Amigos que pasan y dejan su huella aqui. Gracias por estar .Paz a tu corazon

Recuerda amigo cuando entras a la Casa de Dios pisas Tierra Sagrada.

La Casa de Dios es el lugar más Santo de todo el universo. Cada vez que entres ,recuerda que allí ,vive Jesús en el Sagrario y te espera con AMOR.

Vístete decorosamente, apaga tu celular y ten fe que todo lo que pidas, si eres respetuoso , piadoso en tus actitudes y posturas en el Templo, sera recibido por el Señor con agrado .

Y tu alma ya no será la misma.

Haz silencio. Busca cerrar tus ojos y quédate quieto. Dios esta en su Casa. El Amor puede hablarte íntimamente .

Mi deseo es que Dios se manifieste en ti.


Cristo Resucito, DIOS VIVE ENTRE NOSOTROS

viernes, 23 de abril de 2010

Homenaje filial de desagravio a Su Santidad Benedicto XVI


Ubi Petrus, ibi Ecclesia

Homenaje filial de desagravio a Su Santidad Benedicto XVI

En las últimas semanas, Su Santidad Benedicto XVI ha sido blanco de una odiosa campaña de ataques a propósito de los abusos cometidos por sacerdotes contra menores de edad, que el Papa se ha esforzado notoriamente en investigar, castigar y reparar.

Con el apoyo pernicioso de ciertos sectores de la prensa y de grupos que se ufanan en atacar todo lo que se refiere a Dios y a la Iglesia, este verdadero “tsunami publicitario” busca ultrajar la dignidad y la santidad de la Cátedra de Pedro, para minar la influencia de la Iglesia en la sociedad.
Por eso le invitamos a enviar su firma de apoyo y desagravio al Santo Padre.

Es necesario mostrar a los perseguidores de la Iglesia que no pueden contar con nuestra omisión o indiferencia.

Vea aquí cómo Ud. puede firmar este desagravio a Benedicto XVI ante los ataques y calumnias de las últimas semanas.

Después de enviar la carta, vuelva a esta página y recomiéndela a sus amigos para que ellos puedan participar. Para hacerlo, pulse el vínculo “Recomiende esta página” y rellene el formulario. Puede repetir la operación para enviar a más gente.

jueves, 22 de abril de 2010

COMO SE HA DE HACER LA CONFESION GENERAL. San Francisco de Sales nos da consejos

He aquí, pues, amada Filotea, las meditaciones que se requieren para nuestro objeto. Una vez hechas, ve, con espíritu de humildad, a hacer tu confesión general; pero te ruego que no te dejes perturbar por ninguna aprensión. El escorpión, que nos ha herido, es venenoso cuando nos pica, pero, una vez reducido a aceite, es un remedio contra su propia picadura. Sólo cuando lo cometemos, es vergonzoso el pecado, pero, al convertirse en confesión y en penitencia, es honroso y saludable. La confesión y la contrición son tan bellas y de tan buen olor, que borran la fealdad y disipan el hedor del pecado. Simón el leproso dijo que Magdalena era pecadora, pero Nuestro Señor dijo que no, y ya no habló de otra cosa sino de los perfumes que derramó y de la grandeza de su amor. Si somos humildes, Filotea, nuestro pecado nos desagradará infinitamente, porque es ofensa de Dios; pero la acusación de nuestro pecado nos será dulce y amable, porque Dios es honrado en ella: decir al médico lo que nos molesta es, en cierta manera, un alivio. Cuando llegues a la presencia de tu padre espiritual, imagínate que te encuentras en la montaña del Calvario, a los pies de Jesucristo crucíficado, destilando por todas partes su preciosísima sangre, para lavar tus iniquidades; porque, aunque no sea la propia sangre del Salvador, es, empero, el mérito de su sangre derramada el que rocía abundantemente a los penitentes, alrededor de los confesionarios. Abre, pues, bien tu corazón, para que salgan de él los pecados, por la confesión, porque, conforme vayan saliendo, entrarán en él los méritos de la pasión divina para llenarlo de bendiciones.

Pero dilo todo sencilla e ingenuamente, tranquilizando de una vez tu conciencia. Y, hecho esto, escucha los avisos y lo que ordene el siervo de Dios, y di de todo corazón: «Habla, Señor, que tu sierva escucha». Sí, Fílotea, es Dios a quien escuchas, pues Él ha dicho a sus representantes: «El que a vosotros oye, a Mí me oye». Toma después, en tu mano, la siguiente promesa, que es el remate de toda tu contrición y que has de haber meditado y considerado antes; léela atentamente y con todo el sentimiento que te sea posible.

miércoles, 21 de abril de 2010

Cardenal Nguyen van Thuân: En un campo de concentración



Quiero rendirle homenanje a este Sacerdote Obispo Cardenal santo . Su vida fue un camino de esperanza.




Testigos de esperanza

Cuando en 1975 me metieron en la cárcel, se abrió camino dentro de mí una pregunta angustiosa: " ¿Podré seguir celebrando la Eucaristía?". Fue la misma pregunta que más tarde me hicieron los fieles. En cuento me vieron, me preguntaron: "¿Ha podido celebrar la Santa misa?".

En el momento en que vino a faltar todo, la Eucaristía estuvo en la cumbre de nuestros pensamientos: el pan de vida. "Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la villa del mundo" (Jn 6, 51).

¡Cuántas veces me acordé de la frase de los mártires de Abitene (s. IV), que decían: Sine Dominico non possumus! "¡No podemos vivir sin la celebración de la Eucaristía! ".

En todo tiempo, y especialmente en época de persecución, la Eucaristía ha sido el secreto de la villa de los cristianos: la comida de los testigos, el pan de la esperanza.

Eusebio de Cesarea recuerda que los cristianos no dejaban de celebrar la Eucaristía ni siquiera en medio de las persecuciones: "Cada lugar donde se sufría era para nosotros un sitio para celebrar..., ya fuese un campo, un desierto, un barco, una posada, una prisión...". El Martirologio del siglo XX está lleno de narraciones conmovedoras de celebraciones clandestinas de la Eucaristía en campos de concentración. ¡Porque sin la Eucaristía no podemos vivir la vida de Dios!


"En memoria mía"

En la última cena, Jesús vive el momento culminante de su experiencia terrena: la máxima entrega en el amor al Padre y a nosotros expresada en su sacrificio, que anticipa en el cuerpo entregado y en la sangre derramada.

Él nos deja el memorial de este momento culminante, no de otro, aunque sea espléndido y estelar, como la transfiguración o uno de sus milagros. Es decir, deja en la Iglesia el memorial presencia de ese momento supremo del amor y del dolor en la cruz, que el Padre hace perenne y glorioso con la resurrección. Para vivir de Él, para vivir y morir como Él.

Jesús quiere que la Iglesia haga memoria de El y viva sus sentimientos y sus consecuencias a través de su presencia viva. "Haced esto en memoria mía" (cf. I Co 11, 25).

Vuelvo a mi experiencia. Cuando me arrestaron, tuve que marcharme enseguida, con las manos vacías. Al día siguiente me permitieron escribir a los míos, para pedir lo más necesario: ropa, pasta de dientes... Les puse: "Por favor, enviadme un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago". Los fieles comprendieron enseguida.

Me enviaron una botellita de vino de misa, con la etiqueta: "medicina contra el dolor de estómago", y hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.

La policía me preguntó:

–¿Le duele el estómago?

–Sí.

–Aquí tiene una medicina para usted.

Nunca podré expresar mi gran alegría: diariamente, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebré la misa. ¡Éste era mi altar y ésta era mi catedral! Era la verdadera medicina del alma y del cuerpo: "Medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo", como dice Ignacio de Antioquía.

A cada paso tenía ocasión de extender los brazos y clavarme en la cruz con Jesús, de beber con él el cáliz más amargo. Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las misas más hermosas de mi vida!


Quien come de mí vivirá por mí

Así me alimenté durante años con el pan de la vida y el cáliz de la salvación.

