Amigos que pasan y dejan su huella aqui. Gracias por estar .Paz a tu corazon

Recuerda amigo cuando entras a la Casa de Dios pisas Tierra Sagrada.

La Casa de Dios es el lugar más Santo de todo el universo. Cada vez que entres ,recuerda que allí ,vive Jesús en el Sagrario y te espera con AMOR.

Vístete decorosamente, apaga tu celular y ten fe que todo lo que pidas, si eres respetuoso , piadoso en tus actitudes y posturas en el Templo, sera recibido por el Señor con agrado .

Y tu alma ya no será la misma.

Haz silencio. Busca cerrar tus ojos y quédate quieto. Dios esta en su Casa. El Amor puede hablarte íntimamente .

Mi deseo es que Dios se manifieste en ti.


Cristo Resucito, DIOS VIVE ENTRE NOSOTROS

viernes, 28 de mayo de 2010

Thibirine Argelia

Muerte de San Matías

Autor: Cristiandad.org

En el repartimiento regional que los apóstoles hicieron para ejercer su ministerio, a san Matías el correspondió la Judea, en cuyas tierras predicó, hizo numerosos milagros, y descansó finalmente en la paz del Señor.

Era Matías doctísimo en la ley, limpio de corazón, ponderado, equilibrado y muy sutil en su análisis sobre las cuestiones relacionadas con la Sagrada Escritura; sumamente prudente en sus juicios, y de palabra fácil y elocuente. Con su predicación, milagros y prodigios, convirtió a muchos en Judea. Esta fue la causa que movió a los judíos que lo odiaban, a formarle proceso y a condenarle a morir apedreado. Dos falsos testigos que declararon contra él fueron los primeros en arrojar algunas piedras sobre su persona; pero el apóstol las recogió y manifestó su deseo de que aquellos guijarros fuesen enterrados con él para que sirvieran de testimonio contra sus verdugos. Después de haber sido apedreado, mientras con sus brazos extendidos hacia el cielo encomendaba su espíritu a Dios, acercóse a él un soldado y, conforme a la costumbre romana, con una afilada hacha le cortó la cabeza y puso fin a la vida del apóstol, cuyo cuerpo fue llevado desde Judea a Roma, y posteriormente desde Roma hasta Tréveris.

Muerte de Santiago el Menor

Autor: Cristiandad.org

A los treinta años de haber sido consagrado obispo, viendo los judíos que no podían matar a Pablo porque se había ido a Roma a apelar ante el césar, concitaron todo el furor de su odio religioso contra Santiago, y comenzaron a buscar algún pretexto para acusarle.

Unos cuantos judíos fueron entonces a ver a Santiago y le dijeron:

- Te rogamos que desengañes al pueblo y le hagas ver que se equivoca al creer que Jesús fue Cristo. Te suplicamos que el próximo día de Pascua, aprovechando la oportunidad de la gran cantidad de gente que viene a Jerusalén, hables a las multitudes y las disuadas de todas esas cosas que vienen admitiendo en relación con Jesús. Si así lo haces, tanto nosotros como el pueblo en general nos atendremos a su testimonio, reconoceremos que eres justo y que no te dejas influir por nadie.

El día de Pascua, aquellos mismos hombres que trataron de seducirle llevaron al apóstol a la terraza más alta del templo, a fin de pudiera ser bien visto y oído por las multitudes y le dijeron a voces:

- ¡Santiago! ¡Tú eres el más honesto de todos los hombres! Todos acatamos tu testimonio. Dinos, pues, aquí, públicamente, qué opinión te merece la actitud de esas gentes que andan por ahí errantes, detrás de ese Jesús crucificado.

Santiago, también con voz muy fuerte, respondió:

- ¿Queréis saber lo que yo pienso acerca del Hijo del hombre? Pues prestad atención: pienso que está sentado en el cielo, a la derecha del Sumo Poder, y que un día vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

Los cristianos, al oír esta respuesta, la acogieron con gritos de jubilosa alegría y grandes aplausos; los fariseos y escribas, en cambio, comentaron entre sí:

- ¡Mal paso hemos dado al brindarle esta ocasión de que emitiera públicamente este testimonio acerca de Jesús! Enmendemos el error que hemos cometido: subámosle hasta las más altas almenas y arrojémosle desde ellas a la calle para que los creyentes se asusten y desechen sus creencias.

Así lo hicieron; lleváronle a lo más alto del Templo, y desde allí dijeron a gritos:

- ¡Oh! ¡Oh! ¡El que teníamos por justo se ha equivocado!

Dicho esto, le dieron un empujón y lo arrojaron al vacío, y en cuanto el apóstol llegó al suelo se arremolinaron contra él los judíos que habían presenciado desde abajo su caída, y empezaron a gritar:

- ¡Apedreemos a Santiago el Justo!

Seguidamente comenzaron a apedrearlo. Santiago, que pese a la altura desde la que cayó no se había hecho ningún daño, al ver que arrojaban piedras contra él se puso de rodillas, y en actitud de oración, levantando sus manos hacia el cielo, exclamó:

- ¡Señor! ¡Te ruego que los perdones, porque no saben lo que hacen!

Al iniciarse la pedrea, uno de los sacerdotes, hijo de Rahab, se encaró con la multitud y dijo:

- ¡Alto! ¡No tiréis piedras, os lo ruego! ¿Qué pretendéis hacer? ¿No os dais cuenta de que este santo varón al que estáis apedreando corresponde a vuestra crueldad orando por vosotros?

No obstante esta advertencia, uno de los fanáticos, con una pértiga de batanero, descargó sobre la cabeza del apóstol un golpe terrible, que le rompió el cráneo.

Con este género de martirio el alma del santo apóstol emigró al Señor en tiempo del emperador Nerón, que inició su reinado hacia el año 57 de nuestra era. Su cuerpo fue sepultado en el mismo sitio en que murió, a la vera del Templo. El pueblo trató de vengar su muerte y de apoderarse de quienes lo mataron para castigarles, pero los malhechores se dieron buena maña para escapar rápidamente de allí.

Muerte de San Pedro y San Pablo

Autor: Cristiandad.org

Los dos apóstoles se enfrentaron a Simón el Mago por los engaños que este último hacia a la gente, y tras un milagro que no da ahora lugar para relatar, quedó Simón tan avergonzado que tuvo que esconderse por un año antes de animarse a comparecer ante el público otra vez.

A pesar de lo que había pasado, posteriormente Simón volvió a Roma y reanudó la amistad que desde antes tenía con Nerón. Dice san León que el mago, después de su regreso, convocó al pueblo y dijo:

- Los galileos me han ultrajado gravemente. He decidido abandonar definitivamente esta ciudad en la que tantos favores os he hecho. No quiero seguir viviendo en la tierra. Oportunamente os comunicaré la fecha de mi ascensión al cielo.

Algunos días después convocó nuevamente al público para que cuantos lo deseasen fuesen testigos de su viaje a la gloria, y coronado de laurel subió, según algunos, a una torre muy alta, y según la versión de San Lino, al Capitolio, y desde la altura se lanzó al espacio y empezó a volar. Al ver aquello, Pablo dijo a Pedro:

- A mi me corresponde orar, y a ti dar las órdenes debidas.

Nerón, que se hallaba presente, dirigiéndose a los apóstoles, hizo este comentario:

- Este hombre es sincero; vosotros sois los embaucadores.

Entonces Pedro dijo a Pablo, que estaba orando:

- Pablo, levanta la cabeza y fíjate.

Levantó Pablo la cabeza y al ver que Simón seguía volando, dijo a Pedro:

- Pedro ¿qué esperas? Acaba la obra que comenzaste, que ya nos llama el Señor.

Pedro inmediatamente exclamó:

- ¡Espíritus de Satanás que lleváis a este hombre por el aire! ¡Yo os mando que no lo sostengáis más y que lo dejéis solo para que caiga y se estrelle!

En aquel preciso momento los demonios que lo sostenían, y llevaban volando por el aire, retiráronle su apoyo y Simón desde lo alto cayó al suelo, y al chocar contra él se rompió la cabeza y quedó muerto.

Entonces Nerón, lleno de dolor por el final trágico de aquel hombre, se encaró con los apóstoles y les dijo:

- No puedo fiarme de vosotros. Os daré un castigo conveniente para que os sirva de escarmiento.

Nerón cumplió su amenaza. Detuvo a Pedro y a Pablo y encargó su vigilancia a un ilustre romano llamado Paulino, el cual, a su vez, mandó a Mamertino que los llevara a la cárcel. Mamertino encerró a los dos apóstoles en un calabozo y confió la custodia de los dos presos a dos solados cuyos nombres eran Proceso y Martiniano, que, convertidos en seguida a la fe por San Pedro, abrieron las puertas de la prisión y dejaron en libertad a ambos prisioneros. Este hecho costó la vida a Proceso y Martiniano, pues Paulino, cuando Pedro y Pablo fueron martirizados, juzgó a ambos soldados y, al descubrir que eran cristianos, dio cuenta de ello a Nerón y mandó que fuesen inmediatamente decapitados.

Cuando Pedro salió de la cárcel, sus hermanos en la fe rogaron que huyera de la ciudad, y, aunque él al principio se resistió a hacerlo, finalmente convencido por ellos se dispuso a salir de Roma, y al llegar a una de las puertas de la muralla situada en el lugar que actualmente lleva el nombre de Santa María "ad passus", según San Lino y San León, vio a Cristo que venía hacia él. Pedro, al verlo, le dijo:

- Domine, quo vadis? O sea, Señor, ¿adónde vas?

- A Roma, para que me crucifiquen de nuevo.

- ¿Para que te crucifiquen de nuevo? – preguntó Pedro.

- Sí – contestó el Señor.

Entonces Pedro exclamó:

- En ese caso me vuelvo para que me crucifiquen también a mí contigo.

En aquel preciso momento el Señor subió al cielo ante la mirada atónita de san pedro que comenzó a llorar de emoción, porque repentinamente se dio cuenta de que la crucifixión de que Cristo había hablado era la que a él le aguardaba, es decir, la que el Señor iba nuevamente a padecer a través de su propia crucifixión. Inmediatamente volvió sobre sus pasos, se internó en la ciudad y refirió a los hermanos la visión que había tenido. Poco después, los soldados de Nerón lo detuvieron, y en calidad de prisionero lo condujeron a la presencia del prefecto Agripa. Según el relato de san Lino, la cara del apóstol, al comparecer ante el juez, brillaba como el sol.

Agripa al verle, le dijo:

- ¡De manera que tú eres ese sujeto que en determinadas reuniones con la plebe se da tanta importancia...! Tengo entendido que aprovechas tu influencia sobre las mujeres que te siguen para inculcarles que no se acuesten con sus maridos.

Pedro, encarándose con el prefecto, le respondió:

- Yo no me doy importancia ni presumo de nada ni de nada me glorío; pero sí te hago saber que lo único que de verdad me importa es ser fiel discípulo de mi Señor Jesucristo, el Crucificado.

Agripa condenó a Pedro a morir en una cruz; podía legalmente aplicársele este tormento, porque era forastero; en cambio, a Pablo, como era ciudadano romano y no podía según las leyes ser castigado con este procedimiento, lo condenó a muerte por el sistema de decapitación.

