que habían iluminado la Universidad de París, como Buenaventura, Tomás de Aquino o Duns Escoto, estos jueces son teólogos que carecen de caridad y humildad para ver en esta joven la acción de Dios" y no ven "que los misterios de Dios son revelados en el corazón de los pequeños mientras permanecen ocultos a los sabios y doctos. Los jueces de Juana son radicalmente incapaces de comprenderla, de ver la belleza de su alma".
Juana muere en la hoguera el 30 de mayo de 1431, con un crucifijo en las manos e invocando el nombre de Jesús. Veinticinco años después, el Proceso de Anulación abierto por Calixto III "concluye con una sentencia solemne que declara nula la condena y resalta la inocencia de Juana y su perfecta fidelidad a la Iglesia. Juana de Arco será canonizada en 1920 por Benedicto XV".
"El Nombre de Jesús que la Santa invocó hasta en los últimos instantes de su vida terrenal era como el continuo respiro de su alma, el centro de su vida. Esta Santa había entendido que el Amor abraza toda la realidad de Dios y del ser humano, del cielo y de la tierra, de la Iglesia y del mundo".
"La liberación de su pueblo es una obra de justicia humana que cumple en caridad, por amor de Jesús. El suyo es un hermoso ejemplo de santidad para los laicos comprometidos en la vida política, sobre todo en las situaciones más difíciles".
"En Jesús -prosiguió el Papa- Juana contempla también toda la Iglesia, la Iglesia triunfante del cielo, como la Iglesia militante en la tierra. Según sus palabras, 'es todo uno Nuestro Señor y la Iglesia'. Esta afirmación tiene un carácter realmente heroico en el contexto del proceso de condena, frente a sus jueces, hombres de iglesia que la persiguieron y condenaron".
Finalmente el Santo Padre señaló que "con su luminoso testimonio Juana nos invita a una medida alta de la vida cristiana: hacer de la oración el hilo conductor de nuestras jornadas; tener plena confianza en cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que sea, vivir la caridad sin favoritismos, sin limites y sacar fuerzas del amor a Jesús para amar profundamente a su Iglesia".

miércoles, 19 de enero de 2011

Mi alegria. Poesia de Santa Teresita

1 Hay almas en la tierra
que van, en vano, en busca de la dicha.
No es ése el caso mío:
yo llevo la alegría dentro del corazón. No es una flor efímera, la tengo para siempre,
cada día me manda al alma su sonrisa,
lo mismo que una rosa de eterna primavera.
2 Soy, en verdad, dichosa en demasía,
hago siempre y en todo lo que deseo y quiero.
¿Cómo podría yo no estar alegre,
cómo ocultar mi júbilo?
Amar el sufrimiento es mi alegría,
sonrío cuando lloro.
Con gratitud escojo la espina entre mis flores <1>.
3 Cuando el azul del cielo se oscurece
y parece que el cielo me abandona <2>,
mi alegría es quedarme en medio de la sombra,
escondida y pequeña.
Mi alegría es cumplir siempre
la santa voluntad de mi Jesús,
mi único y solo amor.
Así, vivo sin miedo,
amo el día y la noche <3> por igual.
4 Mi alegría es ser pequeña, permanecer pequeña <4>,
así, si alguna vez en el camino caigo,
me levanto enseguida,
y mi Jesús me coge de la mano.
Y colmándole entonces de caricias,
le digo que él es todo para mí...
Redoblo mis ternuras cuando él se hurta a mi fe.
5 Mi alegría es esconder a mis hermanas,
cuando lloro, mis lágrimas,
que tiene el sufrimiento sus encantos
cuando velar sabemos con flores su aridez.
Quiero sufrir, mas sin decir palabra,
para que mi Jesús se sienta consolado,
que mi alegría es ver cómo él sonríe
mientras en el destierro está mi corazón.
6 Mi alegría es luchar siempre, sin tregua ni descanso,
por poder engendrar multitud de elegidos.
Es decir, con ternura y muchas veces,
a mi dulce Jesús:
«Por ti, hermano divino, sufro gozosamente.
Mi alegría en la tierra, mi única alegría,
es poder alegrarte».
7 Quiero seguir viviendo largo tiempo en la tierra,
si ése es tu deseo, mi Señor.
Quiero seguirte al cielo, si te complace a ti <5>.
El fuego de la patria,
que es el amor,
sin cesar me consume.
¿Qué me importa mi vida? ¿Qué me importa la muerte?
¡Amarte, ése es mi gozo!
¡Mi única dicha, amarte...!
 Santa Teresita

lunes, 17 de enero de 2011

Antonieta Meo · Nennolina

El caminito de Santa Teresita

"Mi caminito", como lo llamáis...El camino espiritual de Teresa Martin fue solitario. Cierto que recibió mucho de su familia, de sus educadores y de sus maestros del Carmelo, pero ningún sacerdote la marcó profundamente. El Espíritu Santo trazó en ella un sendero de autenticidad - "No he buscado mas que la verdad" - que le reveló las profundidades del Amor trinitario y un " caminito" para unirlos sin ninguna preocupación didáctica. Todo surgió de la vida, de los acontecimientos cotidianos releídos a la luz de la Palabra de Dios. Su aportación incomparable a la espiritualidad del siglo XX es una vuelta al Evangelio en su pureza más radical. " Si no os hacéis como niños no entraréis en el reino de los Cielos". (Mateo 18,3).
Es verdad que Teresa no dispuso de un texto completo del Antiguo Testamento, pero descubrió la meditación de la Palabra de Dios. Sin ninguna iniciación, sin ninguna cultura bíblica, cita más de mil veces la Biblia en sus escritos. A los 22 años dos textos del Antiguo Testamento cristalizan después de una larga búsqueda, en el descubrimiento de " la vía de la infancia espititual" que será su gran aportación.

"Quiero ser santa" Teresa, apasionada adolescente, ha decidido ser santa. En el Carmelo, cuando era postulante, escribió a su padre: "Labraré tu gloria haciéndome una gran santa".
Pero, muy pronto , va a comprobar su debilidad y su impotencia cuando se compara con los santos. Le parecen una montaña mientras ella no es mas que un granito de arena. " Mi crecimiento es imposible"piensa, pero no se desanima. Si Dios ha puesto en ella esos deseos de santidad es porque debe tener un caminito para escalar " la dura escalera de la perfección".

La palabra de Dios le descubre el camino:" Si alguno es pequeño que venga a Mí" (Proverbios 9,4). "Entonces yo fui"- escribe Teresita- preguntándose qué haría Dios con el pequeño que fuese a Èl. Leyendo Isaías 66, comprendió que no podía subir sola la escalera de la perfección , pero que Jesús la cogería en sus brazos y la subiría como en un ascensor rápido.
Desde entonces Teresita no encuentra ningún obstáculo , al contrario, será pequeña y ligera en los brazos de Jesús y será santa por un camino rápido.
Así cuenta Santa Teresita el descubrimiento de" su caminito" (Manuscrito C, 2).