Sabemos que el aspecto sacramental de la comida que alimenta y de la bebida que fortalece sugiere la vida que Cristo nos da y la transformación que él realiza: "El efecto propio de la Eucaristía es la transformación del hombre en Cristo", afirman los Padres. Dice León Magno: "La participación en el cuerpo y la sangre de Cristo no hace otra cosa que transformarnos en lo que tomamos". Agustín da voz a Jesús con esta frase: "Tú no me cambiarás en ti, como la comida de la carne, sino que serás transformado en mí". Mediante la Eucaristía nos hacemos ?como dice Cirilo de Jerusalén? "concorpóreos y consanguíneos con Cristo". Jesús vive en nosotros y nosotros en Él, en una especie de "simbiosis" y de mutua inmanencia: Él vive en mí, permanece en mí, actúa a través de mí.


La Eucaristía en el campo de reeducación

Así, en la prisión, sentía latir en mi corazón el corazón de Cristo. Sentía que mi vida era su vida, y la suya era la mía.

La Eucaristía se convirtió para mí y para los demás cristianos en una presencia escondida y alentadora en medio de todas las dificultades. Jesús en la Eucaristía fue adorado clandestinamente por los cristianos que vivían conmigo, como tantas veces ha sucedido en los campos de concentración del siglo XX.

En el campo de reeducación estábamos divididos en grupos de 50 personas; dormíamos en un lecho común; cada uno tenía derecho a 50 cm. Nos arreglamos para que hubiera cinco católicos conmigo. A las 21.30 había que apagar la luz y todos tenían que irse a dormir. En aquel momento me encogía en la cama para celebrar la misa, de memoria, y repartía la comunión pasando la mano por debajo de la mosquitera. Incluso fabricamos bolsitas con el papel de los paquetes de cigarrillos para conservar el Santísimo Sacramento y llevarlo a los demás. Jesús Eucaristía estaba siempre conmigo en el bolsillo de la camisa.

Una vez por semana había una sesión de adoctrinamiento en la que tenía que participar todo el campo. En el momento de la pausa, mis compañeros católicos y yo aprovechábamos para pasar un saquito a cada uno de los otros cuatro grupos de prisioneros: todos sabían que Jesús estaba en medio de ellos. Por la noche, los prisioneros se alternaban en turnos de adoración. Jesús eucarístico ayudaba de un modo inimaginable con su presencia silenciosa: muchos cristianos volvían al fervor de la fe. Su testimonio de servicio y de amor producía un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros. Budistas y otros no cristianos alcanzaban la fe. La fuerza del amor de Jesús era irresistible.

Así la oscuridad de la cárcel se hizo luz pascual, y la semilla germinó bajo tierra, durante la tempestad. La prisión se transformó en escuela de catecismo. Los católicos bautizaron a sus compañeros; eran sus padrinos.

En conjunto fueron apresados cerca de 300 sacerdotes. Su presencia en varios campos fue providencial, no sólo para los católicos, sino que fue la ocasión para un prolongado diálogo interreligioso que creó comprensión y amistad con todos.

Así Jesús se convirtió –como decía Santa Teresa de Jesús– en el verdadero "compañero nuestro en el Santísimo Sacramento". Un solo pan, un solo cuerpo. Y Jesús nos ha hecho ser Iglesia. "Porque uno solo es el pan, aun siendo muchos, un solo cuerpo somos, pues todos participamos del mismo pan" (1 Co 10, 17). He ahí la Eucaristía que hace a la Iglesia: el cuerpo eucarístico que nos hace Cuerpo de Cristo. O con la imagen joánica: todos nosotros somos una misma vid, con la savia vital del Espíritu que circula en cada uno y en todos (cf. Jn 15).

Sí, la Eucaristía nos hace uno en Cristo. Cirilo de Alejandría recuerda: "Para fundirnos en unidad con Dios y entre nosotros, y para amalgamarnos unos con otros, el Hijo unigénito... inventó un medio maravilloso: por medio de un solo cuerpo, su propio cuerpo, él santifica a los fieles en la mística comunión, haciéndolos concorpóreos con él y entre ellos".

Somos una sola cosa: ese "uno" que se realiza en la participación en la Eucaristía". El Resucitado nos hace "uno" con Él y con el Padre en el Espíritu. En la unidad realizada por la Eucaristía y vivida en el amor recíproco, Cristo puede tomar en sus manos el destino de los hombres y llevarlos a su verdadera finalidad: un solo Padre y todos hermanos.


Padre nuestro, pan nuestro

Si tomamos conciencia de lo que realiza la Eucaristía, ésta nos hace enlazar inmediatamente las dos palabras de la oración dominical: "Padre nuestro" y "pan nuestro". Da testimonio de ello la Iglesia de los orígenes: "Se mantenían constantes... en la fracción del pan", narran los Hechos de los Apóstoles (2, 42). E indican su reflejo inmediato: "La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común" (Hch 4, 32).

Si Eucaristía y comunión son dos caras inseparables de la misma realidad, esta comunión no puede ser únicamente espiritual. Estamos llamados a dar al mundo el espectáculo de comunidades donde se tenga en común no sólo la fe, sino que se compartan verdaderamente gozos y penas, bienes y necesidades espirituales y materiales.

El ministerio que desarrollo dentro de la Curia Romana al servicio de la justicia y de la paz me hace especialmente sensible a esta instancia. Urge testimoniar que el cuerpo de Cristo es verdaderamente "carne para la vida del mundo".

Todos sabemos cómo, en los dos siglos que acaban de pasar, muchas personas que sentían la exigencia de una verdadera justicia social, al no hallar en el ámbito cristiano un testimonio claro y fuerte, han recurrido a falsas esperanzas. Y todos nosotros hemos asistido a verdaderas tragedias, bien sólo escuchando hablar de ellas, bien pagando personalmente.

En nuestros días el problema social no ha disminuido en absoluto. Desgraciadamente, gran parte de la población mundial sigue viviendo en la miseria más inhumana. Se está caminando hacia la globalización en todos los campos, pero esto puede agravar más que resolver los problemas. Falta un auténtico principio unificador, que una, valorando y no masificando a las personas. Falta el principio de la comunión y de la fraternidad universal: Cristo, pan eucarístico que non hace uno en él y non enseña a vivir según un estilo eucarístico de comunión.

Los cristianos estamos llamados a dar esta aportación esencial. Lo entendieron muy bien los cristianos de los primeros siglos. Leemos en la Didaché: "Pues si sois copartícipes en la inmortalidad, ¿cuánto más en los bienes corruptibles?". Juan Crisóstomo exhorta a estar atentos a la presencia de Cristo en el hermano cuando celebramos la Eucaristía: "Aquel que dijo: "Esto es mi cuerpo"... v que os ha garantizado con su palabra la verdad de las cosas, ha dicho también: lo que os hayáis negado a hacerle al más pequeño, me lo habéis negado a mí". Consciente de ello, Agustín había construido en Hipona una "domus caritatis" cerca de su catedral. Y san Basilio había creado una ciudadela de la caridad en Cesarea. Afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: "La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres: Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (cf. Mt 25, 40)".

Pero la función social de la Eucaristía va más allá. Es necesario que la Iglesia que celebra la Eucaristía sea también capaz de cambiar las estructuras injustas de este mundo en formas nuevas de socialidad, en sistemas económicos donde prevalezca el sentido de la comunión y no del provecho.

Pablo VI acuñó este estupendo programa: "Hacer de la mina una escuela de profundidad espiritual y una tranquila pero comprometida palestra de sociología cristiana".

Jesús, Pan de vida, impulsa a trabajar para que no falte el pan que muchos necesitamos todavía: el pan de la justicia y de la paz, allá donde la guerra amenaza y no se respetan los derechos del hombre, de la familia, de los pueblos; el pan de la verdadera libertad, allí donde no rige una justa libertad religiosa para profesar abiertamente la propia fe; el pan de la fraternidad, donde no se reconoce y realiza el sentido de la comunión universal en la paz y en la concordia; el pan de la unidad entre los cristianos, aún divididos, en camino para compartir el mismo pan y el mismo cáliz.