Dionisio, en carta escrita a Timoteo con motivo de la muerte de Pablo, habla de la condena recaída sobre uno y otro apóstol, y se expresa de esta manera: "¡Oh, hermano mío Timoteo! Si hubieses sido testigo de los últimos momentos de estos mártires, hubieras desfallecido de tristeza y de dolor. ¿Cómo oír sin llorar la publicación de aquellas sentencias en las que se decretaba la muerte de Pedro por crucifixión y la de Pablo por degollación? ¡Si hubieses visto como los gentiles y los judíos los maltrataban y lanzaban salivazos sobre sus rostros! Cuando llegó el momento en que deberían separarse para ser conducidos al lugar en que cada uno de ellos había de ser ejecutado, ¡momento verdaderamente terrible!, aquellas dos columnas del mundo fueron maniatadas entre los gemidos y sollozos de los hermanos que estábamos presentes. Entonces dijo Pablo a Pedro: "La paz sea contigo, ¡oh fundamento de todas las Iglesias y pastor universal de las ovejas y corderos de Cristo!". Pedro por su parte respondió a Pablo: "¡Que la paz te acompañe también a ti, predicador de las buenas costumbres, mediador de los justos y conductor de sus almas por los caminos de la salvación!". Una vez que separaron al uno del otro, pues no los mataron en el mismo sitio, yo seguí a mi maestro". Hasta aquí el relato de Dionisio.

León y Marcelo refieren que en el momento en que Pedro iba a ser crucificado, el apóstol dijo: "Cuando crucificaron a mi Señor, pusieron su cuerpo sobre la cruz en posición natural, con los pies abajo y la cabeza en lo alto, en esto sus verdugos procedieron acertadamente, porque mi Señor descendió desde el cielo a la tierra; a mí, en cambio, debéis ponerme de manera distinta: con la cabeza abajo y los pies arriba; porque además de que no soy digno de ser crucificado del mismo modo que Él lo fue, yo, que he recibido la gracia de su llamada, voy a subir desde la tierra hasta el cielo; os ruego por tanto que, clavar mis miembros a la cruz, lo hagáis de tal forma que mis pies queden en lo alto y mi cabeza en la parte inferior del madero. Los verdugos tuvieron a bien acceder a este deseo y, en consecuencia, colocaron el cuerpo del santo sobre la cruz de manera que sus pies pudiesen ser clavados separadamente en los extremos del travesaño horizontal superior, y las manos en la parte baja del fuste, cerca del suelo".

El público que asistió a este espectáculo, en un momento dado comenzó a amotinarse, a proferir gritos contra Nerón y contra el prefecto, a pedir la muerte de ambos y a intentar la liberación de Pedro; pero éste les suplicó que no impidiesen la consumación de su martirio. Según los relatos de Hegesipo y de Lino, el Señor premió a cuantos llorando de compasión presenciaron la escena terrible, abriendo sus ojos y permitiendo que vieran a Pedro, ya crucificado, rodado de ángeles que tenían en sus manos coronas de rosas y de lirios y a Cristo colocado a la vera del mártir mostrando al apóstol un libro abierto. Hegesipo dice que Pedro al ver junto a sí el libro que Cristo le mostraba, comenzó a leer en voz alta, para que todos lo oyeran, lo que estaba escrito en él, y que lo que leyó fue lo siguiente: "Señor, yo he deseado imitarte; pero no me he considerado digno de ser crucificado en la posición en que a ti te crucificaron; porque tú siempre fuiste recto, excelso, elevado; nosotros, en cambio, somos hijos de aquel primer hombre que hundió su cabeza en la tierra; por eso, ya en nuestra manera de nacer representamos la caída de nuestro primer padre, puesto que nacemos inclinados hacia el suelo, tendiendo a derramarnos sobre él y con una naturaleza de condiciones tan cambiadas y tan propensa a incurrir en errores, que frecuentemente lo que juzgamos correcto en realidad no lo es. Tú, Señor, para mí significas todas las cosas; lo eres todo para mí; fuera de ti, no quiero nada. Mientras viva y sea capaz de razonar y pueda hablar, te diré siempre y con toda mi alma: ¡Gracias, mi Dios!".

De la oración que acabamos de transcribir se deduce que fueron dos los motivos por los que este santo apóstol no quiso ser crucificado en la posición normal, en que lo fue Cristo.

Tras la visión que hemos referido, considerando san Pedro que los fieles que asistían a su martirio habían sido testigos de aquella glorificadora escena, dio gracias a Dios, encomendó a su misericordia a los creyentes y expiró. Sus discípulos Marcelo y Apuleyo desenclavaron su cuerpo, lo ungieron con variados aromas, y lo sepultaron.



San Pablo por su parte empezó a caminar con sus verdugos cuando se encontró con Plantila, que era una de sus discípulas. Dionisio dice que esta cristiana se llamaba Lemobia. Lemobia o Plantila – probablemente esta mujer tenía dos nombres – comenzó entre sollozos a encomendarse a las oraciones del apóstol, quien tratando de tranquilizarla le dijo:

- Plantila, hija de la salvación eterna: dame el velo con que cubres tu cabeza; con él quiero vendarme los ojos; más adelante te lo devolveré.

Mientras se lo daba, los verdugos, riéndose, dijeron a Plantila:

- ¡Qué tonta eres! ¿Cómo te fías de este mago impostor y le das esa tela tan preciosa que vale sin duda su buena cantidad de dinero? ¿Crees que la vas a recuperar? Ya puedes darla por perdida.

Llegados al sitio en que Pablo iba a ser decapitado, el santo apóstol se volvió hacia oriente, elevó sus manos al cielo y llorando de emoción oró en su propio idioma y dio gracias a Dios durante un largo rato; luego se despidió de los cristianos que estaban presentes, se arrodilló con ambas rodillas en el suelo, se vendó los ojos con el velo que Plantila le había dado, colocó su cuello sobre el tajo, e inmediatamente, en esta postura, fue decapitado; mas, en el mismo instante en que su cabeza salía despedida del tronco, su boca, con voz enteramente clara, pronunció esta invocación tantas veces repetida dulcemente por él a lo largo de su vida: "¡Jesucristo!". En cuanto el hacha cayó sobre el cuello del mártir, de la herida brotó primeramente un abundante chorro de leche que fue a estrellarse contra las ropas del verdugo; luego comenzó a fluir sangre y a impregnarse el ambiente de un olor muy agradable que emanaba del cuerpo del mártir y, mientras tanto, en el aire brilló una luz intensísima.

Sobre la muerte de San Pablo, Dionisio, en la carta a que nos hemos referido anteriormente, escribió a Timoteo lo siguiente: "En aquella tristísima hora, oh mi querido hermano, dijo el verdugo a Pablo: "Prepara tu cuello". Entonces el santo apóstol miró al cielo, hizo la señal de la cruz sobre su frente y sobre su pecho, y exclamó: "¡Oh Señor mío Jesucristo, en tus manos encomiendo mi espíritu!". Dicho esto, serenamente, con naturalidad, estiró su cuello y, al descargar el verdugo el hachazo con que le amputó la cabeza, recibió la corona del martirio; pero, en el mismo instante en que recibió el golpe mortal, el santísimo mártir desplegó un velo, recogió en él parte de la sangre que brotó de su herida, plegó de nuevo la tela, la anudó y se la entregó a Lemobia".

Muerte de Santiago el Mayor

Autor: Cristiandad.org

También se debió la muerte de este santo apóstol – en cierta forma – a su lucha contra los ardides de un hechicero, llamado Hermógenes, aunque en su caso pudo Santiago lograr una conversión tan sincera que el antiguo mago se convirtió en uno de sus discípulos más virtuosos y perfectos. Esto ocurrió al regresar Santiago de España, donde su evangelización había tenido muy poco resultado hasta entonces, y en donde dejó discípulos suyos para volver él a Judea.

Cuando los judíos se convencieron de que la conversión de Hermógenes era sincera hicieron responsable de ella a Santiago, se presentaron ante él alborotados, le increparon y trataron de impedir que siguiera predicando la doctrina de Cristo crucificado. Santiago, empero, recurriendo a las Escrituras, les demostró como en Jesús se habían cumplido todas las profecías que en ella se contenían acerca del nacimiento y sacrificio del Mesías, y probó estas verdades con tal claridad que muchos de los judíos se convirtieron. Esto provocó tan enorme indignación en Abiatar, a quien correspondía el ejercicio del pontificado aquel año, que sublevó al pueblo contra el apóstol. Algunos de los amotinados lograron apoderarse de él, le ataron una soga al cuello, lo condujeron en presencia de Herodes Agripa y consiguieron que éste lo condenara a muerte. Cuando lo conducían al lugar en que iban a degollarlo, un paralítico que yacía tendido en el suelo a la vera del camino comenzó a invocar al apóstol y a pedirle a voces que lo curara. Santiago lo oyó y le dijo:

- En nombre de Jesucristo, cuya fe he predicado y defiendo y por cuya causa voy a ser decapitado, te ordeno que te levantes del suelo completamente curado y que bendigas al Señor.

El paralítico se levantó, sintióse repentina y totalmente sano, y prorrumpió en acciones de gracias a Dios.

Al ver este prodigio, el escriba Josías, que había puesto la soga al cuello de Santiago y hasta entonces continuaba agarrado al ramal y tirando de él, arrojóse a los pies del santo y le suplicó que lo recibiera como cristiano. Pero Abiatar, que se hallaba presente, agarró a Josías, lo zarandeó y le dijo:

- Si ahora mismo no maldices a Jesucristo, haré que te degüellen al mismo tiempo que a Santiago.

Josías respondió:

- A quien maldigo es a ti. Óyeme bien: ¡Maldito seas tú, y maldito todo el tiempo que vivas! Sigue escuchando: ¡Bendito sea el nombre de mi Señor Jesucristo por los siglos de los siglos!

Abiatar ordenó a algunos de los judíos que descargaran sobre el rostro de Josías una buena tanda de bofetadas y envió un mensajero a Herodes solicitando el necesario permiso para proceder a la decapitación del escriba convertido.

Una vez que llegaron al sitio en que iban a ser degollados, Santiago pidió al verdugo una redoma con agua. El verdugo se la proporcionó. Con aquella agua bautizó el apóstol a Josías e inmediatamente después ambos fueron decapitados coronando de este modo uno y otro sus vidas con el martirio.

Poco después de que el santo fuese degollado, una noche algunos de sus discípulos, tomando las debidas precauciones para no ser vistos se apoderaron del cuerpo del apóstol y se lo llevaron consigo. Embarcaron en una nave, y rogaron a Dios que los guiara con su providencia y los condujera donde Él quisiese que aquellos venerables restos fuesen sepultados. Conducida por un ángel del Señor la barca comenzó a navegar y navegando continuó hasta arribar a las costas de Galicia, región de España que por aquel tiempo estaba gobernada por una mujer llamada Loba. Al llegar a tierra desembarcaron el cuerpo y lo colocaron sobre una inmensa piedra, la cual, como si fuese de cera, repentinamente adoptó la forma de un ataúd y se convirtió milagrosamente en el sarcófago del santo. Seguidamente los discípulos del apóstol fueron a ver a la reina Lupa o Loba y le dijeron:

- Nuestro Señor Jesucristo te envía el cuerpo del apóstol Santiago, porque quiere que acojas muerto y con benevolencia al que no quisiste escuchar cuando estaba vivo.

Muerte de San Bartolomé, apostol

Autor: Cristiandad.org

Cuando San Bartolomé se fue a la India, comenzó a echar a los demonios de los templos en que eran adorados y escuchados a través de sus profetas. Muchísimos milagros operó el santo en este sentido. Y por estos milagros, Polimio el rey se convirtió junto a su familia y renunció al trono, haciéndose discípulo del apóstol. A partir de entonces rigió los destinos del reino un hermano de Polimio, llamado Astiages. Poco después de que este iniciara su reinado, los pontífices de los templos paganos celebraron una asamblea y en ella acordaron quejarse ante el nuevo monarca por los daños inferidos a los dioses con la profanación del templo real y la destrucción de las imágenes de los ídolos; y, en efecto, se presentaron ante Astiages y acusaron al apóstol de haber ocasionado con sus artes mágicas los mencionados destrozos y de haber pervertido a Polimio. Astiages se hizo eco de la denuncia y, dejándose llevar de la cólera, ordenó que inmediatamente mil soldados, perfectamente armados, salieran en persecución de Bartolomé, al que sus perseguidores capturaron y condujeron ante el nuevo rey.