Su descubrimiento es que Dios es esencialmente Amor Misericordioso. En adelante verá todas las perfecciones divinas, incluida la justicia, partiendo de la Misericordia.
Esto conlleva una confianza audaz: "Quiero ser santa, pero siento mi impotencia y te pido, Dios mío, que seas Tú mismo mi santidad" (Acto de ofrenda).
Dejar hacer a Dios no implica ningún infantilismo fácil. Teresa hará todo lo posible para mostrar ,cada día y cada minuto, su amor a Dios y a sus hermanas en una total gratuidad: la del amor.

En todas las situaciones y en todos los actos de su vida Teresa aplica esta regla: Si Dios le pide algo y ella se siente incapaz de hacerlo, Èl lo hará por ella. Un ejemplo: amar a todas sus hermanas como Jesús las ama le es imposible. Entonces, uniéndose a Èl, será Èl quien las amará en Teresa:" Sí, lo sé, cuando soy caritativa , es únicamente Jesús quien actúa en mí. Cuanto más unida estoy a Èl, más amo a todas mis hermanas"( Manuscrito C, 13 r̊).

He aquí un camino de santidad que se abre a todos, a los pequeños, los pobres, los que sufren: aceptar la realidad de las propias debilidades y ofrecerse a Dios tal como uno es para que Èl intervenga en nosotros.

Todo se comprende mejor cuando vemos que la frase anterior de Teresa está en las antípodas de la cursilería y muy cerca de la infancia evangélica predicada por Jesús:"Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina. Ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en los brazos de su padre" (Manuscrito B, 1v̊).
Sus intuiciones hacen de ella una precursora de las grandes verdades del Vaticano II: primacía, sobre todas las devociones, del Misterio Pascual de Jesús , camino de santidad para todo bautizado; Mariología que ve en María"más una Madre que una Reina" que vivió la prueba de la fe (cf. Poema"Por que te amo María", testamento mariano, mayo 1897); Eclesiología de comunión fundada en la presencia del Amor (Espíritu Santo) en el corazón de la Iglesia , que anima todas las vocaciones complementarias en la Comunión de los Santos del Cielo y de la tierra.

Revolución también en la concepción de los fines últimos: no al descanso, sí a la acción:
"Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra"
Teresa, sin saberlo, ha abierto caminos de ecumenismo: su lectura de la epístola a los Romanos sedujo a los luteranos. Los cristianos ortodoxos la aman como a S. Francisco de Asís (Símbolos universales utilizados por estos dos santos facilitan la inculturización en otras civilizaciones).