Tomado de www.unav.es/capellaniauniversitaria
Las citas son de Testigos de esperanza, de Nguyen van Thuan, Edit. Ciudad Nueva, 2000

lunes, 19 de abril de 2010

Compartiremos poemas, dichos y todo sobre San Juan de la Cruz en este panel


¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!

(San Juan De La Cruz. Poema 3. Obras Completas, p. 56)

Compartiremos en esta entrada frases y dichos de Santa Teresa de Avila.

Hermano te espero participando.
Aqui va una frase compartida de la santa


“Andemos en verdad delante de Dios y de las gentes, en especial no queriendo que nos tengan por mejores de lo que somos, y en nuestras obras dando a Dios lo que es suyo y a nosotras lo que es nuestro y procurando sacar en todo la verdad..Nuestro Señor es tan amigo de la humildad, y la humildad es andar en verdad…plega ...a Dios, nos haga merced de no salir jamás de este propio conocimiento”.

viernes, 16 de abril de 2010

Feliz Cumpleaños Su Santidad Benedicto XVI


Hoy día 16 de abril es el cumpleaños de Su Santidad Benedicto XVI y el día 24 de este mismo mes será el quinto aniversario de la inauguración de su Pontificado.

Nos unimos en oracion con toda la Iglesia y celebramos su dia.
amen


Adriana

martes, 13 de abril de 2010

lunes, 12 de abril de 2010

La voz del Santo Padre Pio de Pietrelcina







DON ARTÉMIDES ZATTI. Un venerable argentino



Beato

El enfermero santo de la Patagonia


Algunos datos biográficos

Nació en Boretto (Reggio Emilia, Italia) el 12 de octu-
bre de 1880.
Llegó a la Argentina como inmigrante, a la ciudad de
Bahía Blanca, con sus padres y hermanos, en 1897.
Ingresó al aspirantado (seminario) salesiano, donde
enfermó de tuberculosis.
Trasladado a Viedma, pidió a la Virgen su curación y
prometió dedicarse a los enfermos que lo rodeaban.
Como Coadjutor Salesiano (laico consagrado) se dedi-
có durante más de 40 años a los enfermos del hospital
San José, de Viedma.
Fue encargado y administrador del hospital, que recibía
enfermos de toda la región, ante la indiferencia, y
a veces la oposición, de las autoridades locales.
Se ocupó celosamente de la salud corporal y espiritual
de todos los enfermos, especialmente de los más pobres.
Murió en Viedma, el 15 de marzo de 1951.

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Don Zatti


Sus restos descansan en el atrio de la parroquia San Juan Bosco de Viedma, en espera
del Día del Señor.
Enseguida se lo empezó a llamar "el enfermero santo de la Patagonia"
y "el pariente de todos los pobres".
Actualmente el hospital municipal de Viedma lleva el nombre de Artémides Zatti.
Lo mismo que una de las calles más importantes de la ciudad.
En la esquina del hospital, un monumento da testimonio del afecto de la población.





Oración para pedir gracias por su intercesión

Señor Jesús.
Tú llamaste a don Zatti, salesiano coadjutor,
para servir a los pobres y necesitados.
Tú le diste la fuerza para entregarse
con alegría y sin descanso a sus hermanos enfermos.
Tú lo hiciste un hombre bueno,
que supo vivir fielmente tu Evangelio
en el trabajo cotidiano y en el sacrificio escondido.
Te pedimos la alegría de verlo brillar en el cielo de tus santos
y de dar también nosotros testimonio de tu Luz.
Te pedimos por su intercesión la gracia de .....................
Amén.

Novena para pedir gracias
1. Rece la oración anterior, con fe y confianza, por 9 días seguidos.
2. Haga cada día una obra de caridad en favor de los enfermos y necesitados.
3. Tome el compromiso de confesarse y comulgar.
4. Si puede, dé a conocer la gracia recibida y colabore con una limosna.





Estado de la Causa de Canonización

En 1976 se solicita a la Conf. Episcopal Argentina la introducción de la Causa.
El 31 de mayo de 1977 el Obispo de Viedma solicita a la Congregación para las
Causas de los Santos la autorización para iniciar la Causa, la cual es concedida
el 1 de junio de 1979.

El 22 de marzo de 1980 se abre el Proceso de Reconocimiento en Viedma.
Y el 24 de mayo de 1981 se eleva lo actuado a la Congregación romana.
El 10 de diciembre se trasladan los restos a la iglesia del Sgdo. Corazón de Jesús,
en la Parroquia San Juan Bosco de Viedma.
En marzo de 1985, tras ser declarado válido el Proceso de Reconocimiento,
la Causa es confiada al Relator General, que termina su informe en junio de 1990.
El 7 de julio de 1997 Artémides Zatti es declarado Venerable.

El 14 de abril de 1998 se establece el Tribunal Eclesiástico en Buenos Aires para
estudiar un presunto milagro. Y el 27 de noviembre la Congregación para las
Causas de los Santos aprueba lo actuado.
El 9 de marzo del año 2000 este milagro es aceptado por los expertos.
El 24 de abril del 2001 el Papa firma el decreto de conclusión de la causa de beatificación.
El 14 de abril de 2002 Artémides Zatti es declarado Beato.
Su fiesta es el 15 de marzo.


Causa de canonización del venerable Artémides Zatti:
* Casilla de correo 52 - (8500) Viedma - Argentina
* Vieytes 150 - (8000) Bahía Blanca - Argentina
* O también puede ponerse en contacto con el Obispado de Viedma

Más información sobre su vida y obra
puede encontrarse en el libro Artémides Zatti, por Néstor Alfredo Noriega, Ed. Didascalia

La dificultad de lo sencillo por un cartujo

Esto es sencillo. Es infinitamente sencillo. Y eso es, tal vez, lo que hace la cosa tan difícil para mí. Se parece un poco a la historia de Naamán el Sirio que estaba dispuesto a someterse a cualquier tipo de pruebas difíciles pero que no aceptaba la idea de que Dios le podía curar tan solo con bañarse en el Jordán fiándose de la palabra de Eliseo.

Me gustaría mucho que me dijeran que la calidad de mi encuentro con Dios es obra mía. Serían mis cualidades, mis virtudes, las que agradarían a Dios y le atraerían a mi corazón. Gracias a mis esfuerzos yo llegaría a ser santo a mis propios ojos y ante los ojos del Todopoderoso. ¿No nos seduciría este programa, a pesar de ser costoso y exigente?

Por el contrario, el camino propuesto por Dios nos desvía tanto que dudamos muchísimo antes de lanzarnos en él y, si empezamos con un paso indeciso, nos quedamos con la impresión de que falta seriedad en nuestro deseo de gustar a Dios.

Sin embargo ¿no es éste el sentido de la primera de las bienaventuranzas? “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el Reino de los cielos” (Mt 5,3). ¿Que Reino es éste sino el que pedimos una y mil veces en el Padrenuestro? “Padre, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino”. El reino que se nos propone es poder glorificar el nombre del Padre; poder decirle que él es verdaderamente nuestro Padre porque nos engendra como a hijos suyos. Pero, para esto, hay que ser pobres y nosotros tenemos miedo. Estamos expuestos a la tentación del joven rico que se retiró hundido en la tristeza porque poseía grandes riquezas. Y aunque todas nuestras riquezas sean falsas, nos sentimos seguros teniéndolas porque en lo más profundo de nosotros mismos tenemos miedo a ser pobres en espíritu.

Tal vez éste es el principal obstáculo que nos disuade de entregarnos a la oración del corazón. Parece que es algo que está por encima de nuestras fuerzas presentarnos ante Dios sin tener nada más para ofrecerle que nuestra pobreza, una pobreza que nos da miedo porque es la de nuestras heridas, nuestra extrema indigencia espiritual, nuestra incapacidad para franquear por nuestras solas fuerzas la distancia que nos separa de la santidad de Dios.