- ¡De modo, dijo el rey al apóstol, que tú eres el hombre que pervirtió a mi hermano!

- Yo no pervertí a tu hermano, sino que lo convertí, dijo Bartolomé.

A esto replicó Astiages:

- Pues voy a hacer contigo lo que tú hiciste con él; como tú obligaste a Polimio a renegar de mi dios y a creer en el tuyo, yo te obligaré a ti a renegar del tuyo y a creer en el mío.

El apóstol puntualizó:

- Yo lo que hice fue vencer al dios al que tu hermano adoraba, mostrarlo maniatado ante el público, y exigirle que rompiera las imágenes de los ídolos. Prueba tú a hacer lo mismo con el mío. Si consigues maniatar a mi Dios, te prometo que adoraré al tuyo; pero si no lo consigues, continuaré destruyendo las estatuas de tus falsas divinidades, y si tú fueses razonable te convertirías a mi religión como se convirtió tu hermano.

En esto alguien se presentó ante el rey y le comunicó que la imagen de Baldach, otro de sus ídolos, acababa de caer rodando por el suelo y de romperse en mil pedazos. El rey, al oír esta noticia, rasgó su manto púrpura, mandó que apalearan al apóstol y que tras propinarle una enorme paliza lo desollaran vivo.

Sobre el género de martirio padecido por San Bartolomé existen diferentes versiones. Según san Doroteo, fue crucificado. He aquí las propias palabras de este santo: "San Bartolomé dio a conocer el evangelio de san Mateo a los indios, predicándoles en la lengua que ellos hablaban, y murió crucificado cabeza abajo, en Albana, ciudad de la extensa región de Armenia". San Teodoro afirma que fue desollado. En cambio, en otros muchos libros se lee que este apóstol fue decapitado. Estas versiones, empero, no son necesariamente contradictorias, sino que, al contrario, todas ellas pueden ser verdaderas, conciliables entre sí y complementarias, puesto que bien pudo ocurrir que el santo apóstol fuese primeramente crucificado; luego, antes de morir, descolgado de la cruz y desollado vivo, para hacerle sufrir más; y, finalmente, estando todavía con vida, decapitado.

Ejecutada en todos sus extremos esta orden, los cristianos recogieron el cuerpo de santo mártir y reverentemente lo enterraron.

Muerte de San Mateo

Autor: Cristiandad.org

Se encontraba el apóstol en Nadaver, ciudad de Etiopía, cuando tras la muerte del rey converso Egido, subió al trono Hitarco. El nuevo monarca, arrebatado del apasionado amor que sentía por Efigenia, ofreció a Mateo la mitad de su reino a cambio de que convenciera a la joven para que le aceptara pro esposo. El apóstol contestó a Hitarco:

- Tu antecesor iba a la Iglesia; ve tú también a ella el próximo domingo y escucha atentamente el sermón que pienso predicar a Efigenia y a sus compañeras acerca de la licitud del matrimonio y de las ventajas que la vida matrimonial comporta.

El rey, creyendo que Mateo iba a tratar de convencer a Efigenia de que debería aceptar las proposiciones conyugales que él le hacía, el domingo acudió a la iglesia ilusionado y lleno de alegría. Mateo predicó ante Efigenia y ante el pueblo un largo sermón ponderando las excelencias del matrimonio. Hitarco, mientras le oía, reafirmaba su posición de que el predicador, a través de los magníficos conceptos que en su sermón exponía, intentaba inclinar el ánimo de Efigenia hacia la vida matrimonial; y tan persuadido estaba de que ésta era la intención de Mateo, que aprovechando una pausa que éste hizo y que él interpretó como si el sermón hubiese terminado, se levantó de su asiento y felicitó efusivamente al predicador. Mateo rogó al rey que guardara silencio, que se sentara de nuevo y que continuara escuchando, pues el sermón no había terminado. Luego prosiguió su discurso de esta manera: "Cierto que el matrimonio, si los esposos observan escrupulosamente las promesas de fidelidad que al contraerlo mutuamente se hacen, es una cosa excelente. Pero prestad todos mucha atención a lo que ahora voy a decir: supongamos que un ciudadano cualquiera arrebatara la esposa a su propio rey. ¿Qué ocurriría? Pues que no sólo el usurpador cometería una gravísima ofensa contra su soberano, sino que automáticamente incurriría en un delito que está castigado con pena de muerte; e incurriría en ese delito, no por haber querido casarse, sino por haber quitado a su rey algo que legítimamente le pertenecía, y por haber sido el causante de que la esposa faltase a la palabra de fidelidad empeñada ante su verdadero esposo. Ahora bien; puesto que así son las cosas, ¿cómo tú, Hitarco, súbdito y vasallo del rey eterno, sabiendo que Efigenia al recibir el velo de las vírgenes ha quedado consagrada al Señor y desposada con Él, te atreves a poner en ella tus ojos y pretendes hacerla incurrir en infidelidad a su verdadero esposo que es precisamente tu soberano?"

En cuanto oyó esto, Hitarco, arrebatado de ira, salió furioso de la iglesia. Mateo, sin inmutarse, continuó su plática, exhortó a los oyentes a la paciencia y a la perseverancia, al final del sermón bendijo a las vírgenes y en especial a Efigenia que, asustada, se había arrodillado ante él, y luego prosiguió al celebración de la misa; mas en el preciso momento en que terminaba, cuando aún estaba ante el altar orando con los brazos extendidos hacia el cielo, un sicario enviado por el rey se acercó a él, le clavó una espada en la espalda, lo mató y lo convirtió en mártir.

Poco después intentó el rey quemar la casa en que vivían las vírgenes, pero el santo apóstol se apareció ante ellas y las rescató de las llamas. Hitarco contrajo lepra y se suicidó con su propia espada. El pueblo entonces proclamó rey a un hermano de Efigenia, bautizado años antes por san Mateo, y la fe pudo a partir de entonces propagarse por tierras etíopes durante muchos años.

Muerte de San Simón y San Judas Tadeo, apostoles del Señor

Autor: Cristiandad.org

Estando los apóstoles en Babilonia convirtieron a gran cantidad de gente, entre la que se encontraba el rey y muchos ricos.

Dos hombres que hacían magia e idolatría se trasladaron a una población llamada Samir en la que vivían setenta pontífices de los ídolos, y se dedicaron a predisponer a sus habitantes contra los apóstoles, incitándoles a que, cuando vinieran a predicarles su religión, los mataran si se negaban a ofrecer sacrificios en honor de los dioses.

Tras evangelizar toda la provincia, Simón y Judas se presentaron en Samir y, en cuanto llegaron, los habitantes de esta ciudad se arrojaron sobre ellos, los prendieron y los llevaron a un templo dedicado al sol; mas, tan pronto como los prisioneros penetraron en el recinto, los demonios, por medio de ciertos energúmenos, empezaron a decir a voces:

- ¿A qué venís aquí, apóstoles del Dios vivo? Sabéis de sobra que entre vosotros y nosotros no hay nada en común. Desde que llegasteis a Samir nos sentimos abrasados por un fuego insoportable.

Acto seguido aparecióse a Judas y a Simón un ángel del Señor y les dijo:

- Elegid entre estas dos cosas la que queráis: o que toda esta gente muera ahora mismo repentinamente, o vuestro propio martirio.

Los apóstoles respondieron:

- La elección ya está hecha. Pedimos a Dios misericordioso una doble merced: que conceda a esta ciudad la gracia de su conversión, y a nosotros el honor de morir mártires.

A continuación, Simón y Judas rogaron a la multitud que guardara silencio, y, cuando todos estuvieron callados, hablaron ellos y dijeron:

- Para demostraros que estos ídolos no son dioses, y que en su interior hay demonios agazapados, vamos a mandar a los malos espíritus que salgan inmediatamente de las imágenes en que permanecen escondidos, y que cada uno de ellos destruya la estatua que hasta ahora le ha servido de escondite.

Seguidamente los apóstoles dieron la orden anunciada, y en aquel mismo momento, de las dos estatuas que había en el templo salieron sendos individuos horrendos que en presencia de los asistentes destrozaron las imágenes de cuyo interior salieron, y rápidamente escaparon de allí dando voces y alaridos. Mientras la gente, impresionada pro lo que acababa de ver, permanecía muda de asombro, los pontífices paganos, irritados, se arrojaron sobre uno y otro apóstol y los despedazaron. En el preciso instante en que Simón y Judas murieron, el cielo, que hasta entonces había estado sereno y completamente despejado, se cubrió repentinamente de nubarrones; se organizó una terrible tormenta que derrumbó el templo aplastando a los magos.

Cuando el rey tuvo noticia de que Simón y Judas habían sido martirizados, recogió sus cadáveres, los trasladó a la capital del reino y les dio sepultura en una magnífica y suntuosa iglesia que mandó construir en su honor.

Como murio San Juan Evangelista, el discipulo mas amado de Cristo?

Autor: Cristiandad.org

Sesenta y siete años después de la Pasión del Señor, cuando san Juan tenía ya 98 de edad, Jesucristo, escribe san Isidoro, se apareció al apóstol y le dijo: "Mi querido amigo, ven a mí; ha llegado la hora de que te sientes en mi mesa con el resto de tus hermanos". Al oír estas palabras, Juan intentó ponerse en pie e hizo ademán de ir hacia su Maestro, pero éste le manifestó: "Espera hasta el domingo". Al domingo siguiente, muy de madrugada, a la hora en que el gallo suele cantar, todos los fieles se congregaron en la iglesia que habían construido en honor del apóstol y éste empezó a predicarles, exhortándolos a que cumplieran fervorosamente los divinos mandamientos. Acabado el sermón, mandóles que cavaran su sepultura a la vera del altar y que sacaran la tierra fuera del templo. Cuando la fosa estuvo dispuesta, el santo bajó hasta el fondo de la misma, tendióse en ella, alzó las manos hacia el cielo y pronunció la siguiente oración: "Señor Jesucristo: Me has invitado a sentarme a tu mesa: allá voy, siempre, con toda mi alma, he deseado estar contigo". De pronto la fosa quedó envuelta por una luz vivísima, cuyos resplandores nadie pudo resistir. Momento después cesó la deslumbrante claridad y los asistentes advirtieron que, mientras duró, había descendido sobre el cuerpo del apóstol una extraña sustancia a manera de arena finísima que lo cubría enteramente, llenaba la sepultura y desbordaba de ella. Es arena, semejante a la que hay en el fondo de algunas fuentes, puede verse todavía hoy en su sepulcro, como si se generara constantemente en el fondo del mismo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Madre coraje inglesa entregó su vida por salvar a su hijo

La Soberbia y la Humildad – Sermones del Cura de Ars

Es el primero de una serie de hermosos y edificadores sermones de San Juan María Vianney, el Santo cura de Ars, que les presentaremos. En este primero el Santo Cura de Ars nos habla de La Soberbia y la Humildad.



Ay hijos míos, por un pecado que tal vez durará un solo momento, un castigo que durará toda una eternidad. Lo más terrible de ese pecado es que cuanto más domina al hombre, menos culpable se cree este del mismo: en efecto jamás el orgulloso querrá convencerse de que lo es, ni jamás reconocerá de que no anda bien, todo cuanto hace y todo cuanto habla está bien hecho y bien dicho…

En efecto, hijos míos, aunque tuvieses todas las demás virtudes, si os faltase la humildad, nada tendríais. Abandonad toda vuestra fortuna a los pobres, llorad los pecados durante todas vuestra vida, someteos a todas las penitencias que vuestro cuerpo pueda soportar, pasad lo años de vuestra existencia en el desierto, pero si no tenéis humildad habréis de condenaros…

por Francisco

lunes, 17 de mayo de 2010

VEN, ESPÍRITU SANTO

Ven, Espíritu Santo,
y envía del Cielo
un rayo de tu luz.