sábado, 15 de enero de 2011

Santa Catalina de Génova y el Purgatorio

Audiencia General

S.S. Benedicto XVI

Enero 12, 2010
www.zenit.org

 
Santa Catalina de GénovaQueridos hermanos y hermanas, hoy querría hablar de otra santa que como Catalina de Siena y Catalina de Bolonia, también lleva el nombre de Catalina; hablo de Catalina de Génova, que destaca sobre todo por sus visiones del purgatorio. El texto que nos cuenta su vida y su pensamiento, viene publicado en la ciudad ligure en el 1551; está dividido en tres partes: la Vita, propiamente dicha, la Dimostratione et dechiaratione del purgatorio – más conocida como Trattato- y el Dialogo tra l'anima e il corpo . El compilador de la obra de Catalina fue su confesor, el sacerdote Cattaneo Marabotto. Catalina nació en Génova, en 1447; última de cinco hijos, perdió a su padre, Giacomo Fieschi, a su más tierna infancia. La madre, Francesca di Negro, les educó cristianamente, tanto es así que la mayor de las dos hijas se hizo religiosa.. a los dieciséis años, Catalina fue casada con Giuliano Adorno, un hombre que, tras varias experiencias en el ramo del comercio y en el mundo militar en Medio Oriente, había vuelto a Génova para casarse. La vida conyugal no fue fácil, sobre todo por el carácter del marido, quien gustaba de los juegos de azar. Catalina misma fue inducida, al principio, a llevar un tipo de vida mundana, en la cual no consiguió encontrar serenidad. Después de diez años, en su corazón había una sensación profunda de vacío y de amargura.
La conversión se inició el 20 de marzo de 1473, gracias a una insólita experiencia. Catalina fue a la iglesia de San Benito y al monasterio de Nuestra Señora de las Gracias, para confesarse, y arrodillándose ante el sacerdote, “recibí”, como escribe ella misma, “una herida en el corazón del inmenso amor de Dios”, y tal clara visión de sus miserias y defectos, y a la vez, de la bondad de Dios, que casi se desmaya. Fue herida en el corazón con el conocimiento de sí misma, de la vida que llevaba y de la bondad de Dios. De esta experiencia nació la decisión que orientó toda su vida, que expresada en palabras fue: “No más mundo, no más pecado” (cfr Vita mirabile, 3rv). Catalina entonces, se fue dejando interrumpida la confesión. Cuando volvió a casa, fue a la habitación más apartada y pensó durante mucho tiempo. En ese momento fue instruida interiormente sobre la oración y tuvo conciencia del amor de Dios hacia ella que era pecadora, una experiencia espiritual que no conseguía expresar en palabras (cfr Vita mirabile, 4r). Es en esta ocasión que se le apareció Jesús sufriente, cargado con la cruz, como a menudo se representa en la iconografía de la Santa. Pocos días después, volvió donde el sacerdote para realizar, finalmente, una buena confesión. Inició aquí la “vida de purificación” que, durante tanto tiempo, le hizo sufrir un dolor constante por los pecados cometidos y la empujó a imponerse penitencias y sacrificios para mostrar su amor a Dios. En este camino, Catalina se iba acercando cada vez más al Señor, hasta entrar en la que se conoce como “vida unitiva”, es decir, una relación de unión profunda con Dios. En la Vita está escrito que su alma era guiada y amaestrada sólo por el dulce amor de Dios, que le daba todo lo que necesitaba. Catalina se abandonó de tal modo en las manos del Señor que vivió, casi veinticinco años, como ella escribió, “sin necesidad de criatura alguna, sólo instruida y gobernada por Dios”(Vita, 117r-118r), nutrida sobre todo, de la oración constante y de la Santa Comunión recibida todos los días, algo no común en esa época. Sólo años más tarde, el Señor le dio un sacerdote que cuidase su alma. Catalina fue siempre reacia a confiar y manifestar su experiencia de comunión mística con Dios, sobre todo por la profunda humildad que sentía frente a las gracias del Señor. Sólo desde la perspectiva de darle gloria y poder ayudar a otros en su camino espiritual, se animó a contar lo que le había sucedido en el momento de su conversión, que es su experiencia original y fundamental. El lugar de su ascensión a las cumbres místicas fue el hospital de Pammatone, el complejo hospitalario más grande de Génova, del que fue directora y animadora. Por tanto Catalina vivió una existencia totalmente activa, no obstante la profundidad de su vida interior.
En Pammatone se formó en torno a ella un grupo de seguidores, discípulos y colaboradores, fascinados por su vida de fe y su caridad. Consiguió que su mismo marido, Giuliano Adorno, dejara la vida disipada, se hiciera terciario franciscano y se transfiriera al hospital para ayudar a su mujer. La participación de Catalina en el cuidado de los enfermos se prolongó hasta los últimos días de su camino terreno, el 15 de septiembre de 1510. Desde su conversión hasta su muerte, no hubo sucesos extraordinarios, sólo dos elementos caracterizaron su existencia entera: por una parte la experiencia mística, es decir, la profunda unión con Dios, vivida como una unión esponsal, y por la otra las asistencia a los enfermos, la organización del hospital, el servicio al prójimo, especialmente a los más abandonados y necesitados. Estos dos polos- Dios y el prójimo- colmaron toda su vida, transcurrida prácticamente dentro de los muros del hospital. Queridos amigos, no debemos olvidar que cuanto más amamos a Dios y somos constantes en la oración, tanto más amaremos verdaderamente a quien está alrededor nuestro, a quien está cerca de nosotros, porque seremos capaces de ver en cada persona el rostro del Señor, que ama sin límites ni distinciones. La mística no crea distancias con el otro, no crea una vida abstracta, sino que acerca al otro porque se comienza a ver y a actuar con los ojos, con el corazón de Dios. El pensamiento de Catalina sobre el purgatorio, por el que es particularmente conocida, está condensado en las últimas dos partes del libro citado al inicio: el Tratado sobre el purgatorio y el Diálogo entre el alma y el cuerpo. Es importante observar que Catalina, en su experiencia mística, nunca tuvo revelaciones específicas sobre el purgatorio o sobre las almas que se están purificando en él. Con todo, en los escritos inspirados por nuestra Santa es un elemento central, y la manera de describirlo tiene características originales respecto a su época. El primer rasgo original se refiere al “lugar” de la purificación de las almas. En su tiempo se representaba principalmente con el recurso a imágenes ligadas al espacio: se pensaba en un cierto espacio, donde se encontraría el purgatorio. En Catalina, en cambio, el purgatorio no está presentado como un elemento del paisaje de las entrañas de la tierra: es un fuego no exterior, sino interior. Esto es el purgatorio, un fuego interior. La Santa habla del camino de purificación del alma hacia la comunión plena con Dios, partiendo de su propia experiencia de profundo dolor por los pecados cometidos, en contraste con el infinito amor de Dios (cfr Vita mirabile, 171v). Hemos escuchado sobre el momento de la conversión, donde Catalina siente de repente la bondad de Dios, la distancia infinita de su propia vida de esta bondad y un fuego abrasador dentro de ella. Y este es el fuego que purifica, es el fuego interior del purgatorio. También aquí hay un rasgo original respecto al pensamiento de la época. No se parte, de hecho, del más allá para narrar los tormentos del purgatorio – como era habitual en ese tiempo y quizás también hoy – y después indicar el camino para la purificación o la conversión, sino que nuestra Santa parte de la experiencia propia interior de su vida en camino hacia la eternidad. El alma – dice Catalina – se presenta a Dios aún ligada a los deseos y a la pena que derivan del pecado, y esto le hace imposible gozar de la visión beatífica de Dios. Catalina afirma que Dios es tan puro y santo que el alma con las manchas del pecado no puede encontrarse en presencia de la divina majestad (cfr Vita mirabile, 177r). Y también nosotros nos damos cuenta de cuán alejados estamos, cómo estamos llenos de tantas cosas, de manera que no podemos ver a Dios.
El alma es consciente del inmenso amor y de la perfecta justicia de Dios y, en consecuencia, sufre por no haber respondido de modo correcto y perfecto a ese amor, y por ello el amor mismo a Dios se convierte en llama, el amor mismo la purifica de sus escorias de pecado. En Catalina se percibe la presencia de fuentes teológicas y místicas a las que era normal recurrir en su época. En particular se encuentra una imagen de Dionisio el Areopagita, la del hilo de oro que une el corazón humano con Dios mismo. Cuando Dios ha purificado al hombre, lo ata con un hilo finísimo de oro, que es su amor, y lo atrae hacia sí con un afecto tan fuerte, que el hombre se queda como “superado y vencido y todo fuera de sí”. Así el corazón humano es invadido por el amor de Dios, que se convierte en la única guía, el único motor de su existencia (cfr Vita mirabile, 246rv). Esta situación de elevación hacia Dios y de abandono a su voluntad, expresada en la imagen del hilo, es utilizada por Catalina para expresar la acción de la luz divina sobre las almas del purgatorio, luz que las purifica y las eleva hacia los esplendores de los rayos resplandecientes de Dios (cfr Vita mirabile, 179r).
Queridos amigos, los santos, en su experiencia de unión con Dios, alcanzan un “saber” tan profundo de los misterios divinos, en el que amor y conocimiento se compenetran, que son de ayuda a los mismos teólogos en su tarea de estudio, de intelligentia fidei, de intelligentia de los misterios de la fe, de profundización real de los misterios, por ejemplo de qué es el purgatorio. Con su vida, santa Catalina nos enseña que cuanto más amamos a Dios y entramos en intimidad con Él en la oración, tanto más Él se deja conocer y enciende nuestro corazón con su amor. Escribiendo sobre el purgatorio, la Santa nos recuerda una verdad fundamental de la fe que se convierte para nosotros en invitación a rezar por los difuntos para que puedan llegar a la visión bendita de Dios en la comunión de los santos (cfr Catecismo de la Iglesia Católica, 1032).
El servicio humilde, fiel y generoso, que la Santa prestó durante toda su vida en el hospital de Pammatone, además, es un luminoso ejemplo de caridad para todos y un aliento especial para las mujeres que dan una contribución fundamental a la sociedad y a la Iglesia con su preciosa obra, enriquecida por su sensibilidad y por la atención hacia los más pobres y necesitados. Gracias. ____________________________ 1 cfr Libro de la Vita mirabile et dottrina santa, de la beata Caterinetta da Genoa. Nel quale si contiene una utile et catholica dimostratione et dechiaratione del purgatorio, Genova 1551.
[En español dijo] Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Uruguay y México y otros países latinoamericanos. Os invito a que siguiendo el ejemplo de amor de Dios de santa Catalina de Génova, sepáis entrar en intimidad de oración con Él y os dejéis transformar por el fuego de su amor.
. [Traducción del original italiano por Carmen Álvarez ©Libreria Editrice Vaticana]

Santa Teresita enseñanos a vivir la caridad

Santos Carmelitas rueguen por nosotros

"Adonde no hay amor por amor y sacarás amor" (san Juan de la Cruz)
"Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta" (Sta. Teresa)
"Quien busca la verdad busca a Dios" (Edith Stein)
"Jesús atráeme a las llamas de tu amor" (Sta. Teresita)

martes, 11 de enero de 2011

JUAN PABLO II EL ROSTRO DEL AMOR

San Agustín dice:

"Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti".

sábado, 8 de enero de 2011

EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN



Si el catolicismo occidental, en palabras de un célebre teólogo actual, se encuentra «en plena descomposición», no es porque no haya recibido del Cielo, a lo largo de los siglos que han seguido al declive de la Cristiandad, auxilios particularmente poderosos tanto para permitirle enderezar su acción en el campo de la comunidad humana, a la que tiene que inspirar y dar forma, como para reactivar la vida espiritual de los individuos. No es mi intención escribir la historia de todas estas intervenciones sobrenaturales y de su relativo fracaso, causa de la inquietante situación religiosa que se ofrece a nuestros ojos. Quisiera recordar tan sólo dos de estas intervenciones celestiales, que se encuentran entre las más importantes y de las que cabía esperar los mayores efectos para la cristiandad: la solemne institución del Rosario y la introducción del culto del Sagrado Corazón.
No es que estas dos «devociones» se encuentren totalmente olvidadas, pero sí es verdad que han pasado a segundo plano; además, y esto es más grave, la mayoría de quienes las practican, sean clérigos o laicos, no conocen más que su significado más exterior, de tal suerte que no constituyen más que meros ejercicios de piedad, lo cual es mejor que nada, desde luego, pero que sin embargo hace que se ignore su más profundo significado, valor, y por tanto eficacia, que son precisamente lo que hubiera repercutir en el destino del catolicismo. A mostrar este significado esencial van destinadas las reflexiones que siguen, pues las «devociones» siguen conservando naturalmente intactas sus secretas riquezas a disposición de quienes aspiren a ellas.
La historia del culto al Sagrado Corazón presenta un desarrollo de lo más paradójico. Por una parte, es una devoción que hunde sus raíces en el origen mismo de la dogmática cristiana, que gozó de la estima de numerosos santos, que fue objeto de una extraordinaria intervención celestial en Paray-le-Monial en el siglo XVII, y que siempre ha sido autentificada y favorecida por el magisterio supremo de la Iglesia; pero, en contrapartida, parece haberle estado reservado un extraño destino que la condenaba a cierta incomprensión por parte del pueblo cristiano y, en la actualidad, a decir verdad, a un verdadero desafecto.
Las causas de este desafecto actual son evidentes; fueron muy bien analizadas en una encuesta realizada en la década de los 50 pero cuyos resultados siguen siendo válidos todavía. De ella se desprendía que lo que aleja de esta devoción es el estrecho pietismo y el sentimentalismo en el que pronto se sumió y cuyo origen debe buscarse en un desconocimiento de la mística de tipo afectivo de los santos que han tenido revelaciones al respecto; mística que en realidad ocultaba una doctrina y una experiencia de orden totalmente teologal e intelectual en el verdadero sentido de la palabra (1). La deformación de esta mística y su «estereotipado», por decirlo así, originó manifestaciones devocionales privadas, de naturaleza totalmente superficial, libros piadosos que se aplicaban ante todo, o únicamente, a aspectos secundarios del culto en cuestión, además de una confusión fundamental que hacía que no se viese en el «corazón» otra cosa que un símbolo afectivo; y por último, y tal vez sobre todo, originó toda aquella masa de cantos amanerados, dulzarrones o ñoños, aquella proliferación de imágenes y estatuas pintarrajeadas del peor gusto, y la representación del Corazón divino en la forma extremadamente realista de víscera sanguinolenta, cosa que únicamente podía provocar repulsión y desacreditar indirectamente a un culto que naturalmente no tiene nada que ver con ese pietismo repulsivo.
Es importante por lo tanto, rechazar estos errores y desterrar todo ese batiburrillo pseudomístico para descubrir la verdad profunda de esa devoción, que no apunta a otra cosa que a hacernos penetrar en la esencia misma de la espiritualidad cristiana. (Jean Hani - Mitos, Ritos y Símbolos)


ALGO DE HISTORIA
Si bien, como hemos dicho ya y como se verá más adelante, la doctrina del Sagrado Corazón hunde sus raíces en los propios orígenes del cristianismo, su formulación expresa fue ante todo objeto de revelaciones privadas. Lo cual se explica por el hecho mismo de su importancia, debida a su carácter totalmente «interior», como señala justamente H. Montaigu en su excelente libro sobre Paray (2). El cristianismo tiene por dogmas oficiales los misterios, que, por otra parte, son también los arcanos de la vida contemplativa; Cristo desveló algunos desde el comienzo; los demás, poco a poco, en el transcurso de la historia de la salvación. Este es el caso del «misterio del Corazón». Y así se explica su carácter escatológico: la revelación de este misterio, que es el centro más interior de todo el misterio crístico, estaba reservada al período del «Fin de los tiempos», o dicho de otro modo, al fin del ciclo de nuestra humanidad. Eso es lo que se desprende de una revelación recibida del apóstol San Juan por Santa Gertrudis (siglo XVI). La santa le preguntó por qué no había escrito nada sobre el corazón de Cristo; San Juan le respondió: «Mi misión era anunciar a la Iglesia naciente la doctrina del Verbo increado de Dios Padre; pero, por lo que se refiere a este Corazón sagrado, Dios se reservó hacerlo conocer en los últimos tiempos, cuando el mundo comenzase a caer en la decrepitud, para reavivar la llama de la caridad ya enfriada»
Por eso, muy al contrario de no ser más que una devoción entre otras, el culto al Sagrado Corazón, que viene de lo más profundo del cristianismo, aparece como la tentativa, por parte del Cielo de enderezar y renovar toda la tradición cristiana, en el campo de la espiritualidad individual, por supuesto, pero también –cosa que suele olvidarse, o incluso ignorarse– en el campo intelectual y en el campo social.
Pero el sentido de este enderezamiento sólo puede captarse si se comprende el sentido profundo del símbolo que en cierta forma es su actor: el símbolo del Corazón mismo. Tanto es así que un autor totalmente cerrado a este simbolismo como A. Derumeaux, antes citado, al final de su estudio no ve más salida, como remedio a la pérdida de favor por parte del culto que nos ocupa, que minimizar el símbolo mismo para trasladar la devoción a la «persona» de Cristo y volver a una teología general del Salvador. Tal enfoque, como puede comprenderse fácilmente, equivaldría meramente a negar la especificidad de este culto, especificidad querida por Dios, señalémoslo, y a renunciar a él. Tanto es así que en este caso, como ocurre siempre, el símbolo es la clave de toda la doctrina y sobre todo, no lo olvidemos, de su eficacia. (Jean Hani - Mitos Símbolos y Ritos)