Como hijos nacidos de la fe por un cartujo

A decir verdad, tengo la impresión de que no soy un socio muy atractivo para Dios. ¿Pero es ésta la respuesta que espera de mí? Dios ha enviado a su Hijo para encontrarme a mí, tal y como soy en la realidad que estoy viviendo hoy. Desde este punto hay que intentar tener una mirada de fe de la situación. ¿Consistirá el proyecto de Dios en ponerse en contacto con seres sin tacha, sin defectos y sin debilidades? ¿O más bien nos dice lo contrario? El Padre ha enviado a su Hijo para cogernos sobre sus hombros, perdidos y heridos como estamos, y llevarnos al aprisco donde se puede gozar de la inmensa alegría de ver cómo los pecadores acogen en sus corazones a Jesús.

Nos estamos aproximando paso a paso a lo que constituye la oración teologal: el encuentro en mi ser real de hoy con Dios que viene a mí no para rechazarme ni para condenarme, sino para hacer de mí su hijo nacido en la fe:

“A los que creen en su nombre los ha permitido llegar a ser hijos de Dios” (Jn 1,12).

El tres veces Santo no exige como preámbulo a nuestro encuentro que yo sea perfecto, que tenga obras importantes que ofrecerle ni que sea capaz de servirle en el futuro. Todo esto no le interesa. No me pone ninguna condición. El único elemento indispensable para que el nacimiento se produzca es que yo tenga fe en su amor y que desee sinceramente ser transformado. Si pudiera ofrecerle una huella de esta fe, todo sería posible.

El sacramento del hermano por un cartujo

Muchas veces me acuerdo de otra dificultad tanto en mi vida personal como en la existencia religiosa de los que están a mi alrededor. Aunque las relaciones que mantengamos con nuestro entorno sean cordiales, es difícil afirmar que siempre estamos dispuestos a establecer con ellos verdaderas relaciones de intimidad. Si ocurre así con un hermano mío al que puedo ver ¿cómo no imaginar que este mismo fenómeno no se produce también con Dios al que no veo? Si existe de verdad un lugar donde el sacramento del hermano sea eficaz es en el encuentro auténtico con nuestro amado Señor. La ventaja del sacramento del hermano consiste en que se sitúa en un nivel en el que nos resulta difícil negar un cierto número de evidencias que escapan fácilmente en nuestro corazón cuando intentamos preparar los caminos del Altísimo.

De hecho ¿qué me enseña la experiencia del encuentro con mi hermano? ¿Soy lo suficientemente acogedor como para dejarle penetrar en lo más profundo de mi ser? O, por el contrario, ¿tal vez estoy demasiado protegido, blindado, lleno de rechazos? Esas fortalezas interiores forman parte de mi fisonomía secreta; cumplen pues necesariamente su papel en la oración y son obstáculo para la marcha del Señor en la búsqueda del camino que conduce al santuario íntimo de mi corazón.

Si yo observo la marcha del encuentro con mi hermano en otro sentido, es decir, cuando yo soy la persona que se esfuerza en ir hacia él, ¿soy mejor actor? No lo creo. Estoy pensando por ejemplo en todas las formas de agresividad que instintivamente se movilizan en mí frente a cualquier otro ser humano: muy a menudo adopto una actitud lejana frente a la atención delicada y afectuosa que con razón se espera de mí. A lo mejor esto es una expresión del miedo de otro o mía pero el hecho es que esos reflejos entran en juego en mis relaciones con el hermano y con el Señor.

Perdóname por haber hablado tanto sobre esas observaciones que sin lugar a duda te parecerán fastidiosas o descorazonadoras, pero escucha lo que nos aconseja el mismo Jesús:

“¿Quién de vosotros si quiere edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?” (Lc 14, 28).

Igual ocurre en el presente caso. ¿No parecería una broma pesada hablar de la construcción de una torre para el encuentro íntimo con Dios sin ni siquiera preocuparse por saber si tenemos el terreno libre para echar los cimientos? Es inútil intentar un verdadero encuentro de mi yo con el Padre en la libertad de los hijos de Dios si desde el principio no me doy cuenta de que estoy atado a miles de costumbres, y que liberarme de ellas representaría una tarea bastante dura que, en última instancia, es el Señor el único que puede realizarla completamente.

viernes, 9 de abril de 2010

Santa Teresita del Niño Jesus y los soldados de la primera guerra mundial

...Al comenzar la Primera Guerra Mundial en 1914, ¡Santa Teresa apareció unas 40 veces en varios campo de batalla, algunas veces llevando una cruz en su mano, otras un sable! Los soldados la vieron; ella habla con ellos tranquilamente, resuelve sus dudas, vence sus tentaciones y calma sus temores. Ella los protege, los consuela y los convierte.

Los soldados franceses la invocaban como “mi pequeña hermana de las trincheras“, “el ángel de las batallas” y “mi querido pequeño Capitán“. Un soldado escribió, “De hecho, esa gentil Santa será la gran heroína de esta guerra“. Otro comentó, “Pienso en ella cuando truena el cañón con gran estruendo“.

Son innumerables las piezas de artillería y los aviones bautizados con el nombre de Hermana Teresa; regimientos enteros fueron consagrados a ella. En su convento de Lisieux, se encuentran Incontables reliquias de la santa que detuvieron milagrosamente balas de fusil como un real escudo, salvando las vidas de los soldados que las portaban. Ellas son un testimonio de los grandes prodigios de aquella que, de hecho, “murió con las armas en la mano“. [11]

Autor: Luis C. Azevedo
extraido
http://santateresitadelisieux.blogspot.

LA CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA . Hacela a las tres de la tarde Jesus prometio grandes gracias para aquellos que lo hagan

(se reza utilizando el rosario)

Jesús dijo a Sor Faustina (1, 197): Rezarás este rosario de la siguiente forma:

Primero, dirás un PADRENUESTRO, un AVEMARÍA y un CREDO.

Después, en las cuentas del rosario correspondientes al PADRENUESTRO, dirás las siguientes palabras:

Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de tu amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y de los del mundo entero.

En las cuentas del AVEMARÍA, dirás las siguientes palabras:

Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Para terminar, díganse tres veces estas palabras:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.

LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA. Este domingo acerca a la Misa y recibe la gracia del perdon de todos los pecados.


"Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión,
y reciban la Santa Comunión el día de la Fiesta de Mi misericordia."

Santa Faustina - D. 1109



Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero. (47)

Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y sobretodo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como Mi gloria. (48)

Cuando lo dije al confesor (48), recibí como respuesta que ese se refería a mi alma. Me dijo: Pinta la imagen de Dios en tu alma. Cuando salí del confesionario, oí nuevamente estas palabras: Mi imagen está en tu alma. Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia. (49)

Hija Mía, mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelos en el abismo de Mi misericordia. Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía. El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia - recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi Misericordia. Yo las sanaré y las fortificaré. (206)

Una vez, cuando el confesor me mandó preguntar al Señor Jesús por el significado de los dos rayos que están en esta imagen; contesté que sí, que se lo preguntaría al Señor.

Durante la oración oí interiormente estas palabras: Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas...

Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.

Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios. Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia. (299)

+ Pide a Mi siervo fiel (132) que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas. (300)

El primer domingo después de la Pascua de Resurrección, es decir, Fiesta de la Misericordia del Señor, clausura del Jubileo de Redención. Cuando fuimos a esta solemnidad, el corazón me latía de alegría por estar unidas estas dos solemnidades tan estrechamente. Pedí a Dios la misericordia para las almas pecadoras. Cuando terminó el oficio y el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen. El Señor impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el mundo. De repente vi una claridad inaccesible en forma de una habitación de cristal, tejida de ondas de luz impenetrable a cualquier criatura o espíritu. Para entrar en la claridad había tres puertas y en ese instante Jesús, con el mismo aspecto que tiene en la imagen, entró en aquel resplandor a través de la segunda puerta, hasta el interior de la unidad. Es la Unidad Trinitaria que es inconcebible, infinita. Oí la voz: Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá. Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi Dios. (420)

No encontrará alma ninguna la justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita. Dile al confesor que la imagen esté expuesta en la Iglesia y no en el convento dentro de la clausura. Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por eso, que cada alma tenga acceso a ella. (570)

Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia. (965)

Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa Comunión el día de la Fiesta de Mi misericordia. (1109)

En 1997, en peregrinación al Santuario de Jesús Misericordioso en Cracovia, ante la tumba de la Santa Faustina Kowalska, Juan Pablo II agradeció el haber podido "contribuir personalmente al cumplimiento de la voluntad de Cristo, mediante la institución de la fiesta de la Divina Misericordia", que de la Diócesis de Cracovia, donde él era Arzobispo, se difundió en tantas otras diócesis del mundo entero. Es difícil estimar cuántos millones de fieles, cada año, celebran en la Iglesia universal, bajo la guía de los propios Pastores, la fiesta de la Misericordia en el primer Domingo después de Pascua.

Realmente esta devoción de la Divina Misericordia se difundió rápidamente por un impulso divino, como Juan Pablo II dijo en el día de la beatificación de la Hna. Faustina, el 18 de abril de 1993: "¡Es verdaderamente maravilloso el modo en el que la devoción a Jesús Misericordioso se abre camino en el mundo contemporáneo y conquista tantos corazones humanos! Esto es, sin duda, un signo de los tiempos, un signo de nuestro siglo XX".

El Santo Padre, en la Audiencia general del 12 de enero de 1994, también decía que: "el mensaje de la Misericordia de Dios es una fuerte llamada a una confianza más viva, "Jesús, ¡confío en Ti!". Es difícil encontrar palabras más elocuentes de las transmitidas a nosotros por la Hna. Faustina". Por esto, "La Iglesia relee el Mensaje de la Misericordia para llevar con más eficacia a la generación de finales del milenio y las futuras, la luz de la esperanza" (Juan Pablo II en Cracovia, el 7 de junio de 1997). Para la hora de la Misericordia, baste recordar que el Señor dijo a la Hna. Faustina: "Cada vez que sientas el reloj dar las tres, acuérdate de introducirte totalmente en mi Misericordia, adorándola y exaltándola; invoca Su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, porque fue en aquella hora cuando fue abierta para todas las almas". Por la difusión del culto de la Divina Misericordia, Jesús confió que, "A las almas que difunden el culto de mi Misericordia, las protegeré toda la vida, como una tierna madre (protege) a su hijo todavía lactante y en la hora de la muerte no seré para ellas Juez, sino Salvador misericordioso"... "En aquella hora obtendrás todo para ti misma y para los demás; en aquella hora se otorgó gracia al mundo entero; la misericordia venció a la justicia".

Letanía de los Ángeles y de los Santos

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un solo Dios, ten misericordia de nosotros.



Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Reina de todos los Ángeles, ruega por nosotros.

Todos los Santos Angeles y Arcángeles, rueguen por nosotros.
Todos los santos coros de los bienaventurados Espíritus, rueguen por nosotros.
Santos Querubines, Ángeles de la Palabra, rueguen por nosotros.
Santos Tronos, Angeles de la Vida, rueguen por nosotros.
Santos Ángeles de la Adoración, rueguen por nosotros.
Santas Dominaciones, rueguen por nosotros.
Santas Potestades, rueguen por nosotros.
Santos Principados del Cielo, rueguen por nosotros.
Santas Virtudes, rueguen por nosotros.

San Miguel, ruega por nosotros.
Vencedor de Lucifer, ruega por nosotros.
Ángel de la fe y de la humildad, ruega por nosotros.
Preservador de la santa unción, ruega por nosotros.
Patrono de los moribundos, ruega por nosotros.
Príncipe de los ejércitos celestes, ruega por nosotros.
Compañero de las almas de los difuntos, ruega por nosotros.

San Gabriel, ruega por nosotros.
Santo Ángel de la Encarnación, ruega por nosotros.
Fiel mensajero de Dios, ruega por nosotros.
Ángel de la esperanza y de la paz, ruega por nosotros.
Protector de todos los siervos y siervas de Dios, ruega por nosotros.
Guardián del santo Bautismo, ruega por nosotros.
Patrono de los Sacerdotes, ruega por nosotros.

San Rafael, ruega por nosotros.
Ángel del Amor divino, ruega por nosotros.
Vencedor del enemigo malo, ruega por nosotros.
Auxiliador en la gran necesidad, ruega por nosotros.
Ángel del dolor y de la curación, ruega por nosotros.
Patrono de los médicos, de los caminantes y de los viajeros, ruega por nosotros.

Grandes Arcángeles Santos, rueguen por nosotros.
Ángeles del servicio ante el trono de Dios, rueguen por nosotros.
Angeles del servicio para los hombres, rueguen por nosotros.
Santos Angeles Custodios, rueguen por nosotros.
Auxiliadores en nuestras necesidades, rueguen por nosotros.
Luz en nuestra oscuridad, rueguen por nosotros.
Apoyo en todo peligro, rueguen por nosotros.
Exhortadores de nuestra conciencia, rueguen por nosotros.
Intercesores ante el trono de Dios, rueguen por nosotros.
Escudo de defensa contra el enemigo maligno, rueguen por nosotros.
Constantes compañeros nuestros, rueguen por nosotros.
Segurísimos conductores nuestros, rueguen por nosotros.
Fidelísimos amigos nuestros, rueguen por nosotros.
Sabios consejeros nuestros, rueguen por nosotros.
Ejemplos de nuestra obediencia, rueguen por nosotros.
Consoladores en el abandono, rueguen por nosotros.
Espejo de humildad y de pureza, rueguen por nosotros.
Angeles de nuestras familias, rueguen por nosotros.
Ángeles de nuestros Sacerdotes y pastores, rueguen por nosotros.
Angeles de nuestros niños, rueguen por nosotros.
Ángeles de nuestra tierra y Patria, rueguen por nosotros.
Ángeles de la Santa Iglesia, rueguen por nosotros.
Todos los Santos Angeles, rueguen por nosotros.
Asístannos en la vida, rueguen por nosotros.
Asístannos en la muerte, rueguen por nosotros.

San Juan Bautista, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Todos los Santos Patriarcas y Profetas, rueguen por nosotros.
San Pedro, ruega por nosotros.
San Pablo, ruega por nosotros.
San Andrés, ruega por nosotros.
San Juan, ruega por nosotros.
Santo Tomás, ruega por nosotros.
Santiago, ruega por nosotros.
San Felipe, ruega por nosotros.
San Bartolomé, ruega por nosotros.
San Mateo, ruega por nosotros.
San Simón, ruega por nosotros.
San Tadeo, ruega por nosotros.
San Matías, ruega por nosotros.
San Bernabé, ruega por nosotros.
San Lucas, ruega por nosotros.
San Marcos, ruega por nosotros.
Todos los santos Apóstoles y Evangelistas, rueguen por nosotros.
Todos los santos Discípulos del Señor, rueguen por nosotros.
Todos los santos Inocentes, rueguen por nosotros.
San Esteban, ruega por nosotros.
San Lorenzo, ruega por nosotros.
San Vicente, ruega por nosotros.
San Fabián y San Sebastián, rueguen por nosotros.
San Juan y San Pablo, rueguen por nosotros.
San Damián y San Cosme, rueguen por nosotros.
San Gervasio, ruega por nosotros.
Todos los santos Mártires, rueguen por nosotros.
San Silvestre, ruega por nosotros.
San Gregorio, ruega por nosotros.
San Ambrosio, ruega por nosotros.
San Agustín, ruega por nosotros.
San Jerónimo, ruega por nosotros.
San Martín, ruega por nosotros.
San Nicolás, ruega por nosotros.
Todos los santos Pontífices y Confesores, rueguen por nosotros.
Todos los santos Doctores, rueguen por nosotros.
San Antonio, ruega por nosotros.
San Benito, ruega por nosotros.
San Bernardo, ruega por nosotros.
Santo Domingo, ruega por nosotros.
San Francisco de Asís, ruega por nosotros.
San Francisco Javier, ruega por nosotros.
San Ignacio, ruega por nosotros.
San Enrique, ruega por nosotros.
Santo Toribio, ruega por nosotros.
San José de Calasanz, ruega por nosotros.
Todos los santos Sacerdotes y Levitas, rueguen por nosotros.
Todos los santos Monjes y Ermitaños, rueguen por nosotros.
Santa María Magdalena, ruega por nosotros.
Santa Agueda, ruega por nosotros.
Santa Lucía, ruega por nosotros.
Santa Inés, ruega por nosotros.
Santa Cecilia, ruega por nosotros.
Santa Teresa de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Rita, ruega por nosotros.
Santa Catalina, ruega por nosotros.
Santa Anastasia, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, ruega por nosotros.
Santa Teresa de los Andes, ruega por nosotros.
San Alberto Hurtado, ruega por nosotros.
Todas las santas Vírgenes, y Viudas, rueguen por nosotros.
Todos los santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