Ven, padre de los pobres,
ven, dador de gracias,
ven luz de los corazones.

Consolador magnífico,
dulce huésped del alma,
su dulce refrigerio.

Descanso en la fatiga,
brisa en el estío,
consuelo en el llanto.

¡Oh luz santísima!
llena lo más íntimo
de los corazones de tus fieles.

Sin tu ayuda,
nada hay en el hombre,
nada que sea bueno.

Lava lo que está manchado,
riega lo que está árido,
sana lo que está herido.

Dobla lo que está rígido,
calienta lo que está frío,
endereza lo que está extraviado.

Concede a tus fieles,
que en Ti confían
tus siete sagrados dones.

Dales el mérito de la virtud,
dales el puerto de la salvación,
dales la felicidad eterna.

lunes, 10 de mayo de 2010

San Juan de Ávila10 de Mayo




Juan de Avila, nació en Almodóvar del Campo, en Castilla la Nueva. Estudió filosofía y teología en la Universidad de Alcalá. Fue considerado como uno de los más influyentes y elocuentes jefes religiososo de la España del siglo XVI. Fue amigo de San Ignacio de Loyola y consejero espiritual de Santa Teresa, además de San Francisco de Borja. Ordenado ya como sacerdote mostró tal elocuencia, que el Arzobispo de Sevilla le pidió que se dedicara a la evangelización en su país. Trabajó durante 9 años en las misiones de Andalucía.

El Beato, fue acusado ante la Santa Inquisición de Sevilla por predicar el rigorismo y la exclusión de los ricos del Reino de los Cielos. Luego de ser liberado, se dedicó a misionar en todas las regiones de España, principalmente en las ciudades. Los más famosos de sus escritos son sus cartas y el tratado: "Audi Filia".

Fue beatificado en 1894. La Compañía de Jesús celebra su fiesta como si se tratase de uno de sus miembros, ya que Juan veneró siempre a esta orden y a su fundador. Fue sepultado en Montilla.

Las reliquias de Santa Teresa de Lisieux del Niño en Sudafrica

JOHANNESBURGO, 09 May. 10 / 10:34 pm (ACI)

Las reliquias de Santa Teresa de Lisieux del Niño Jesús serán expuestas por primera vez en Sudáfrica, del 27 de junio hasta fines de septiembre, coincidiendo con la realización del mundial de fútbol que se desarrollará en este país del 11 de junio al 11 de julio.

Así lo dio a conocer la Iglesia en Sudáfrica desde su sitio en Internet www.churchontheball.com creado para resaltar la importancia que tiene para la vida espiritual de las persona la práctica del deporte.

La llegada de las reliquias, promovida por un grupo de jóvenes de la parroquia de San Francisco de Asís en Yeonville, en Johannesburgo, cuenta también con el apoyo del Arzobispo de esta ciudad, Mons. Joseph Tlhagale.

Del 27 de junio al 12 de julio, las reliquias de esta Santa y Doctora de la Iglesia estarán en la capital, para pasar luego por la "Ruta Santa Teresa" que recorrerá las provincias de Limpopo, Gauteng, Free State, Eastern Cape y Western Cape.

Toda la Iglesia en Sudáfrica, explica la nota, "espera que la presencia de las reliquias de Santa Teresa de Lisiexu pueda ayudar a los sudafricanos a reforzar su se, desafiar a todo a llevar una vida de fe y seguir la propia vocación como hizo la santa. Los fieles también son alentados a acompañar la llegada de las reliquias con proyectos e iniciativas especiales de parte de las parroquias, diócesis, escuelas y conventos".

El Arzobispo de Durban, Cardenal Wilfrid Fox Napier, señala "la Iglesia en Sudáfrica quiere acoger la ocasión de la Copa del mundo para evidencia el rol importante que el deporte tiene en nuestra cultura africana".

Más información (en inglés): www.churchontheball.com

jueves, 6 de mayo de 2010

Santo Domingo Savio 6 de mayo


Domingo Savio tuvo una vida muy sencilla, pero en poco tiempo recorrió un largo camino de santidad, obra maestra del Espíritu Santo y fruto de la pedagogía de san Juan Bosco.

Había nacido en San Giovanni di Riva (cerca de Chieri, provincia de Turín) en una familia pobre de bienes materiales, pero rica de fe. Su niñez quedó marcada por la primera comunión, hecha con fervor a los siete años, y se distingue por el cumplimiento del deber. A sus doce años tuvo lugar un acontecimiento decisivo: el encuentro con San Juan Bosco, que lo acoge, como padre y guía, en Valdocco (Turín) para cursar los estudios secundarios. Al descubrir entonces los altos horizontes de su vida como hijo de Dios, apoyándose en su amistad con Jesús y María se lanza a la aventura de la santidad, entendida como entrega total a Dios por amor. Reza, pone empeño en los estudios, es el compañero más amable. Sensibilizado en el ideal del Da mihi ánimas de san Juan Bosco, quiere salvar el alma de todos y funda la compañía de la Inmaculada, de la que saldrán los mejores, de la que saldrán los mejores colaboradores del fundador de los salesianos.

Habiendo enfermado de gravedad a los 15 años, regresa al hogar paterno de Mondonio (provincia de Asti), donde muere serenamente el 9 de marzo de 1857 con la alegría de ir al encuentro del Señor. Pío XII lo proclamó santo el 12 de junio de 1954.

miércoles, 5 de mayo de 2010

El indispensable arte del discernimiento segun Santa Catalina y Santa Teresa


Según Catalina de Siena, "el discernimiento no es otra cosa que el conocimiento verdadero que el alma ha de tener de sí misma y del Yo". Y Teresa de Jesús dice: "Tengo por más gran merced del Señor un día de propio y humilde conocimiento, aunque nos haya costado muchas aflicciones y trabajos, que muchos de oración" (9). Una de las características más indispensables de este autoconocimiento consiste en discernir de cuál de los tres ámbitos de la persona (cuerpo, psiquismo y espíritu) proceden los movimientos de consolación y desolación. Para ello es necesario conocer las leyes del propio cuerpo, del psiquismo y del espíritu.

martes, 4 de mayo de 2010

NOS PIDEN ORACIONES:LOShinduistas EXTREMISTAS QUEMARON 20 IGLESIAS EN LA INDIA

PEDIDO DE ORACIÓN! PARA NUESTROS MISIONEROS Y HERMANOS Y HERMANAS EN LA INDIA...

Recibí este mensaje en francés y lo traduzco para ustedes: Por favor recen por las iglesias cristianas en la India, los budistas Extemistas quemaron 20 iglesias anoche. Esta noche planifican destruir 200 iglesias en la provincia de Olisabang. Planifican matar a 200 misioneros en las próximas 24hs. En este momento todos los cristianos se están escondiendo en los pueblos. Por favor recen por ellos y envien este mensaje a todos los cristianos que conozca. Por favor, pídanle a Dios de dispensar a los hermanos y hermanas de la India. Cuando reciban este mensaje, por favor envien este pedido de oracion urgente. Por favor recen por ellos y pongan este pedido delante de nuestro todopoderoso y victorioso Señor. Gracias por su colaboracion.
Por favor recen para que nuestros hermanos y hermanas sean salvados.
Hermano Germain Lasoucière (Quebec)

Requête de prières ! Urgent pour nos missionnaires et nos frères et s½urs aux Indes...
j'ai reçu ce message en anglais et je l'ai traduit pour vous le voici : S.V.P. priez pour les églises chrétiennes en Inde, les hindouistes Extrémistes en Inde ont brûlés 20 églises hier soir. Ce soir ils planifient de détruire 200 églises dans la province de Olisabang. Ils planifient de tuer 200 missionnaires dans les prochaines 24 heures. Présentement tous les chrétiens se cachent dans les villages. S.V.P. priez pour eux et envoyer ce message à tous les chrétiens que vous connaissez. S.V.P. demandez à Dieu de faire grâce aux frères et s½urs en Inde. Quand vous allez recevoir ce message S.V.P. envoyez cette requête de prière urgente. S.V.P. priez pour eux et soumettez cette requête devant notre tout puissant et victorieux Seigneur. Merci de votre collaboration !
SVP. Priez que nos frères et s½urs soient épargnés.

del Blog de Sor Cecilia

miércoles, 28 de abril de 2010

Santa Catalina de Siena 29 de Abril

Doctora de la Iglesia. Año 1380.

Catalina significa: la pura, la inocente.

Catalina y Santa Teresa, son quizás las dos mujeres más famosas de la Iglesia Católica, después de la Santísima Virgen María.

Año 1347: Nace en Siena, Italia, hija menor en un hogar de 25 hijos. La espaciosa casa de sus padres, en la altura de la ciudad, ha sido conservada muy cuidadosamente por los sieneses y es visitada cada día por centenares de peregrinos.

De su padre heredó la bondad de corazón, la caridad para con los pobres y una bondad inalterable. De la mamá heredó un gran amor por el trabajo y una admirable energía para emprender labores difíciles y vencer dificultadas.

Año 1353. A los seis años, Catalina tiene la primera experiencia sobrenatural. Era una niña alegre, bulliciosa y vivaracha. Pero viajando con su hermano Esteban, de pronto se quedó como clavada en el suelo y no respondía a los llamados del hermano. Al fin éste logró a empujones sacarla de su éxtasis. La niña empezó a llorar y a decir: ""Oh Esteban: ¿Por qué me quitaste la hermosa visión que estaba contemplando?"". Se le había aparecido Jesucristo en un trono de gloria, rodeado por los Apóstoles San Pedro, San Pablo y San Juan y le había pedido que dedicara su vida entera a amarlo a El y a hacerlo conocer y amar por los demás. Desde ese día Catalina es una persona totalmente distinta. Parece que ya no vive para lo material sino sólo para lo espiritual. Aun en sus juegos con las otras niñas lo que busca siempre es hacer conocer y amar más a Jesucristo.

Año 1459. Por consejo de sus padres y ante la insistencia continua de su hermana, Catalina empieza a arreglase, vestir a la moda, a teñirse el pelo y a llenarse de coloretes. Tiene 12 años. Pero de repente, su hermana, que estaba recién casada, muere al dar a luz el primer hijo. Ante el cadáver de esa joven a la cual ella tanto amaba, Catalina promete que no buscará más lo mundanal y material sino solamente lo espiritual y sobrenatural. Es lo que ella llamará su ""conversión"".

Se corta su larga cabellera. Deja de adornarse y se retira frecuentemente a una piecita solitaria del solar de su casa, a orar, meditar y hacer penitencia. Pero sus padres y hermanos que desean para ella un brillante matrimonio se dedican a hacerle insoportable esa vida de espiritualidad. La humillan, le dicen que ese modo de vivir es una locura. Le dejan todos los oficios más humillantes de esa inmensa casa, y llega a ser una pobre y simple sirvienta y cocinera de sus numerosos familiares. Y hasta llegan a destruir la piecita donde ella se retiraba a orar.

Pero Catalina no cede. ""Al destruirme la celda o piecita donde me retiraba a orar, me di cuanta que tenía que construirme una "celda interior", o sea acostumbrarme a recogerme a orar en lo más profundo de mi alma, aunque tuviera que vivir entre gente charlatana y dedicada a montones de oficios materiales"".

1363. Terciaria dominica. Las Comunidades religiosas tienen unas asociaciones de seglares que se proponen vivir las enseñanzas del santo fundador de la Comunidad, pero viviendo en su familia y dedicándose a labores materiales. Esto es lo que se llama la Tercera Orden. Y así hay Terciarios franciscanos, Terciarios dominicos, etc. En Siena había una asociación de mujeres piadosas que se llamaban Terciarias dominicas y la gente las llamaba las del Manto, porque llevaban un manto negro sobre una túnica blanca a imitación del modo como vestían los Padres Dominicos, fundados por Santo Domingo de Guzmán. Aquella asociación era muy seria. Tenían un director espiritual, una superiora, un Reglamento rígido y se dedicaban a obras de caridad, especialmente en favor de los enfermos y de los pobres. Y en esa asociación de laicos fue admitida Catalina cuando ya había cumplido sus 15 años. En adelante vestirá siempre de blanco y llevará un manto oscuro y un velo sobre la cabeza, pero seguirá trabajando en su casa y entre la gente más necesitada de su ciudad.