SIMBOLISMO y SIGNIFICADO
Todo el simbolismo y todo el significado del Sagrado Corazón está sintética y maravillosamente resumido en algunas invocaciones de las letanías que le están consagradas. El Corazón de Cristo es llamado «Templo santo de Dios», «Tabernáculo del Altísimo», «Casa de Dios y Puerta del Cielo», «Hoguera ardiente de caridad», «Santuario de la Justicia y del Amor», «Rey y Centro de todos los corazones», «Corazón donde reside la Plenitud de la Divinidad», «Fuente de vida y de santidad», «Corazón cuya plenitud se derrama sobre nosotros», «Corazón en el que se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia».
Se ve de inmediato que tales denominaciones no pueden aplicarse al corazón tal como lo concibe el mundo moderno, o sea únicamente como centro emocional y sede de los sentimientos. Habría que referirse al menos al sentido que esta palabra tiene en el contexto bíblico, pues es el que rige el sentido que hay que darle en el contexto bíblico, pues es el que rige el sentido que hay que darle en el contexto cristiano. Para los hebreos, el corazón es el centro de toda la vida del hombre en todos los planos; es el centro metafísico del hombre, que integra todas sus facultades: razón, intuición y voluntad, pero es ante todo y en primerísimo lugar el órgano de la inteligencia pura, intuitiva, y el sentimiento y la afectividad sólo tienen que ver con él secundariamente, con el mismo título que las demás facultades. Esta es la concepción que heredaron los Padres de la Iglesia, especialmente los Padres orientales (3). Añadamos enseguida que esta concepción no es exclusiva de la tradición judeocristiana, sino que por el contrario es común a todas las tradiciones regulares, por la simplísima razón de que se trata de una verdad de origen ontológico y metafísico. (Jean Hani - Mitos, Ritos y Símbolos)

miércoles, 8 de diciembre de 2010


"A quien Dios quiere hacer muy santo, lo hace muy
devoto de la Virgen María".

                                               - San Luis de Montfort

Antes de ir a regiones peligrosas o a sitios donde mucho se pecaba, rezaba con fervor a la Sma. Virgen, y adelante que "donde la Madre de Dios llega, no hay diablo que se resista". Las personas que habían sido víctimas de la perdición se quedaban admiradas de la manera tan franca como les hablaba este hombre de Dios. Y la Virgen María se encargaba de conseguir la eficacia para sus predicaciones.
San Luis de Montfort fundó unas Comunidades religiosas que han hecho inmenso bien en las almas. Los Padres Montfortianos (a cuya comunidad le puso por nombre "Compañía de María") y las Hermanas de la Sabiduría.

lunes, 29 de noviembre de 2010

La sensualidad corta las alas del amor. San Jose Maria Escriva

A todos –solteros, casados, novios, sacerdotes– les movió siempre a bucear en las profundidades del amor, les previno contra la gran tentación del egoísmo –que impide resolver los problemas que esa pasión crea–, y les animó a huir de la sensualidad, porque –solía repetir– corta las alas del amor y empequeñece las cosas grandes para las que es capaz el corazón humano.

A los más jóvenes enseñaba lo que recogió en Camino, y reiteraba en 1974 con otras palabras a un grupo numeroso de muchachos en San Paulo: Pido al Arcángel San Rafael que, como a Tobías, a los que hayan de formar una familia los lleve al encuentro de un amor de la tierra, limpio y bueno. Bendigo ese amor terreno vuestro, y bendigo vuestro futuro hogar. Y al Apóstol Juan, que tanto se enamoró de Cristo Jesús, y que fue valiente –el único hombre: los demás se escaparon– al pie de la Cruz de Cristo, cuando el Redentor era victorioso y parecía vencido; a ese discípulo joven, pero fuerte, le digo que os ayude, si es que el Señor os pide más.

El Fundador del Opus Dei se despidió de estos chicos con la bendición que se imparte a los que emprenden un viaje: Todos estamos camino adelante por la vida... Es la bendición que Tobías dio a su hijo cuando –acompañado por el Arcángel San Rafael– fue a recoger un dinero que debían a su padre. En realidad, porque fue además, sin saberlo, a buscar la novia, y encontró una que era guapa y buena y rica. Es toda una bonita historia de limpieza, de amor noble, casto y fecundo, como el amor de nuestros padres, que yo bendigo.

Pocos días antes, también en San Paulo –como hizo siempre a lo largo de su vida–, proponía a personas casadas el cariño del noviazgo como modelo de su amor: Que os queráis mucho. El amor de los cónyuges cristianos –sobre todo, si son hijos de Dios en el Opus Dei– es como el vino, que se mejora con los años, y gana valor... Pues el amor vuestro es mucho más importante que el mejor vino del mundo. Es un tesoro espléndido, que el Señor os ha querido conceder. Conservadlo bien. ;No lo tiréis! ;Guardadlo!

Más adelante, en aquella misma conversación, respondiendo a otra pregunta, Mons. Escrivá de Balaguer insistiría: No es malo que os manifestéis ese cariño limpio entre vosotros, delante de los hijos: malo sería que no lo mostraseis. No hagáis delante de los niños manifestaciones de afecto extraordinario, por pudor; pero quereos mucho, que el Señor está muy contento cuando os amáis. Y cuando pasen los años –ahora sois todos muy jóvenes– no tengáis miedo: vuestro cariño no se hará peor, sino mejor. Se hará incluso más entusiasta, volverá a ser el cariño del noviazgo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Santa Gertrudis la Grande ruega por todos nosotros

(+1301)
Fiesta 16 de Noviembre
Religiosa de clausura, virgen, vidente del Sagrado Corazón,

-SCTJM

Santa Gertrudis la Grande (1256-1301(2)). Religiosa benedictina alemana, de gran cultura filosófica y literaria, que destacó por su don de contemplación. Una de los primeros apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús.

Del su libro de las Insinuaciones de la divina piedad: Tuviste sobre mí designios de paz y no de aflicción

Nació el 6 de enero de 1256 en Eisleben (Turingia). A los cinco años de edad, fue enviada a estudiar al monasterio benedictino de Helfta donde su maestra, Santa Matilde, era su hermana de sangre y abadesa. Las dos santas eran muy unidas en el amor al Señor. Gertrudis era muy atractiva e inteligente. Con el tiempo tomó el hábito en el mismo convento. Era amiga de Santa Mechtilde of Hackeborn +1298, quien era de la misma comunidad y también tenía una especial devoción al Corazón de Jesús.

Aun antes que Nuestro Señor se apareciera a Santa Margarita María, Santa Gertrudis la Grande tuvo una experiencia mística del Sagrado Corazón de Jesús.

Santa Gertrudis se adelantó a su tiempo en ciertos puntos, como la comunión frecuente, la devoción a San José y la devoción al Sagrado Corazón. Con frecuencia hablaba del Sagrado Corazón con Santa Matilde y se cuenta que en dos visiones diferentes reclino la cabeza sobre el pecho del Señor y oyó los latidos de su corazón.

Muri'o el 17 de Noviembre del 1301

Se discute si Santa Gertrudis fue benedictina o cisterciense ya que ambas órdenes reclaman la pertenencia de su convento en aquella época y ambas veneran a Santa Gertrudis.