Muéstrate propicio, perdónanos, Señor,
Muéstrate propicio, óyenos, Señor,
De todo mal, líbranos, Señor.
De todo pecado, líbranos, Señor.
De tu ira, líbranos, Señor.
De una muerte repentina e imprevista, líbranos, Señor.
De las asechanzas del demonio, líbranos, Señor.
De toda ira, odio y mala voluntad, líbranos Señor.
Del espíritu de fornicación, líbranos Señor.
Del rayo y de la tempestad, líbranos Señor.
De la muerte eterna, líbranos Señor.
Por el misterio de tu santa Encarnación, líbranos, Señor.
Por tu venida, líbranos, Señor.
Por tu Natividad, líbranos, Señor.
Por tu Bautismo y santo ayuno, líbranos, Señor.
Por tu Cruz y Pasión, líbranos, Señor.
Por tu Muerte y Sepultura, líbranos, Señor.
Por tu santa Resurrección, líbranos, Señor.
Por tu admirable Ascensión, líbranos, Señor.
Por la venida del Espíritu Santo Consolador, líbranos, Señor.

Que levantes nuestros corazones a desear las cosas celestiales, te rogamos, Señor.
Que te dignes recompensar con bienes eternos a todos nuestros bienhechores, te rogamos, Señor.
Que libres de la muerte eterna a nuestras almas y las de nuestros hermanos y parientes, te rogamos, Señor.
Que te dignes darnos y conservarnos los frutos de la tierra, te rogamos, Señor.
Que te dignes conceder el eterno descanso a todos los fieles difuntos, te rogamos, Señor.
Que te dignes oírnos, te rogamos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, óyenos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
Y no nos dejes caer en la tentación. Líbranos, Señor, de todo mal. Amén

jueves, 8 de abril de 2010

Fallece esposo de Santa Gianna Beretta Molla





El esposo de Santa Gianna Beretta Molla, Pietro, falleció a la edad de 97 años en Sábado Santo, un día de especial importancia para esta familia. "Pietro Molla fue un pilar y una roca, un hombre de extraordinaria fe, simplicidad y santidad", escribe el P. Thomas Rosica, Director de Salt and Light TV al saber de la noticia.

Para el sacerdote, Pietro vivió "una vida de santidad y como su amada esposa, Gianna, hizo de la santidad algo que nosotros también podemos alcanzar".

Pietro pasó mucho de su vida como viudo luego de la muerte de su esposa en 1962, quien prefirió dar a luz a su hija rechazando el aborto que algunos médicos le sugerían, rechazando también el tratamiento que podría haberle salvado la vida a ella. Gianna, también doctora, falleció sólo una semana después de que naciera su bebé. Su esposo se quedó con sus cuatro hijos y nunca se volvió a casar. Para el P. Rosica "esta historia de santidad no ha terminado con Santa Gianna Beretta Molla".

"Tengo la certeza de que la causa de beatificación y canonización será abierta pronto. ¡Qué poderoso testigo será esto para la dignidad del matrimonio y la vida familiar!", manifestó.

La relación de los Molla con el Sábado Santo está en que fue precisamente ese día, en 1962, cuando Gianna dio a luz a Gianna Emanuela. Una semana después, ya en Pascua, Santa Gianna falleció. "Santa Gianna dio su vida para que el bebé en su veintre pudiera vivir. Ahora Pietro vuelve a la Casa del Padre en la mañana del Sábado Santo de 2010", explica.

Los funerales de Pietro se celebrarán en Mesero, Italia, el día de hoy. Luego será enterrado en el cementerio del pueblo junto a su esposa.

Para conocer más de la vida de Santa Gianna, ingrese a: http://www.aciprensa.com/testigosdefe/beretta.htm TORONTO, 06 Abr. 10 / 09:29 am (ACI)

Gianna Beretta Molla (1922-1962)




Gianna Beretta nació en Magenta (provincia de Milán) el día 4 de octubre de 1922. Desde su tierna infancia, acoge el don de la fe y la educación cristiana que recibe de sus padres. Considera la vida como un don maravilloso de Dios, confiándose plenamente a la Providencia, y convencida de la necesidad y de la eficacia de la oración.

Durante los años de Liceo y de Universidad, en los que se dedica con diligencia a los estudios, traduce su fe en fruto generoso de apostolado en la Acción católica y en la Sociedad de San Vicente de Paúl, dedicándose a los jóvenes y al servicio caritativo con los ancianos y necesitados. Habiendo obtenido el título de Doctor en Medicina y Cirugía en 1949 en la Universidad de Pavía, abre en 1950 un ambulatorio de consulta en Mésero, municipio vecino a Magenta. En 1952 se especializa en Pediatría en la Universidad de Milán. En la práctica de la medicina, presta una atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a los pobres.

Su trabajo profesional, que considera como una «misión», no le impide el dedicarse más y más a la Acción católica, intensificando su apostolado entre las jovencitas.

Se dedica también a sus deportes favoritos, el esquí y el alpinismo, encontrando en ellos una ocasión para expresar su alegría de vivir, recreándose ante el encanto de la creación.

Se interroga sobre su porvenir, reza y pide oraciones, para conocer la voluntad de Dios. Llega a la conclusión de que Dios la llama al matrimonio. Llena de entusiasmo, se entrega a esta vocación, con voluntad firme y decidida de formar una familia verdaderamente cristiana.

Conoce al ingeniero Pietro Molla. Comienza el período de noviazgo, tiempo de gozo y alegría, de profundización en la vida espiritual, de oración y de acción de gracias al Señor. El día 24 de septiembre de 1955, Gianna y Pietro contraen matrimonio en Magenta, en la Basílica de S. Martín. Los nuevos esposos se sienten felices. En noviembre de 1956, Gianna da a luz a su primer hijo, Pierluigi. En diciembre de 1957 viene al mundo Mariolina y en julio de 1959, Laura. Gianna armoniza, con simplicidad y equilibrio, los deberes de madre, de esposa, de médico y la alegría de vivir.

En septiembre de 1961, al cumplirse el segundo mes de embarazo, es presa del sufrimiento. El diagnóstico: un tumor en el útero. Se hace necesaria una intervención quirúrgica. Antes de ser intervenida, suplica al cirujano que salve, a toda costa, la vida que lleva en su seno, y se confía a la oración y a la Providencia. Se salva la vida de la criatura. Ella da gracias al Señor y pasa los siete meses antes del parto con incomparable fuerza de ánimo y con plena dedicación a sus deberes de madre y de médico. Se estremece al pensar que la criatura pueda nacer enferma, y pide al Señor que no suceda tal cosa.

Algunos días antes del parto, confiando siempre en la Providencia, está dispuesta a dar su vida para salvar la de la criatura: «Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid -lo exijo- la suya. Salvadlo».