Sus primeros cuatro años de Terciaria Dominica son de intensos sufrimientos, persecuciones de los familiares, burlas, calumnias e incomprensiones de la gente. Sus instintos de maternidad renacen con toda la furia de la naturaleza juvenil. Una angustia continua por la conversión de los pecadores la hace sufrir intensamente. Muchos sacerdotes dudan de ella. Los sabios doctores dicen que es una pobre ignorante que se las quiere dar de sabia mística. Los corrillos de los lavaderos, de las esquinas y de las reuniones elegantes hablan muy mal de ella. Tentaciones terribles la asaltan. A veces pierde el gusto por la oración y por la meditación. Es lo que los santos llaman ""la noche oscura del alma"", un martirio íntimo que la está preparando para recibir grandes mensajes de Dios.

La madre no la comprende. Los hermanos la humillan. Pero el papá se da cuenta de que su hija necesita libertad espiritual para dedicarse a sus oraciones, meditaciones y obras buenas y le concede permiso para seguir las inspiraciones que el cielo le está mandando y practicar la vida espiritual a la cual se siente llamada. Se construye de nuevo su antigua piecita en un rincón del solar de su casa y allí se dedica a orar, a meditar y a mortificarse. Y se suceden con frecuencia las visiones celestiales.

Un día al empezar la Cuaresma de 1366 se le aparece Nuestro Señor Jesucristo acompañado de su Santísima Madre la Virgen María, y le acepta la consagración total que ella ha hecho de su vida en honor del Redentor y le coloca un anillo esponsal en un dedo de la mano, prometiéndole que su amistad será eterna y totalmente fiel. Desde ese día hasta su muerte, Catalina sentirá siempre en un dedo un anillo, que nadie ve, pero que ella siente perfectamente. Jesucristo le ha pedido que se dedique a atender a los pobres. A tratar de convertir pecadores y a dar buenos consejos a los que lo necesiten. Ella apenas va a cumplir sus veinte años, y desde ese día se dedica a buscar enfermos para atender, pobres para ayudar, pecadores para convertir y gentes para aconsejar. Jesús le hizo una promesa admirable: ""Cuida de Mí y de mis intereses que yo cuidaré de ti y de los tuyos"". Eso se cumplió admirablemente.

Uno de los tormentos que más hicieron sufrir a esta santa fueron las tentaciones contra la pureza. El demonio le presentaba las escenas más infames, y ella sentía un horror inmenso. Un día le dijo a Nuestro Señor: ""Oh Cristo, ¿a dónde te fuiste cuando me asaltaban esos pensamientos tan terriblemente impuros?"", y Jesús le respondió: ""Yo no me fui lejos. Yo estaba dentro de tu corazón presenciando tus combates"". Pero Señor: ¿cómo te podías estar allí ante la presencia de tentaciones tan horrendas? Y Cristo le respondió: ""¿Qué sentías ante esas imaginaciones, gusto o asco? El asco más repugnante que imaginarse pueda. Pues ese asco te lo daba yo"", le dijo Jesús. ""Ahora ya me has demostrado que sí me amas de verdad, al rechazar las tales tentaciones"".

Dios empezó a conceder a Catalina luces y sabiduría del todo especiales. Y por la calle pendiente que lleva a la casa de la humilde santa, empiezan a desfilar señoras ricas, sacerdotes, obispos, senadores, estudiantes, doctores, obreros y muchas personas más que alegres van a consultar. ¿A quién? A una pobre muchacha de poco más de 20 años, analfabeta que en su casa ha tenido que dedicarse a cocinar, lavar, coser y hacer mandados y que no ha ido a la escuela ni ha leído libro alguno, porque no sabe leer. Pero es que Dios le ha concedido a Catalina ""El don de consejo"", que consiste en saber dar soluciones oportunas para los problemas de la vida. Es un regalo del Espíritu Santo.

Y va creciendo inconteniblemente el número de sus amistades, el número de los que la aceptan como madre espiritual. Ahora las gentes la llaman sencillamente ""Mamá"", y ella es todavía una humilde muchacha de barrio popular. Pero ha hecho el enorme sacrificio de renunciar a las fortísimas inclinaciones que tenía hacia la maternidad corporal y Dios en cambio le ha concedido una fertilísima maternidad espiritual. Es que Cristo sigue cumpliendo aquella promesa suya: ""Quien renuncie a algo importante por amor a Mí, recibirá cien veces más"".

Catalina pasa días y semanas sin comer nada. Solamente se alimenta con la Santa Hostia que recibe por la mañana en la Santa Misa. Un director espiritual le ordena que tiene que comer algo. Una vez por orden suya come unas habas y todo el día lo pasa vomitando y hasta que no vomita la última haba no puede volver a tener salud. Vivía únicamente con la Sagrada Comunión.

Los Padres Dominicos la invitan a su Reunión o Capítulo General y allí examinan su vida y sus enseñanzas y al darse cuenta de que se trata de un caso extraordinario de vida espiritual le conceden el permiso para seguir enseñando y aconsejando y le nombran como director espiritual a un verdadero santo, al beato Raimundo de Capua, que será después Superior General de esa Comunidad y que escribirá más tarde todos los datos que sabemos hoy de esta gran santa. Para ella fue un verdadero regalo de Dios haberse encontrado con este director espiritual tan santo, tan sabio y tan comprensivo. Pero Raimundo de Capua, aunque muchos años mayor que ella, y con altos estudios, la considerará siempre como su verdadera ""Mamá"", espiritual. Para ellos dos se cumplió lo que dice la S. Biblia: ""Hallar una buena amistad es mejor que encontrarse un tesoro"".

Después de la comunión casi siempre quedaba en éxtasis. Muchas gentes la vieron elevarse del suelo mientras hacía oración. Al padre Raimundo decía que toda su ciencia teológica la había recibido directamente de Dios. Muchos enfermos recibieron la curación, al rezar Catalina por ellos.

Fue necesario conseguir tres sacerdotes para confesar a los pecadores que iban a consultar a la santa, porque se convertían de manera admirable y deseaban hacer confesión de toda la vida. A los pueblos a donde ella llegaba a hablarle a la gente había que llevar muchos confesores, porque todo el mundo quería confesarse.

A un joven lo sentenciaron a muerte por haber hablado un poco fuerte contra los jefes políticos de la ciudad. Aquel hombre no aceptaba esa condena que le parecía injusta y no quería confesarse. Enviaron entonces a Catalina a hablarle. Oigamos cómo narra ella este caso:.

""He ido a visitar al condenado a muerte y experimentó tal cambio y tal contrición que se confesó y comulgó fervorosamente. Me hizo prometerle que yo estaría cerca de él cuando lo llevaran a la ejecución. Me decía: "Por favor, no me abandone, porque tengo miedo de que me falte el valor suficiente a la última hora". Yo le decía "No tenga temor, que en la eternidad se va a encontrar con el amabilísimo Jesús, que es todo bondad y misericordia". El se llenó de entusiasmo y me preguntaba "¿Cómo es posible que siente ahora tanta alegría". Y bendecía a Dios. yo lo esperé en el sitio del ajustamiento y rezaba mucho por él a la Virgen Santísima. Al verme, se sonrió y me pidió que le hiciera la señal de la cruz en la frente. Así lo hice. Al dobral la cabeza para que se la cortaran iba repitiendo: "Jesús, Jesús". Yo le oí decir a Nuestro Señor: "Esta alma se salvó, no por los merecimientos de él, sino por la gran misericordia de Dios""".

1371. Empieza la acción política de Santa Catalina.

El Sumo Pontífice vivía fuera de Roma en Avignon y esto traía muchos males a la Iglesia Católica. Catalina empezó una cruzada o movimiento nacional para obtener que el Papa volviera a la Ciudad Eterna.

1374. El Papa empieza a escribirle a Catalina. Le ruega que rece mucho por él y por la Iglesia Católica. La santa le escribe rogándole que vuelva a Roma.

1375. Se le graban las heridas de Cristo.

Estando rezando ante un crucifijo, ve salir unos rayos de luz de las cinco heridas de Jesús y se le forman a ella las heridas en las manos, los pies y el costado. La gente no las ve, pero ella sí las siente al vivo.

1376. El Papa, por influencia de Catalina, vuelve a Roma. Esto alegra muchísimo a la cristiandad. El Sumo Pontífice Gregorio XI le pide que se vaya también a Roma a colaborar con la tarea de enfervorizar a las gentes y obtener que haya paz.

1377. A los 30 años aprende a leer. Hasta ese entonces toda su ciencia la había aprendido oyendo a Dios y escuchando sermones y clases de catecismo ""Mi maestro ha sido el Espíritu Santo"", decía.

1378. Redacta su famoso libro, Los Diálogos.

Va dictando a dos secretarios todo lo que Dios le va iluminando que debe decir. Este libro ""Los Diálogos"" se volvió famoso y ha hecho enorme bien por más de seis siglos. San Antonio M. Claret decía que él cuando leía el libro de Santa Catalina tenía que tener en la mano un pañuelo porque no hacía sino llorar de emoción.

1379. Habla ante todos los Cardenales reunidos. Les dice que el mejor remedio para los males de la Iglesia Católica es que cada uno se esfuerce por ser santo.

Recorre varias ciudades poniendo la paz entre los bandos que se combatían. La gente la considera una gran santa. Llega la peste, el tifo negro, y mueren miles y miles de personas. Ella va de enfermo en enfermo atendiendo, día y noche. Y a varios les consigue la curación. Ella misma cava las tumbas para los más necesitados y abandondados.

Dicta 400 cartas dando consejos y tratando de convertir y de obtener la paz donde había divisiones y peleas. Sus cartas son notables por la belleza de su estilo. Se cree una gran pecadora y llora mucho de arrepentimiento. Repite miles de veces aquella frase del Salmo 51 ""Oh Señor, crea en mí un corazón puro y no alejes de mí tu Santo Espíritu"".

Por petición del Sumo Pontífice se va a vivir a Roma. Pasa horas y horas rezando en San Pedro. ""Mi más grande deseo es que la Iglesia Católica se vuelva santa"", repetía. ""Oh Cristo: yo deseo amarte cada vez más y sufrir todo por Ti"". ""Si preguntan ¿por qué ha muerto? Digan: ofreció su vida por la Iglesia"".

Año 1380. El 29 de abril muere en Roma a la edad de 33 años.

El Papa Pío II la declaró santa y Pablo VI la proclamó ""Doctora de la Iglesia"".

El cantante Sting homenajea a martir jesuita. Gracias Señor por este testimonio de fe

martes, 27 de abril de 2010

Santa Zita. 27 de abril

(1278)

Una sencilla sirvienta del hogar. Desde los 12 años hasta su muerte sirvió en casa de los Fatinelli de Lucca (Italia), siendo a veces humillada y criticada por ellos. Mereció, no obstante, su respeto gracias a la sincera devoción y a la entrega a su trabajo. El Señor le favoreció con el don de los milagros y carismas extraordinarios. El culto a la sierva de Dios comenzó poco después de su muerte en 1272. Su tumba en la iglesia de San Fridiano fue objeto de veneración y peregrinación por toda clase de gente.
Canonizada en 1696, su nombre entró en el calendario Romano en 1748. Desde Italia su culto pasó ya desde la edad media a todas partes de Europa, sobre todo dentro de las clases populares. Muy vinculada a las asociaciones de jóvenes del servicio domestico.