Exposición sobre los mártires católicos de la reforma protestante

VERDADEROS CRISTIANOS

lunes, 15 de noviembre de 2010

miércoles, 10 de noviembre de 2010

sábado, 6 de noviembre de 2010

La mejor obra de caridad - Conferencia del Padre Loring

La mejor obra de caridad que podemos hacer es ayudar a una persona a bien morir, y ayudar a un alma que está en el purgatorio.
Autor: P. Jorge Loring | Fuente: Catholic.net


Quiero informarles a ustedes de un par de cosas que yo descubrí en mis primeros años de jesuita, y que a lo largo de la vida me han llenado de consuelo apostólico. Por eso las conservo hasta hoy. Las practico hasta hoy. Y pienso seguir practicándolas.

Es el modo de ayudar a los moribundos, y el modo de ayudar a los difuntos: las dos partes que va a tener esta conferencia. Creo que la mejor obra de caridad que podemos hacer es ayudar a una persona a bien morir, y ayudar a un alma que está en el purgatorio, que no puede hacer nada por ella misma, pero que desde aquí le podemos ayudar muchísimo. Pues vamos a ver si digo algo de esto.

***

Primero: Ayudar a los moribundos.

Miren ustedes, evidentemente que los colegios son una gran obra. Y por eso la Iglesia defiende la enseñanza religiosa frente a todos esos que quieren barrer de España la enseñanza religiosa. Ella mantiene los colegios por encima de todo, porque es una obra fundamental en la educación católica. Esto es clarísimo.

También es clarísimo que muchas personas que han pasado por un colegio de religiosos, mantienen a lo largo de su vida esa formación que recibieron en el colegio de religiosos. Mantienen una fe. Mantienen un hogar cristiano, porque desde pequeños los educaron así. Por lo tanto, no hay duda la gran labor que realizan los colegios religiosos. Ahora bien, hay mucha gente que pasó por colegios religiosos y después se les olvida todo, lo tiran todo por la borda y orientan su vida por caminos totalmente distintos de todo lo que aprendieron en el colegio de religiosos. Esto es así. Y todos conocemos nombres de personas famosas que han seguido este segundo camino.

***

¿Qué quiero decir? Que los colegios son una gran cosa, y la Iglesia quiere que haya colegios y haya educación religiosa. Pero, hay un riesgo siempre. Estos niños, estos jóvenes, a quienes les dedicamos tanto tiempo, tanto esfuerzo, tanto sacrificio, tanto interés, ¿se van a mantener toda la vida en este camino? Quizás, si. Algunos, quizás no.

Pero, lo que yo hago con un moribundo, eso no se estropea ya. Si yo logro que un moribundo se arrepienta de sus pecados, pida perdón a Dios, muera en gracia y se salve, eso no se estropea ya. El interés que yo pongo por ayudar a un moribundo es la obra de caridad más eficaz y más apostólica de todas las que puedo hacer. Porque todas las demás personas a quienes yo procuro ayudar apostólicamente, quizás conserven todo lo que trabajo con ellas; pero no sé. No sé qué rumbo van a tomar a lo largo de su vida Ahora, lo que haga yo con un moribundo, ése es trabajo seguro. Si yo logro ayudar a un moribundo a que muera en gracia, es solución definitiva.

Eso ya no se estropea. Por eso es tan eficaz apostólicamente ayudar a bien morir a las personas. Es el mayor favor que yo puedo hacer a una persona. Lo va a disfrutar toda la eternidad. Esto puedo hacerlo de palabra con un familiar, o con un amigo a quien visito en su lecho de muerte. Pero también puedo ayudar a los moribundos de todo el mundo.

¿Cómo les ayudo a bien morir? Rezando por ellos. Pidiendo por ellos. Sencillo. Si la oración es eficaz, si la oración es infalible en algo, es cuando pido por un moribundo. Cristo en el Evangelio nos habla muchísimo de «Pedid y recibiréis», «Buscad y hallaréis»: de la fuerza de la oración. Cristo habla en el Evangelio incluso con frases hiperbólicas: «Pídele a esa higuera que se traslade al mar, y la higuera se trasladará al mar». La fuerza de la oración es impresionante.

Sólo hace falta una condición para que la oración sea eficaz: que yo pida lo que conviene; porque si yo pido lo que no conviene, Dios, naturalmente, no me hace caso. Como la madre de familia, que cuando el niño se echa a llorar porque quiere el cuchillo de cocina, la madre no le da el cuchillo de cocina, porque se va a cortar. Le da un sonajero, le da un juguete; pero no le da el cuchillo de cocina.

Si nosotros pedimos a Dios lo que no conviene, Dios no nos lo da. Nos dará otra cosa, pero no lo que pedimos. ¿Me conviene o no me conviene? Yo no sé, Dios sabrá. Yo pido que me toque la lotería: ¡a ver si me toca el gordo! A cuántas personas, a lo mejor, no les conviene que les toque el gordo! Puede ser su ruina espiritual. Yo pido la salud. En orden a la vida eterna, que es lo importante, a lo mejor gano más cielo con la enfermedad.

Ahora, lo que sí sé, es que si yo pido la conversión de un moribundo, eso conviene seguro. La condición indispensable es que yo pida una cosa buena. Esta condición se cumple si yo pido la conversión de un moribundo. Eficacia segura, infalibilidad segura. No hay más que una dificultad: que el otro quiera. Si el otro no quiere, no hay nada que hacer. Porque Dios no salva a nadie contra su voluntad. Dios no mete a la gente a empujones en el cielo. Hace falta que el otro quiera. Porque si el otro rechaza la gracia, nada.

Pero es evidente que si yo pido para un moribundo un aumento de gracia, ese moribundo recibe el aumento de gracia. Eso es infalible. Ahora, ese moribundo, ¿aceptará el aumento de gracia, o no lo aceptará? No sé. Quizás el otro rechace el aumento de gracia. Entonces no sirve. Pero como yo pido por todos los que van a morir hoy en el mundo, no todos van a rechazar la gracia recibida. Mañana pediré por los de mañana. Y pasado por los de pasado. Pero hoy, voy a pedir por todos los que van a morir hoy. Yo pido un aumento de gracia para todos los que van a morir hoy. Y Dios, seguro que les da ese aumento de gracia, porque pido una cosa buena.

Por lo tanto, gracias a mi oración, todos los que van a morir hoy, van a recibir un aumento de gracia. ¿Algunos la rechazarán? Pues quizás, sí. Pero, ¿y el que la aproveche? Alguno se aprovechará. ¿Cuántos? No sé. ¿Uno? ¿Cien? ¿Mil?. Alguno se aprovechará. Algunos de esos hombres iban a rechazar una gracia, que era suficiente, pero no era eficaz; no les bastaba. Pero al recibir esa nueva gracia que yo les consigo, piden perdón, se arrepientan, y se salvan. Y se han salvado gracias a mí. Gracias a la oración que yo he hecho por ellos Porque han correspondido a una gracia que no tenían.