La mañana del 21 de abril de 1962 da a luz a Gianna Emanuela. El día 28 de abril, también por la mañana, entre indecibles dolores y repitiendo la jaculatoria «Jesús, te amo; Jesús, te amo», muere santamente. Tenía 39 años.

Sus funerales fueron una gran manifestación llena de emoción profunda, de fe y de oración. La Sierva de Dios reposa en el cementerio de Mésero, a 4 kilómetros de Magenta.

«Meditada inmolación», Pablo VI definió con esta frase el gesto de la beata Gianna recordando, en el Ángelus del domingo 23 de septiembre de 1973: «una joven madre de la diócesis de Milán que, por dar la vida a su hija, sacrificaba, con meditada inmolación, la propia». Es evidente, en las palabras del Santo Padre, la referencia cristológica al Calvario y a la Eucaristía.

Fue beatificada por Juan Pablo II el 24 de abril de 1994, Año Internacional de la Familia.

miércoles, 7 de abril de 2010

Santo Tomás de Aquino decia

"Orar es amar, y "amar a Dios es la más alta perfección de la criatura racional, ya que por el amor se une en cierta manera a Dios". "Y la más alta perfección del hombre consiste en que el hombre tenga su mente atenta a Dios" (Santo Tomás de Aquino, C. Gentes, lib. I, cap. 80. y Lib. III, cap. 130)

domingo, 4 de abril de 2010

Continúa la pascua: Dios lo resucitó y nosotros somos testigos

Hechos, 2, 14.22-32;

Sal. 15;

Mt. 28, 8-15


Estamos entrando en la octava de Pascua. Eso significa que seguimos viviendo el mismo gozo y alegría por la resurrección del Señor que se van a prolongar por estos ocho días con una intensidad semejante.
Realmente ayer tanto en la palabra proclamada en la noche de la vigilia pascual como en la Misa de Pascua lo que escuchamos en el evangelio era el anuncio de los ángeles de que Cristo había resucitado y el testimonio de la tumba vacía. Tanto María Magdalena que llora porque se han llevado el cuerpo de Jesús y no saben donde lo han puesto, como el testimonio de Pedro y Juan que simplemente encuentran la tumba vacía y las vendas por el suelo y el sudario enrollado aparte. Sin embargo Juan vio y creyó y comenzaron a entender lo anunciado por la Escritura, que Jesús había de resucitar de entre los muertos.
Ahora durante la semana en la Eucaristía de cada día en el evangelio proclamado iremos ya contemplando las diversas manifestaciones de Cristo resucitado que irán haciéndonos ahondar en nuestra fe en Jesús, resucitado de entre los muertos. No es hora de hacer excesivos comentarios sino yo diría de ir rumiando lo que nuestra fe nos dice y lo que vamos contemplando en el evangelio, esas diferentes manifestaciones de Cristo resucitado. No es momento de entrar en demasiados razonamientos sino en este caso dejarnos impregnar por la presencia de Cristo resucitado en medio de nosotros, tal como lo vamos contemplando en el evangelio.
Iremos escuchando los relatos de los diferentes evangelistas que de alguna manera se complementan unos a otros. Según lo que nos dice hoy Mateo, después del anuncio del ángel que les manifiesta que si buscan a Jesús, el crucificado allí no lo van a encontrar porque ha resucitado y les señala que anuncien a los discípulos este mensaje para que vayan a Galilea donde le verán, ‘se marcharon a toda prisa del sepulcro, impresionados y llenas de alegría, y corrieron a anunciárselo a los discípulos’.
Pero ahora es Jesús el que les sale al encuentro. ‘Alegráos… No tengáis miedo…’ es el saludo de Jesús. Con Jesús se alejan todos los temores; con Jesús nos llenaremos siempre de alegría y de paz. Pero también el mismo encargo. ‘Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán’. Son mensajeras que han de llevar este anuncio a los apóstoles. Luego serán ellos los testigos de Cristo resucitado que lo anunciarán al mundo.
Es lo que hemos escuchado en la primera lectura y seguiremos escuchando durante esta semana y todo el tiempo pascual que iremos leyendo como primera lectura el libro de los Hechos de los Apóstoles. ‘Os hablo de Jesús nazareno… a quien Dios resucitó rompiendo las ataduras de la muerte… Dios resucitó a este Jesús y nosotros somos testigos’. Es el primer anuncio que Pedro hace en Pentecostés después de recibir al Espíritu Santo.
Ahí nos quedamos nosotros contemplando y convirtiéndonos también en testigos. Somos testigos de Cristo resucitado porque bien hondo lo hemos sentido dentro de nosotros en estos días. Y ese ha de ser también nuestro anuncio constante. Empapémonos de Cristo resucitado para que lo llevemos a los demás con el testimonio de nuestra vida.

sábado, 27 de marzo de 2010

La Causa para La Canonización de Padre Pío.

Después de un período de dos reformas la Causa de Padre Pío ha operado, en muchos de los casos, según las reglas que existían cuando ésta comenzó. El siguiente resumen, del libro de Michael Freze, The Making Of Saints (Huntington, IN: OSV Press, 1991), no coincide totalmente con las reglas del año1983 para la Canonización de Santos. Muestra, sin embargo, las etapas importantes por las que cualquier Causa debe pasar.

I. El proceso de documentar la vida y virtudes de Padre Pío comenzaron casi inmediatamente después de su muerte, el 4 de noviembre 1968. Esto era necesario para asegurar que no se perdieran los testimonios más importantes.

II. La comunicación de los resultados de la Congregación de Santos tomó lugar el 16 de febrero de 1973. La Congregación debe examinarlos para hacer una recomendación al Papa con respecto al valor del individuo.

III. Con el nihil obstat ( nada se interpone en el camino) del Santo Padre el Proceso de la Causa para la Canonización del Siervo de Dios Padre Pío de Pietrelcina comenzó el 29 de noviembre 1982. Antes de los cambios de 1983 sólo el Papa podría abrir una Causa, dando un nihil obstat. Bajo las nuevas normas el obispo diocesano del lugar donde la persona falleció puede abrir la Causa, después de consultar con la Santa Sede, que hace su evaluación del registro conocido como una carta en vez del decreto formal.

IV. La próxima primavera, el día 20 de marzo de 1983, el Proceso Canónico Informativo comenzó oficialmente, emprendido por el Arzobispo de Manfredonia, el arzobispo metropolitano del territorio eclesial en la que está situada San Giovanni Rotondo, diócesis de Foggia. Bajo las nuevas normas este Proceso estaría bajo el cuidado del Obispo de Foggia. Su tarea era la de crear un registro, un Acta, sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios, basada en evidencias y testimonios. En el caso de Padre Pío, quien vivía una vida pública por un período de más de cincuenta años, estas Actas consistían en varios volúmenes.

V. En la conclusión del Proceso Informativo de 1990 la Causa fue sometida al Departamento Romano llamado la Congregación para las Causas de los Santos. El 7 de diciembre 1990 la Congregación reconoció la validez del Proceso (lo que se había llevado a cabo hasta entonces). Entonces una comisión teológica de la Congregación comenzó su trabajo y preparó un Positio en el que se resume la vida y virtudes del Siervo de Dios. Esta evaluación de la Causa concluyó con un voto positivo por parte de la comisión el 13 de junio 1997, el día de San Antonio. Sus recomendaciones fueron entregadas a los cardenales, arzobispos y obispos asignados por el Santo Padre para votar por los asuntos más importantes presentados para ser juzgados por la Congregación. Fue aprobado en su Sesión Ordinaria el 21 de octubre de 1997.

VI. Luego de la votación a favor por parte de la Congregación y su aceptación, El Papa Juan Pablo II el 18 de diciembre de 1997 aprobó el Decreto de las Virtudes Heroicas del Siervo de Dios Padre Pío de Pietrelcina. Por medio de este decreto el Padre Pío fue declarado un Venerable Siervo de Dios o simplemente Venerable.