Historia

Cristo en La CruzSanta Zita nació en Lucca, Italia, en 1218, de una familia campesina pobre, pero muy piadosa.
De pequeñita, bastaba que la mamá le dijera: "Esto agrada a Dios", para que la niña lo hiciera. Y bastaba decirle: "Esto no agrada a Nuestro Señor", para que dejara de hacerlo.
A los 12 años, a causa de la pobreza de la familia tuvo que emplearse de sirvienta en una familia rica. El consejo que le dio la mamá al despedirse de ella fue esto: "En tus acciones y palabras debes pensar: ¿Esto agradará a Dios?". Fue un consejo que le ayudó machismo a comportarse bien.
El jefe de la familia donde Zita fue a trabajar, era de temperamento violento y mandaba con gritos y palabras muy humillantes. Todos los empleados protestaban por este trato tan áspero, menos Zita que lo aceptaba de buena gana para asemejarse a Cristo Jesús que fue humillado y ultrajado.
Las demás empleadas le tenían envidia y la humillaban continuamente con palabras hirientes. Pero jamás Zita respondía a sus ofensas ni guardaba rencor o resentimiento. Los obreros se disgustaban porque ella demostraba aversión a las palabras groseras y a los cuentos inmorales. La tildaban de "besaladrillos" y de "beata". Pero con el correr de los años, todos se fueron dando cuenta de que era una verdadera santa, una gran amiga de Dios.Santa Zita
Era la más consagrada a sus oficios en toda esa inmensa casa y repetía que una piedad que lo lleva a uno a descuidar los deberes y oficios que tiene que cumplir, no es verdadera piedad.
Un hombre quiso irrespetarla en su castidad, y ella le arañó la cara, y lo hizo alejarse. El otro fue con calumnias ante el dueño de la casa y éste la insultó horriblemente. Zita no dijo ni una sola palabra para defenderse. Dejaba a Dios que se encargara de su defensa. Y después se supo toda la verdad y el patrón tuvo que arrepentirse del trato tan injusto que le había dado y creció enormemente su aprecio por aquella humilde sirvienta.
El dinero de su sueldo lo gastaba casi todo en ayudar a los pobres. Dormía en una estera en el puro suelo porque su catre y colchón los había regalado a una familia muy necesitada.
Un día en pleno invierno con varios grados bajo cero, la señora de la casa le prestó su manto de lana para que fuera al templo a oír misa. Pero en la puerta del templo encontró a un pobre tiritando de frío y le dejó el manto. Al volver a casa fue terriblemente regañada por haber dado aquella tela, pero poco después apareció en la puerta de la casa un señor misterioso a traer un hermoso manto de lana. Y no quiso decir quién era él. La gente decía: "Un ángel del Señor vino a visitarnos".
Un día llevaba para los pobres entre los pliegues de su delantal, todo lo que había sobrado del almuerzo, y por el camino se encontró con el furioso jefe de la casa, el cual le preguntó: - ¿Qué lleva ahí?. Ella abrió el delantal y solamente apareció allí un montón de flores.
En época de gran escasez y hambre Zita repartió entre los más pobres unos costales de grano que había en la despensa. Cuando llegó el furibundo capataz de la casa a contar cuántos costales de grado quedaban en el granero, la santa se puso a rezar a Dios para que le solucionara aquel problema. El hombre encontró allí todos los costales de grano. No faltaba ni uno solo. Y nadie se pudo explicar cómo ni cuándo fueron repuestos los que la joven había repartido entre los pobres.
Cuando le quedaba un día libre, lo empleaba en visitar pobres, enfermos y presos, en ayudar a los condenados a muerte.
Estuvo 48 años de sirvienta, demostrando que en cualquier oficio y profesión que sea del agrado de Dios, se puede llegar a una gran santidad.
Murió el 27 de abril de 1278.
Fueron tantos los milagros que se obraron por su intercesión que el Papa Inocencio XII la declaró santa. Y su cuerpo se conservaba incorrupto cuando fue sacado del sepulcro, más de 300 años después de su muerte.
Todavía son miles y miles los peregrinos que van a visitar el sepulcro y el templo de Santa Zita. Y ella sigue dándonos esta gran lección: que en un trabajo humilde se puede ganar una gran gloria para el cielo.

lunes, 26 de abril de 2010

Santo Tomas de Aquino y el Tantum Ergo

Discipulo de San Ignacio de Loyola , San Roberto

-San Toribio de Mogrovejo

El X Congreso Eucarístico Nacional


Congreso Eucarístico Nacional en Toledo (Mayo, 2010): Dicen nuestros Obispos
Al finalizar la última Asamblea Plenaria nuestros Obispos publicaron un Mensaje sobre el Congreso eucarístico nacional que tendrá lugar en Toledo del 27 al 30 de mayo. Conscientes de la importancia de un acto así, del impulso evangelizador que puede tener, y el hecho mismo de reunirse la Iglesia en España para celebrar a Cristo-Eucaristía, preparémonos para este Congreso, oremos por él y por sus frutos, y en la medida de lo posible, asistamos.

Decían nuestros Obispos:


"Queridos hermanos:

“La Eucaristía, presencia salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual, es de lo más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por la historia”. (Ecclesia de Eucharistia, 9). Para profundizar en su conocimiento, revitalizar la celebración y la adoración eucarísticas, y vivir la Eucaristía como signo de caridad, los Pastores de la Iglesia en España os invitamos a todos a participar en el X Congreso Eucarístico Nacional, que tendrá lugar en Toledo del 27 al 30 del próximo mes de mayo. Jesucristo, que se entrega por entero en el sacrificio eucarístico, es nuestro alimento y compañía permanente, en el sacramento del amor; un amor que llega hasta el extremo y no conoce medida.



La Conferencia Episcopal Española, siguiendo el itinerario marcado por su Plan Pastoral 2006-2010, cuyo título es precisamente “Yo soy el pan de vida” (Jn. 6, 35), se dispone a celebrar un Congreso Eucarístico que ayude a los católicos españoles a vivir la Eucaristía que nos dejó el Señor, con una mayor intensidad. De este modo, la contemplación, la evangelización que transmite la fe, la vivencia de la esperanza y el servicio de la caridad se fortalecerán en el pueblo cristiano.

Este será el X Congreso Eucarístico Nacional que se celebre en España. El último tuvo lugar en Santiago de Compostela, cuyo lema: “La Eucaristía, alimento del pueblo peregrino”, despierta ahora para nosotros, en pleno Año Santo Jubilar, un eco especial.
El Congreso se ofrece a todos los fieles cristianos, pero los obispos españoles deseamos que llegue sobre todo a los jóvenes. Por eso, el lema está tomado del Salmo 43,4: “Me acercaré al altar de Dios, la alegría de mi juventud”, para poner a los jóvenes también como destinatarios, con la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 en el horizonte. Las palabras del Salmo expresan así mismo que en el creyente hay un profundo deseo de paz y de unidad cuando accede a la fuente de la vida eterna, a la alegría definitiva que hace exclamar al salmista: “Como busca la cierva las corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Señor Dios mío” (Salmo 42, 3)".

domingo, 25 de abril de 2010

Mensaje de amor que el Sagrado Corazón de Jesús lanza al mundo para salvarlo.

Mientras el mundo se atomiza y desintegra por el odio de los hombres y de los pueblos, Jesucristo quiere renovarlo y salvarlo por el amor.

Quiere que se eleven hacia el cielo llamas de amor que neutralicen las llamas del odio y del egoísmo.

A tal efecto, enseñó a Sor M. Consolata Bertrone un Acto de Amor sencillísimo que debía repetir frecuentemente, prometiéndole que cada Acto de Amor salvaría el alma de un pecador y que repararía mil blasfemias.



La fórmula de este Acto es:

"Jesús, María, os amo, salvad las almas"



Allí están los tres amores: Jesús, María, las almas que tanto ama Nuestro Señor y no quiere que se pierdan, habiendo por ellas derramado Su Sangre.

Le decía Jesús: "Piensa en Mí y en las almas. En Mí, para amarme; en las almas para salvarlas (22 de agosto de 1934). Añadía: la renovación de este Acto debe ser frecuente, incesante: Día por día, hora por hora, minuto por minuto"(21 de mayo de 1936).

"Consolata, di a las almas que prefiero un Acto de amor a cualquier otro don que pueda ofrecerme"... "Tengo sed de amor"... (16 de diciembre de 1935).

Este Acto señala el camino del cielo. Con él cumplimos con el mandamiento principal de la Ley: “Amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente"... y a tu prójimo como a ti mismo.

Con este continuo Acto de Amor damos a Dios lo más excelente: que es amor a las almas. Con esta Jaculatoria nos podemos comunicar constantemente con Dios. Cada hora, cada minuto, es decir, siempre que lo queremos. Y lo podemos hacer sin esfuerzo, con facilidad. Es una oración perfecta; muy fácil para un sabio como para un ignorante. Tan fácil para un niño como para un anciano; cualquiera que sea puede elevarse a Dios mediante esta forma. Hasta un moribundo puede pronunciarla más con el corazón que con los labios.

Esta oración comprende todo:

Las almas del Purgatorio, las de la Iglesia militante, las almas inocentes, los pecadores, los moribundos, los paganos, todas las almas. Con ella podemos pedir la conversión de los pecadores, la unión de las Iglesias, por la santificación de los sacerdotes, por las vocaciones del estado sacerdotal y religioso. En un acto subido de amor a Dios y a la Santísima Virgen María y puede decidir la salvación de un moribundo, reparar por mil blasfemias, como ha dicho Jesús a Sor Consolata, etc., etc.

"¿Quieres hacer penitencia? ¡Ámame!", dijo Nuestro Señor a Sor Consolata. A propósito, recordemos las palabras de Jesucristo al Fariseo Simón sobre Magdalena penitente: "Le son perdonados muchos pecados, porque ha amado mucho".

Un "Jesús, María, os amo, salvad las almas" pronunciado al levantarse, nos hará sonreír durante el día; nos ayudará a cumplir mejor nuestros deberes, en la oficina, en el campo, en la calle, etc. Se pronuncia con facilidad, sin distraerse y con agrado.

Un "Jesús, María, os amo, salvad las almas", santifica los sudores, suaviza las penas. Convierte la tristeza en alegría. Sostiene y consuela luchas de la vida. Ayuda en las tentaciones. Hace agradable el trabajo. Convierte en alegría el llanto. Fortalece y consuela en las enfermedades. Y trae las bendiciones sobre los trabajos y sobre las familias.

Un "Jesús, María, os amo, salvad las almas". Ayudará a calmar tu indignación, a convertir tu ira en mansedumbre. Sabrás mostrarte benévolo al que te ofende. Devolver bien por mal. Conduce a efectos nobles; palabras verdaderas, obras grandes y sacrificios heroicos, iluminará tu entendimiento con luces sobrenaturales; estimulará el bien, retraerá el mal. Obtendrá el arrepentimiento al pecador; en el justo avivará la fe y le hará suspirar por la felicidad eterna.

Dios merece ser amado por ser nuestro Sumo Bien. Esta Jaculatoria es un dulce cántico para Jesús y María.

¡Cuán dulce es repetirlo frecuentemente! ¡Cuán agradable es avivar el fuego de amor a Dios!

Y habiéndolo pronunciado millares de veces durante tu vida, ¡cuán alegre será tu hora de la muerte, y qué gozosa volará tu alma al abrazo de Jesús y María en el cielo!

Dijo Jesús a Sor Consolata:

"Recuerda que un Acto de amor decide la salvación eterna de un alma y, vale como reparación de mil blasfemias. Sólo en el cielo conocerás su valor y fecundidad para salvar almas".

"No pierdas tiempo, todo Acto de amor es un alma". Cuando tengas tiempo libre y no tengas otra cosa que hacer, toma tu corona del Rosario en tus manos y a cada cuenta repite: "Jesús, María, os amo, salvad las almas"... En cuatro o cinco minutos habrás hecho pasar por tus dedos todas las cuentas y habrás salvado 55 almas de pecadores, habrás reparado por 55.000 blasfemias.