Dios les había dado la gracia suficiente. Pero este aumento de gracia que yo he pedido para ellos, y que Dios no me la niega, hace que la gracia suficiente haya resultado eficaz. Si yo logro con mi oración de todos los días, un aumento de gracia, y algún moribundo cada día gracias a ese aumento de gracia pide perdón, se arrepiente y se salva, fijaos, ¡la cantidad de gente que se puede haber salvado gracias a mi oración!

***

Y, ¿qué oración hago para que se salven? ¿Cuándo hago esa oración? Yo la hago en la santa Misa. En el punto central de la Misa. En el momento de la consagración. En la elevación, cuando estoy elevando la Sagrada Forma, y cuando estoy elevando la sangre de Cristo en el cáliz, yo digo esto:

«Señor mío y Dios mío: que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que van a morir hoy. Amén».

«Señor mío y Dios mío» que es un acto de fe evangélico. Lo dijo Santo Tomás. Además es una devoción muy española y muy popular. Siempre nos han enseñado de pequeños que en la elevación digamos mirando a la Sagrada Forma y mirando al cáliz: «Señor mío y Dios mío». Después de este acto de fe tan bonito, tan español y tan evangélico «Señor mío y Dios mío», añado: «que tu santa redención» que se está repitiendo en la misa. El sacrificio de la misa es la repetición de la muerte de Cristo en la cruz.

Sigo: «...que tu santa redención consiga mi salvación eterna». Todos podemos tener un mal cuarto de hora. ¡Dios nos tenga de su mano! Hay que ser humildes y reconocer nuestra fragilidad. Tendría poca gracia que ayudemos a otros a morir, y nos condenemos nosotros: «triste cosa será, pero posible». Termino: «...que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que van a morir hoy Amén».

Esto lo digo todos los días en la Santa Misa, mientras tengo la Sagrada Forma en mis manos, y mientras tengo el cáliz. Dice San Alfonso María de Ligorio que quien pide su salvación, se salva. Por mi salvación y por la de los demás. Hoy por los de hoy, mañana por los de mañana y pasado por los de pasado.

Evidente, que mi oración conseguirá que alguno, que iba a morir en pecado, porque la gracia que tenía no le bastaba, con el aumento de gracia que yo le consigo pida perdón y se salve. Qué fenomenal obra de caridad con ese moribundo que se iba a condenar y gracias a mí se ha salvado. Y cuando él en el cielo sepa que se salvó gracias a mí, porque he pedido por él, y le he conseguido un aumento de gracia, ¡fijaos el ejército de amigos que tendremos en el cielo pidiendo a Dios e interesándose por nuestras cosas!

Por eso digo, qué eficaz obra de caridad, qué fenomenal obra de apostolado, pedir cada día por todos los que van a morir hoy. No hay duda que alguno se aprovechará de ese aumento de gracia que le hemos conseguido con nuestra oración.

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Segundo: ayudar a los difuntos.

Para ayudar a los difuntos la Iglesia tiene el tesoro de las indulgencias. Es un tesoro espiritual que tiene la Iglesia. A mí me da pena cuando veo católicos que menosprecian las indulgencias. Prescinden de las indulgencias. Como si no existieran. Es despreciar un capitalazo espiritual.

Yo digo una cosa: si la Iglesia legisla sobre las indulgencias, es porque son una realidad. La Iglesia no nos va a engañar. Cuando la Iglesia dispone, reforma y aplica las indulgencias, es porque esto es una realidad. No vamos a pensar que la Iglesia nos está engañando, y nos habla de una cosa que es pura imaginación. Y la Iglesia legisla sobre las indulgencias.

Acaba de hacer una reforma de las indulgencias. En esta reforma de las indulgencias que ha hecho la Iglesia, ha quitado aquello que decíamos antes: «Trescientos días de indulgencia», «Siete años de indulgencia». Aquello lo ha quitado porque se prestaba a confusiones. La gente se creía que esos trescientos días eran trescientos días de purgatorio. Realmente no era eso. Era otra cosa más complicada. Prescindo. No digo lo que había antes, que lo han reformado, sino lo que hay ahora.

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Hoy la Iglesia ha dejado dos tipos de indulgencia: indulgencia parcial, indulgencia plenaria. Y nada más. ¿Qué es indulgencia parcial? Lo voy a explicar de modo que me entendáis, no con las palabras teológicas y técnicas.

Indulgencia parcial significa que la Iglesia me duplica mi mérito. Lo multiplica por dos. Si yo doy un beso a una medalla, ese beso vale según mi fervor. Si yo doy un beso muy frío, vale mucho menos que si doy un beso fervoroso. Entonces el valor de mi beso a la medalla, a la estampa, al crucifijo, a la Virgen, el valor de mi beso en orden a la vida eterna, depende de mi fervor. Si este objeto está indulgenciado con indulgencia parcial, se merece el doble. El fervor que yo pongo, se multiplica por dos. Ésa es la indulgencia parcial.

¿Y qué es indulgencia plenaria? Indulgencia plenaria es que suprime el purgatorio. Si la gana un moribundo no pasa por el purgatorio. Si la aplicamos a uno que está en el purgatorio, sale del purgatorio.

Primero, hay que decirlo, porque no todo el mundo lo sabe, el purgatorio es dogma de fe. La existencia del purgatorio es dogma de fe. La gente se cree que el purgatorio es lo mismo que el limbo. ¡No señor! El limbo no es dogma de fe y el purgatorio, sí. Está definido en los Concilios de Lyón y de Florencia.

San Pablo habla de que podemos ayudar a los difuntos. Pues si podemos ayudar a los difuntos, es a los del purgatorio. Los que están en el cielo, no necesitan ayuda. Y a los que están en el infierno, no les sirve de nada. Por lo tanto, si podemos ayudar a los difuntos, es a los que están en el purgatorio. El purgatorio es dogma de fe.

El alma que está en el purgatorio, sufre mucho; pero no le sirve a sí misma. No puede merecer para sí. El tiempo de mérito es la Tierra. En la vida terrena podemos merecer, para bien o para mal. Pero una vez que se acaba la vida, con la muerte, ya no se merece más. En el purgatorio, no se puede merecer. Pero nosotros podemos merecer para ellos. Les podemos aplicar una indulgencia plenaria. ¿Qué significa que yo gane para ellos una indulgencia plenaria? Que la saco del purgatorio.

Voy a explicar esto un poco más, en plan popular. Me gusta siempre buscar ejemplos que se entiendan. ¿Qué es eso de la indulgencia plenaria? Con la indulgencia plenaria se te quitan las cicatrices que dejaron en tu alma los pecados cometidos. Tú cometes un pecado mortal, y es una herida mortal. Esa herida mata tu alma. Si no te arrepientes, te condenas. Si te confiesas del pecado mortal, y se te cura la herida, ya no te condenas. Te han cerrado la herida, te han curado la herida; pero te han dejado una cicatriz. Los pecados perdonados dejan cicatrices, y de esas cicatrices te purificas en el purgatorio, antes de entrar en el cielo; porque en el cielo no puedes entrar con el rostro lleno de cicatrices. En el cielo hay que entrar presentable.