Dice San Agustín: "Quien salva un alma, asegura su propia salvación", y quien salva centenares y millares y hasta millones de almas, con un medio tan fácil y tan sencillo, sin salir de su casa, ¿que premio no tendrá en el cielo?

Nuestro Señor le pedía a Sor Consolata que repitiera frecuentemente ese acto de amor hasta ser incesante, es decir, continuamente, porque continuamente van muchas almas al infierno porque no hay quién las salve... Repitamos todo lo que podamos este Acto de amor: "JESÚS, MARIA, OS AMO SALVAD LAS ALMAS", para que sean muchas las almas que arranquemos al infierno para hacerlas felices eternamente en el cielo. Las almas que salvamos con este Acto de Amor, será un día nuestra corona de gloria en el cielo.

Cuando uno está ocupado con trabajos manuales, se puede repetir este Acto de Amor con la mente y tiene su mismo valor como lo dijo un día Nuestro Señor Jesucristo a Sor Consolata.

Y nosotros por qué no podríamos hacer lo mismo en lugar de perder un tiempo tan precioso en charlas inútiles; repitamos frecuentemente este Acto de Amor, y así acumularemos tesoros preciosísimos para el Cielo.

Los que se salvaron están en el cielo por haber amado a Dios. Los grados de gloria en el cielo se miden por la intensidad del amor que las almas practicaron en la vida.

Sólo entonces nos daremos cuenta de lo que vale un Acto de Amor y de su fecundidad en salvar almas.

Sor Consolata le pidió un día a Jesús: "Jesús enséñame a orar". Y he aquí la Divina respuesta: "¿No sabes orar? ¿Hay acaso oración más hermosa y que sea más grata que el Acto de Amor?"

Aclaración:

Transcribo aquí la pregunta que hice sobre este Acto de Amor, y la respuesta que me dieron las religiosas:



PREGUNTA:

Quisiera saber si la promesa de salvar un alma y reparar por 1000 blasfemias que tiene cada acto de amor "Jesús Maria os amo salvad las almas" es valido también si la repito yo o cualquier persona.

Muchas gracias



RESPUESTA:

Querido Cesar, la promesa de salvar un alma y reparar por 1000 blasfemias que tiene cada acto de amor "Jesús Maria os amo salvad las almas" es valido si tu estás en gracia de Dios.

Para ser una alma pequeñísima no hay que cumplir con ninguna formalidad especial, es suficiente vivir la vida de amor que Jesús ha enseñado a Sor Consolata. Un alma pequeñísima es un alma que quiere amar a Jesús y, como bien sabes, no se puede pensar de amar a Jesús sino cumpliendo todo lo que El quiere, viviendo evangélicamente, frecuentando los sacramentos, sobre todo la confesión frecuente, participando en la Santa Misa, al menos el domingo, rezando diariamente, en fin, viviendo y siendo un buen cristiano.

El pequeño camino de amor es para todas las categorías de personas que se sientan llamadas a caminar en esta vía, incluso para los niños.

Unidas en oración en el Sagrado Corazón de Jesús

Jesús, María os amo, salvad almas!

Las Hermanas Clarisas Capuchinas

Sueño de San Juan Bosco:

LAS DOS COLUMNAS

(Memorias Biográficas de San Juan Bosco, Tomo VII, págs. 169-171)

El 26 de mayo de 1862 Don Bosco había prometido a sus jóvenes que les narraría algo muy agradable en los últimos días del mes. El 30 de mayo, pues, por la noche les contó una parábola o semejanza según él quiso denominarla. He aquí sus palabras: «Os quiero contar un sueño. Es cierto que el que sueña no razona; con todo, yo que os contaría a Vosotros hasta mis pecados si no temiera que salieran huyendo asustados, o que se cayera la casa, se lo voy a contar para su bien espiritual. Este sueño lo tuve hace algunos días. Figúrense que están conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escollo aislado, desde el cual no ven más tierra que la que tienen debajo de los pies. En toda aquella superficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas terminan en un afilado espolón de hierro a modo de lanza que hiere y traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar. Dichas naves están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros (televisión, radio, internet, cine, teatro, prensa), y se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos hacerle el mayor daño posible.

A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas navecillas que de ella reciben las órdenes, realizando las oportunas maniobras para defenderse de la flota enemiga. El viento le es adverso y la agitación del mar favorece a los enemigos. En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distante la una de la otra. Sobre una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción: Auxilium Christianorum. Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: Salus credentium. El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pontífice, al apreciar el furor de los enemigos y la situación apurada en que se encuentran sus leales, piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la conducta a seguir. Todos los pilotos suben a la nave capitaneada y se congregan alrededor del Papa. Celebran consejo; pero al comprobar que el viento arrecia cada vez más y que la tempestad es cada vez más violenta, son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves respectivas.

Restablecida por un momento la calma, el Papa reúne por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana continúa su curso; pero la borrasca se torna nuevamente espantosa. El Pontífice empuña el timón y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos columnas, de cuya parte superior todo en redondo penden numerosas áncoras y gruesas argollas unidas a robustas cadenas. Las naves enemigas dispónense todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla. Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo; otras con los cañones, con los fusiles, con los espolones: el combate se torna cada vez más encarnizado. Las proas enemigas chocan contra ella violentamente, pero sus esfuerzos y su ímpetu resultan inútiles. En vano reanudan el ataque y gastan energías y municiones: la gigantesca nave prosigue segura y serena su camino. A veces sucede que por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura; pero apenas producido el daño, sopla un viento suave de las dos columnas y las vías de agua se cierran y las brechas desaparecen.

Disparan entretanto los cañones de los asaltantes, y al hacerlo revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, encendidos de furor comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate. Cuando he aquí que el Papa cae herido gravemente. Inmediatamente los que le acompañan acuden a ayudarle y le levantan. El Pontífice es herido una segunda vez, cae nuevamente y muere. Un grito de victoria y de alegría resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de sus naves reina un júbilo indecible. Pero apenas muerto el Pontífice, otro ocupa el puesto vacante. Los pilotos reunidos lo han elegido inmediatamente; de suerte que la noticia de la muerte del Papa llega con la de la elección de su sucesor. Los enemigos comienzan a desanimarse. El nuevo Pontífice, venciendo y superando todos los obstáculos, guía la nave hacia las dos columnas, y al llegar al espacio comprendido entre ambas, la amarra con una cadena que pende de la proa a un áncora de la columna que ostenta la Hostia; y con otra cadena que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra áncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada. Entonces se produce una gran confusión.

Todas las naves que hasta aquel momento habían luchado contra la embarcación capitaneada por el Papa, se dan a la huida, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente. Unas al hundirse procuran hundir a las demás. Otras navecillas que han combatido valerosamente a las órdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan amarradas. Otras naves, que por miedo al combate se habían retirado y que se encuentran muy distantes, continúan observando prudentemente los acontecimientos, hasta que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas, llegando a las cuales se aseguran a los garfios pendientes de las mismas y allí permanecen tranquilas y seguras, en compañía de la nave capitana ocupada por el Papa. En el mar reina una calma absoluta. Al llegar a este punto del relato, San Juan Bosco preguntó a Beato Miguel Rúa: —¿Qué piensas de esta narración? Beato Miguel Rúa contestó: —Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es Cabeza: las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo. Los que defienden a la embarcación del Pontífice son los leales a la Santa Sede; los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan aniquilarla.

Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoción a María Santísima y al Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Beato Miguel Rúa no hizo referencia al Papa caído y muerto y San Juan Bosco nada dijo tampoco sobre este particular. Solamente añadió: —Has dicho bien. Solamente habría que corregir una expresión. Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan días difíciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación a lo que tiene que suceder. Los enemigos de la Iglesia están representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen. ¡Sólo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto! Devoción a María Santísima. Frecuencia de Sacramentos: Comunión frecuente, empleando todos los recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los demás siempre y en todo momento. ¡Buenas noches! Las conjeturas que hicieron los jóvenes sobre este sueño fueron muchísimas, especialmente en lo referente al Papa; pero Don Bosco no añadió ninguna otra explicación. Cuarenta y ocho años después —en A.D. 1907— el antiguo alumno, canónigo Don Juan Ma. Bourlot, recordaba perfectamente las palabras de San Juan Bosco. Hemos de concluir diciendo que César Chiala y sus compañeros, consideraron este sueño como una verdadera visión o profecía.

viernes, 23 de abril de 2010

Homenaje filial de desagravio a Su Santidad Benedicto XVI


Ubi Petrus, ibi Ecclesia

Homenaje filial de desagravio a Su Santidad Benedicto XVI

En las últimas semanas, Su Santidad Benedicto XVI ha sido blanco de una odiosa campaña de ataques a propósito de los abusos cometidos por sacerdotes contra menores de edad, que el Papa se ha esforzado notoriamente en investigar, castigar y reparar.

Con el apoyo pernicioso de ciertos sectores de la prensa y de grupos que se ufanan en atacar todo lo que se refiere a Dios y a la Iglesia, este verdadero “tsunami publicitario” busca ultrajar la dignidad y la santidad de la Cátedra de Pedro, para minar la influencia de la Iglesia en la sociedad.
Por eso le invitamos a enviar su firma de apoyo y desagravio al Santo Padre.

Es necesario mostrar a los perseguidores de la Iglesia que no pueden contar con nuestra omisión o indiferencia.

Vea aquí cómo Ud. puede firmar este desagravio a Benedicto XVI ante los ataques y calumnias de las últimas semanas.

Después de enviar la carta, vuelva a esta página y recomiéndela a sus amigos para que ellos puedan participar. Para hacerlo, pulse el vínculo “Recomiende esta página” y rellene el formulario. Puede repetir la operación para enviar a más gente.

jueves, 22 de abril de 2010

COMO SE HA DE HACER LA CONFESION GENERAL. San Francisco de Sales nos da consejos

He aquí, pues, amada Filotea, las meditaciones que se requieren para nuestro objeto. Una vez hechas, ve, con espíritu de humildad, a hacer tu confesión general; pero te ruego que no te dejes perturbar por ninguna aprensión. El escorpión, que nos ha herido, es venenoso cuando nos pica, pero, una vez reducido a aceite, es un remedio contra su propia picadura. Sólo cuando lo cometemos, es vergonzoso el pecado, pero, al convertirse en confesión y en penitencia, es honroso y saludable. La confesión y la contrición son tan bellas y de tan buen olor, que borran la fealdad y disipan el hedor del pecado. Simón el leproso dijo que Magdalena era pecadora, pero Nuestro Señor dijo que no, y ya no habló de otra cosa sino de los perfumes que derramó y de la grandeza de su amor. Si somos humildes, Filotea, nuestro pecado nos desagradará infinitamente, porque es ofensa de Dios; pero la acusación de nuestro pecado nos será dulce y amable, porque Dios es honrado en ella: decir al médico lo que nos molesta es, en cierta manera, un alivio. Cuando llegues a la presencia de tu padre espiritual, imagínate que te encuentras en la montaña del Calvario, a los pies de Jesucristo crucíficado, destilando por todas partes su preciosísima sangre, para lavar tus iniquidades; porque, aunque no sea la propia sangre del Salvador, es, empero, el mérito de su sangre derramada el que rocía abundantemente a los penitentes, alrededor de los confesionarios. Abre, pues, bien tu corazón, para que salgan de él los pecados, por la confesión, porque, conforme vayan saliendo, entrarán en él los méritos de la pasión divina para llenarlo de bendiciones.