Os voy a contar una anécdota. Conozco yo a una señora, muy elegante. Tuvo un accidente de coche y se hizo una tremenda cicatriz en la cara, que la afeaba enormemente. Y yo no sé qué tratamiento de belleza, qué masaje eléctrico, yo no sé cómo se las arregló, que hoy no tiene cicatriz. Yo, porque lo sé, veo la cicatriz. Pero sólo le queda una leve línea. Se ha sometido a un tratamiento de belleza, y le han quitado la cicatriz. Y ahora ha recuperado la belleza que tenía antes.

Eso es el purgatorio: un tratamiento de belleza para el alma. Ese alma que está llena de cicatrices por todos los pecados mortales perdonados, pero que han dejado cicatrices. En el purgatorio, se purifican las cicatrices, se limpian las cicatrices, desaparecen las cicatrices. Y ya puedes entrar en el cielo presentable, que es cómo hay que entrar en el cielo.

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Pues esta indulgencia plenaria, yo la puedo ganar o para mí, o para otro. ¿La puedo ganar para mí? Sí señor. Pero hay un problema. Para que yo gane una indulgencia plenaria para mí, tengo que tener total aborrecimiento de todo desorden. Porque si yo tengo un afecto desordenado, ya estoy mereciendo el purgatorio. Quizás, no infierno; pero por lo menos purgatorio. Porque tengo un afecto desordenado. Si yo tengo un afecto desordenado, no gano la indulgencia plenaria para mí.

Pero si yo aplico a otro una indulgencia plenaria, no importa que yo tenga un afecto desordenado. Si yo tengo un afecto desordenado, ya lo pagaré en el purgatorio. Pero, ¿qué culpa tiene el otro? Yo puedo ganar una indulgencia plenaria y aplicársela a otro. Es mucho más fácil ganar la indulgencia plenaria para otro, que para uno mismo. Para uno mismo es mucho más difícil. Pero para otro, facilísimo. Basta con hacer la obra indulgenciada y poner las condiciones.

En la reforma de indulgencias han quitado las indulgencias plenarias diarias, que había muchas, y han dejado cuatro. Nada más que cuatro. Que son: rezar el rosario en común o delante del Sagrario; media hora de oración delante del Santísimo; media hora de lectura de Biblia; y hacer el Vía-Crucis. Cualquiera de estas cuatro cosas tiene indulgencia plenaria cada día.

Una de las reformas es que sólo se puede ganar una indulgencia plenaria al día. Antes había las «Toties quoties» como la Porciúncula: que podías ganar un montón de indulgencias plenarias en un día. Ahora no. La Iglesia ha decidido dejar una sola plenaria al día. El Vía-Crucis, que es lo que yo hago todos los días, es rapidísimo de hacer. Yo no sé si tardo cinco minutos. No tardo más. En el Vía-Crucis no hay que pararse en las catorce estaciones. Ni rezar una cosa en cada estación. Basta recorrer las estaciones pensando en la Pasión. Y en una capilla pequeña, como la que tenemos los jesuitas en nuestras casas, la capilla la recorro en cinco minutos. En cinco minutos recorro, meditando en la Pasión, las estaciones del Vía-Crucis. Muy sencillo. Y gano la indulgencia plenaria.

Hacer la obra indulgenciada y después, ¿qué condiciones? Pues hay que confesar los ocho días antes o los ocho días después. Si confieso cada quince días, vale. Una comunión por cada indulgencia plenaria. Si comulgo todos los días, vale. Hay que rezar algo por el Papa. Un padrenuestro por las intenciones del Papa, que lo rezamos siempre, después del rosario o después del Vía-Crucis.

Fijaos que las condiciones no pueden ser más sencillas. Si yo todos los días hago un acto que tenga indulgencia plenaria, yo puedo sacar un alma del purgatorio cada día. Fijaos si esto no es fenomenal. Basta que me preocupe de rezar el rosario delante del Santísimo o en común; media hora de oración delante del Santísimo, que lo hacen montones de personas; leer la Biblia durante media hora o el Vía-Crucis. Con que te preocupes un poquitín, puedes sacar del purgatorio un alma al día.

Fijaos si esto no es una obra de caridad impresionante. Y después lo que significa tener en el cielo ese ejército de amigos que saben que tú los sacaste del purgatorio. Fíjate cómo estarán pidiendo a Dios por tus necesidades. Esto que digo, de preocuparse de las almas del purgatorio, me parece interesantísimo, por lo que tiene de caridad. Podemos aplicarla a un ser querido; pero también podemos dejarla en manos de Dios y de la Virgen para que las apliquen a las almas más necesitadas del purgatorio.

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Hay una cosa que se llama « El voto de ánimas» que lo llaman «acto heroico de caridad». Yo, sinceramente, pienso que de heroicidad nada.

¿En qué consiste el voto de ánimas? No es voto, se llama así, pero no obliga bajo pecado. Y puede uno rectificarlo cuando quiera. Pero se llama «voto de ánimas». ¿Qué significa el voto de ánimas? Significa que yo renuncio a todos los méritos renunciables, porque hay méritos que son irrenunciables. En mis buenas obras, yo tengo méritos que son intransferibles. Pero hay otros méritos que yo puedo renunciar. Pues yo renuncio a todos los méritos que yo pueda renunciar, y los pongo en manos del Señor y de la Virgen, para que ellos los distribuyan entre las almas del purgatorio más necesitadas. Que ellos distribuyan como quieran los méritos míos.

Se llama «acto heroico de caridad», por lo que yo renuncio en favor de las almas del purgatorio. Pero yo digo: esto de heroico nada. Porque si dice Cristo: «Los misericordiosos alcanzarán misericordia», y si por hacer yo este acto de misericordia, después voy a tener la misericordia de Dios para conmigo, ¿qué más quiero? Soy yo el que salgo ganando, haciendo un acto de misericordia. Porque Dios después tendrá misericordia conmigo.

Si yo renuncio a ese tesoro espiritual mío, que he ganado con mis buenas obras, si con esa pequeña renuncia de mis pobres obras, logro ayudar a tantas almas que suban a la gloria, y después se interesan por mí, decidme si no es fenomenal tener en el cielo ese ejército de amigos míos, que saben que yo les ayudé a entrar en la gloria. Lo que se van a preocupar por mí.

Por eso decía el Padre Eduardo Fernández Regatillo, S.I., que era un teólogo de gran notoriedad: «Muchas personas de gran categoría espiritual y teológica, han hecho el voto de ánimas». Basta que un día en la misa se haga este ofrecimiento: «Señor, te ofrezco todo lo que yo pueda renunciar, en beneficio de las almas del purgatorio». ¡Los misericordiosos alcanzarán misericordia!

A ver si os animáis a ayudar a los moribundos y a las almas del purgatorio. Que vosotros saldréis ganando. Y ellos también. Muchas gracias.

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Aqui estoy solo para Glorificar a Dios y hacerlo Amar.