Pero dilo todo sencilla e ingenuamente, tranquilizando de una vez tu conciencia. Y, hecho esto, escucha los avisos y lo que ordene el siervo de Dios, y di de todo corazón: «Habla, Señor, que tu sierva escucha». Sí, Fílotea, es Dios a quien escuchas, pues Él ha dicho a sus representantes: «El que a vosotros oye, a Mí me oye». Toma después, en tu mano, la siguiente promesa, que es el remate de toda tu contrición y que has de haber meditado y considerado antes; léela atentamente y con todo el sentimiento que te sea posible.

miércoles, 21 de abril de 2010

Cardenal Nguyen van Thuân: En un campo de concentración



Quiero rendirle homenanje a este Sacerdote Obispo Cardenal santo . Su vida fue un camino de esperanza.




Testigos de esperanza

Cuando en 1975 me metieron en la cárcel, se abrió camino dentro de mí una pregunta angustiosa: " ¿Podré seguir celebrando la Eucaristía?". Fue la misma pregunta que más tarde me hicieron los fieles. En cuento me vieron, me preguntaron: "¿Ha podido celebrar la Santa misa?".

En el momento en que vino a faltar todo, la Eucaristía estuvo en la cumbre de nuestros pensamientos: el pan de vida. "Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la villa del mundo" (Jn 6, 51).

¡Cuántas veces me acordé de la frase de los mártires de Abitene (s. IV), que decían: Sine Dominico non possumus! "¡No podemos vivir sin la celebración de la Eucaristía! ".

En todo tiempo, y especialmente en época de persecución, la Eucaristía ha sido el secreto de la villa de los cristianos: la comida de los testigos, el pan de la esperanza.

Eusebio de Cesarea recuerda que los cristianos no dejaban de celebrar la Eucaristía ni siquiera en medio de las persecuciones: "Cada lugar donde se sufría era para nosotros un sitio para celebrar..., ya fuese un campo, un desierto, un barco, una posada, una prisión...". El Martirologio del siglo XX está lleno de narraciones conmovedoras de celebraciones clandestinas de la Eucaristía en campos de concentración. ¡Porque sin la Eucaristía no podemos vivir la vida de Dios!


"En memoria mía"

En la última cena, Jesús vive el momento culminante de su experiencia terrena: la máxima entrega en el amor al Padre y a nosotros expresada en su sacrificio, que anticipa en el cuerpo entregado y en la sangre derramada.

Él nos deja el memorial de este momento culminante, no de otro, aunque sea espléndido y estelar, como la transfiguración o uno de sus milagros. Es decir, deja en la Iglesia el memorial presencia de ese momento supremo del amor y del dolor en la cruz, que el Padre hace perenne y glorioso con la resurrección. Para vivir de Él, para vivir y morir como Él.

Jesús quiere que la Iglesia haga memoria de El y viva sus sentimientos y sus consecuencias a través de su presencia viva. "Haced esto en memoria mía" (cf. I Co 11, 25).

Vuelvo a mi experiencia. Cuando me arrestaron, tuve que marcharme enseguida, con las manos vacías. Al día siguiente me permitieron escribir a los míos, para pedir lo más necesario: ropa, pasta de dientes... Les puse: "Por favor, enviadme un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago". Los fieles comprendieron enseguida.

Me enviaron una botellita de vino de misa, con la etiqueta: "medicina contra el dolor de estómago", y hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.

La policía me preguntó:

–¿Le duele el estómago?

–Sí.

–Aquí tiene una medicina para usted.

Nunca podré expresar mi gran alegría: diariamente, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebré la misa. ¡Éste era mi altar y ésta era mi catedral! Era la verdadera medicina del alma y del cuerpo: "Medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo", como dice Ignacio de Antioquía.

A cada paso tenía ocasión de extender los brazos y clavarme en la cruz con Jesús, de beber con él el cáliz más amargo. Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las misas más hermosas de mi vida!


Quien come de mí vivirá por mí

Así me alimenté durante años con el pan de la vida y el cáliz de la salvación.

Sabemos que el aspecto sacramental de la comida que alimenta y de la bebida que fortalece sugiere la vida que Cristo nos da y la transformación que él realiza: "El efecto propio de la Eucaristía es la transformación del hombre en Cristo", afirman los Padres. Dice León Magno: "La participación en el cuerpo y la sangre de Cristo no hace otra cosa que transformarnos en lo que tomamos". Agustín da voz a Jesús con esta frase: "Tú no me cambiarás en ti, como la comida de la carne, sino que serás transformado en mí". Mediante la Eucaristía nos hacemos ?como dice Cirilo de Jerusalén? "concorpóreos y consanguíneos con Cristo". Jesús vive en nosotros y nosotros en Él, en una especie de "simbiosis" y de mutua inmanencia: Él vive en mí, permanece en mí, actúa a través de mí.


La Eucaristía en el campo de reeducación

Así, en la prisión, sentía latir en mi corazón el corazón de Cristo. Sentía que mi vida era su vida, y la suya era la mía.

La Eucaristía se convirtió para mí y para los demás cristianos en una presencia escondida y alentadora en medio de todas las dificultades. Jesús en la Eucaristía fue adorado clandestinamente por los cristianos que vivían conmigo, como tantas veces ha sucedido en los campos de concentración del siglo XX.

En el campo de reeducación estábamos divididos en grupos de 50 personas; dormíamos en un lecho común; cada uno tenía derecho a 50 cm. Nos arreglamos para que hubiera cinco católicos conmigo. A las 21.30 había que apagar la luz y todos tenían que irse a dormir. En aquel momento me encogía en la cama para celebrar la misa, de memoria, y repartía la comunión pasando la mano por debajo de la mosquitera. Incluso fabricamos bolsitas con el papel de los paquetes de cigarrillos para conservar el Santísimo Sacramento y llevarlo a los demás. Jesús Eucaristía estaba siempre conmigo en el bolsillo de la camisa.

Una vez por semana había una sesión de adoctrinamiento en la que tenía que participar todo el campo. En el momento de la pausa, mis compañeros católicos y yo aprovechábamos para pasar un saquito a cada uno de los otros cuatro grupos de prisioneros: todos sabían que Jesús estaba en medio de ellos. Por la noche, los prisioneros se alternaban en turnos de adoración. Jesús eucarístico ayudaba de un modo inimaginable con su presencia silenciosa: muchos cristianos volvían al fervor de la fe. Su testimonio de servicio y de amor producía un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros. Budistas y otros no cristianos alcanzaban la fe. La fuerza del amor de Jesús era irresistible.

Así la oscuridad de la cárcel se hizo luz pascual, y la semilla germinó bajo tierra, durante la tempestad. La prisión se transformó en escuela de catecismo. Los católicos bautizaron a sus compañeros; eran sus padrinos.

En conjunto fueron apresados cerca de 300 sacerdotes. Su presencia en varios campos fue providencial, no sólo para los católicos, sino que fue la ocasión para un prolongado diálogo interreligioso que creó comprensión y amistad con todos.

Así Jesús se convirtió –como decía Santa Teresa de Jesús– en el verdadero "compañero nuestro en el Santísimo Sacramento". Un solo pan, un solo cuerpo. Y Jesús nos ha hecho ser Iglesia. "Porque uno solo es el pan, aun siendo muchos, un solo cuerpo somos, pues todos participamos del mismo pan" (1 Co 10, 17). He ahí la Eucaristía que hace a la Iglesia: el cuerpo eucarístico que nos hace Cuerpo de Cristo. O con la imagen joánica: todos nosotros somos una misma vid, con la savia vital del Espíritu que circula en cada uno y en todos (cf. Jn 15).

Sí, la Eucaristía nos hace uno en Cristo. Cirilo de Alejandría recuerda: "Para fundirnos en unidad con Dios y entre nosotros, y para amalgamarnos unos con otros, el Hijo unigénito... inventó un medio maravilloso: por medio de un solo cuerpo, su propio cuerpo, él santifica a los fieles en la mística comunión, haciéndolos concorpóreos con él y entre ellos".

Somos una sola cosa: ese "uno" que se realiza en la participación en la Eucaristía". El Resucitado nos hace "uno" con Él y con el Padre en el Espíritu. En la unidad realizada por la Eucaristía y vivida en el amor recíproco, Cristo puede tomar en sus manos el destino de los hombres y llevarlos a su verdadera finalidad: un solo Padre y todos hermanos.


Padre nuestro, pan nuestro

Si tomamos conciencia de lo que realiza la Eucaristía, ésta nos hace enlazar inmediatamente las dos palabras de la oración dominical: "Padre nuestro" y "pan nuestro". Da testimonio de ello la Iglesia de los orígenes: "Se mantenían constantes... en la fracción del pan", narran los Hechos de los Apóstoles (2, 42). E indican su reflejo inmediato: "La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común" (Hch 4, 32).

Si Eucaristía y comunión son dos caras inseparables de la misma realidad, esta comunión no puede ser únicamente espiritual. Estamos llamados a dar al mundo el espectáculo de comunidades donde se tenga en común no sólo la fe, sino que se compartan verdaderamente gozos y penas, bienes y necesidades espirituales y materiales.

El ministerio que desarrollo dentro de la Curia Romana al servicio de la justicia y de la paz me hace especialmente sensible a esta instancia. Urge testimoniar que el cuerpo de Cristo es verdaderamente "carne para la vida del mundo".

Todos sabemos cómo, en los dos siglos que acaban de pasar, muchas personas que sentían la exigencia de una verdadera justicia social, al no hallar en el ámbito cristiano un testimonio claro y fuerte, han recurrido a falsas esperanzas. Y todos nosotros hemos asistido a verdaderas tragedias, bien sólo escuchando hablar de ellas, bien pagando personalmente.

En nuestros días el problema social no ha disminuido en absoluto. Desgraciadamente, gran parte de la población mundial sigue viviendo en la miseria más inhumana. Se está caminando hacia la globalización en todos los campos, pero esto puede agravar más que resolver los problemas. Falta un auténtico principio unificador, que una, valorando y no masificando a las personas. Falta el principio de la comunión y de la fraternidad universal: Cristo, pan eucarístico que non hace uno en él y non enseña a vivir según un estilo eucarístico de comunión.

Los cristianos estamos llamados a dar esta aportación esencial. Lo entendieron muy bien los cristianos de los primeros siglos. Leemos en la Didaché: "Pues si sois copartícipes en la inmortalidad, ¿cuánto más en los bienes corruptibles?". Juan Crisóstomo exhorta a estar atentos a la presencia de Cristo en el hermano cuando celebramos la Eucaristía: "Aquel que dijo: "Esto es mi cuerpo"... v que os ha garantizado con su palabra la verdad de las cosas, ha dicho también: lo que os hayáis negado a hacerle al más pequeño, me lo habéis negado a mí". Consciente de ello, Agustín había construido en Hipona una "domus caritatis" cerca de su catedral. Y san Basilio había creado una ciudadela de la caridad en Cesarea. Afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: "La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres: Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (cf. Mt 25, 40)".

Pero la función social de la Eucaristía va más allá. Es necesario que la Iglesia que celebra la Eucaristía sea también capaz de cambiar las estructuras injustas de este mundo en formas nuevas de socialidad, en sistemas económicos donde prevalezca el sentido de la comunión y no del provecho.

Pablo VI acuñó este estupendo programa: "Hacer de la mina una escuela de profundidad espiritual y una tranquila pero comprometida palestra de sociología cristiana".

Jesús, Pan de vida, impulsa a trabajar para que no falte el pan que muchos necesitamos todavía: el pan de la justicia y de la paz, allá donde la guerra amenaza y no se respetan los derechos del hombre, de la familia, de los pueblos; el pan de la verdadera libertad, allí donde no rige una justa libertad religiosa para profesar abiertamente la propia fe; el pan de la fraternidad, donde no se reconoce y realiza el sentido de la comunión universal en la paz y en la concordia; el pan de la unidad entre los cristianos, aún divididos, en camino para compartir el mismo pan y el mismo cáliz.


Tomado de www.unav.es/capellaniauniversitaria
Las citas son de Testigos de esperanza, de Nguyen van Thuan, Edit. Ciudad Nueva, 2000

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