VII. El paso final antes de la beatificación es la aprobación de un milagro, evidencia del poder de intercesión del Siervo de Dios y por tanto su unión después de la muerte con Dios. Aquellas personas que proponen un milagro lo deben hacer en la diócesis donde este ocurrió, no en la diócesis de la Causa. Esta diócesis conduce su propio Tribunal, científico y teológico, para determinar si se puede decir que en verdad el milagro ocurrió. Esto es posteriormente presentado ante la Congregación para su evaluación. El 21 de diciembre de 1998, el Papa Juan Pablo II aprobó un milagro atribuido al Venerable Siervo de Dios, el Padre Pío de Pietrelcina. Esta es la base, junto con el Decreto de las Virtudes Heroicas, por medio de la cual se efectúa la beatificación el domingo, 2 de Mayo de 1999.

Qué significa ser beato. Hasta el día de la beatificación de un Servidor de Dios los católicos deben observar las estrictas reglas del non-cultus, es decir, que se puede rezar a este individuo que creemos que está en los cielos y venerarle de una forma privada, no pública. Por ende, la regla por la cual la Causa del Padre Pío ha sido tan insistente- de ninguna exposición de sus retratos en lugares de adoración, ningún himno para él y ninguna oración pública rezada a él- está de acuerdo con las normas estrictas de la Iglesia en cuanto a estas cuestiones. Es más, la presencia del cultus antes de la aprobación por parte de la Iglesia puede terminar la candidatura de un Siervo de Dios.

Con la Beatificación un cierto número de marcas de veneración pueden darse a una persona. La más importante es la de un día festivo, con su Misa y oficio (Liturgia de la Horas), puede ser otorgada a una diócesis en particular y a órdenes y congregaciones religiosas. Por ejemplo, Beata Takeri Tekawitha, el Lirio de los Mohawks, es celebrada en los almanaques litúrgicos de los Estados Unidos y Canadá. En los Estados Unidos y Méjico hay un día festivo para el Beato Juan Diego, el vidente de Guadalupe. Por analogía, este privilegio es algo parecido a la práctica de la canonización episcopal en las edades tempranas de la historia de la Iglesia, con la excepción de que un obispo manifiesta a Roma el deseo de su feligresía a venerar a un Beato y Roma accede a tal veneración local. En el caso de Padre Pío lo más seguro es que los Capuchinos Franciscanos, una o más diócesis italianas, y aún países enteros, pedirán a la Santa Sede para añadir su día festivo a los almanaques particulares. Como murió el 23 de septiembre, es probable que esta fecha sea la asignada a él, ya que no presenta conflicto con el calendario universal de la Iglesia.

Con la beatificación vendrá el derecho restringido a venerar las reliquias de Padre Pío, a rezarle públicamente y para honrar sus imágenes en lugares de adoración. Esta veneración es restringida ya que es la veneración de una parte de la Iglesia solamente y no de toda, ya carece de la resolución de la canonización.

En el confesionario. Padre Pio

Quien participaba en la celebración eucarística del Padre Pío, no podía quedar tranquilo en su pecado. La Santa Misa elevaba a todos los presentes en el ministerio de Dios, que no dejaba en paz a quien vivía lejos de Él.
Después de la Santa Misa, el Padre Pío se sentaba en el confesionario para administrar la misericordia de Dios a los arrepentidos.

Empezaba con los hombres hasta las nueve; de nuevo a las once y media, confesaba a las mujeres. En la tarde estaba a disposición de todos, pero dando la preferencia a los hombres, porque decía: "son los que más lo necesitan".

Hay muchas anécdotas sobre el ministerio que el padre Pío representaba en el confesionario. He aquí unos pocos:

Siendo muchos los que querían confesarse con el Padre Pío, sé penso en poner orden hasta donde fuera posible.

En honor a este orden, algunos para confesarse debían esperar su turno hasta tres o cuatro horas.

Muchos, de los más empedernidos, iban a San Giovanni Rotondo, no para confesarse, sino por curiosidad o para reírse.


Una trampa

Una señora estaba angustiada porque el marido no quería confesarse. En ocasión de su onomástico, le pidió al marido un regalo.

"¡Lo que quieras!" Le contestó éste.

"¡ Acompáñame a San Giovanni Rotondo!"

Se puso rabioso.

"¡ Esto es una trampa! ¡Esto no es honesto!"

"¿Por qué no es honesto? ¿No me prometiste darme lo que yo quisiera?"

La acompañó a regañadientes y estando siempre de mal humor. Llegando por la tarde a San Giovanni Rotondo, lo primero que le dijo fue: "¡Mañana mismo nos regresamos en el primer tren!"

"¡Está bien!" le contestó la señora.

Durante toda la noche no pudieron dormir. A las dos de la madrugada todo el mundo se levantó para asegurarse un lugar en la Misa de las siete.

Se levantaron también ellos. Pero el marido, siempre de mal humor, dijo a la señora:
"Si quieres, que te acompañe, déjame en paz y no pidas que me confiese".

Durante la misa le tocó un lugar bastante cerca del padre Pío. La señora rezaba por la conversión de su esposo. Terminada la celebración, el primero en seguir al Padre Pío rumbo a la sacristía para la confesión, fue exactamente este señor. Después de un rato regresó donde estaba su esposa, y, con un rostro lleno de luz y alegría exclamó:

"¡Hecho! ¡Ya me confesé!"

"¡Que hombre es este Padre Pío! ¡Me detuvo y me puso como nuevo!"

"¿Cómo no confesarse después de una misa como ésta?"

Luego, echando el brazo al cuello de su Señora, le dijo: "¡No conviene que nos vayamos pronto! ¡Quedémonos una semana!"


¡Vete, vete de aquí!

Mientras estos esposos gozan la gracia de Dios, en la sacristía, donde el Padre Pío esta confesando, se oye el golpe violento de la ventanilla del confesionario.

Sale una muchacha llena de lágrimas, que dá la vuelta y va enfrente del Padre para suplicarle que la confiese.

Padre Pío"¡Vete, vete de aquí!" le dice el Padre Pío en tono enérgico. "¡No tengo tiempo para ti!"
Ella continua sollozando como si el corazón le estuviera estallando.

Nadie se mueve. Se crea un profundo silencio, y los ojos de todos están sobre la muchacha. El Padre Pío continua confesando tranquilamente.
Se le acerca otro padre que esta encargado del orden y le dice: "Tranquilízate. No tengas miedo".

Se la lleva luego un poco lejos del confesionario y dialoga con ella. Al fin la muchacha se retira confortada, besándole la mano.

Una persona se le acerca a este religioso y le pregunta:

- "¿Por qué el Padre Pío es tan duro con ciertos penitentes?"

- "El Padre Pío", contesta el padre, "lee las consciencias y recibe a los que no están bien dispuestos".

- "¿Y si estos no regresan?"

"¡Pierda cuidado! el Padre Pío no las rechazaría si no supiera que regresarían. Para lavar un corazón es necesario una lluvia de lágrimas.
Un buen medico no titubea en usar el bisturí".

"Entonces….esta muchacha…"

"¡No se preocupe! Ella vino, quizás por curiosidad, Muchas mujeres vienen por curiosidad. El Padre Pío lo intuye. No quiere que se confiesen para verlo. ¡Esa no es una confesión! Dentro de dos o tres días esta muchacha regresara preparada. ¿Cree usted que el Padre Pío no haya ya orado por ella? Pero es necesario esperar que la gracia actúe".


Te veo muerto

Otro día, un comerciante de la ciudad de Pisa llega a San Giovanni Rotondo a pedir al Padre Pío la sanación de una hija que estaba muy enferma.

Cuando estuvo frente al padre, este lo miro y le dijo: "Tú estas mucho más enfermo que tu hija. Yo te veo muerto"

"¿Que dice, Padre? ¡Yo estoy muy bien!"

"¡Miserable!" Le grita el Padre Pío. "¡Infeliz! ¿Cómo puedes estar bien con tantos pecados en la conciencia? Estoy viendo por lo menos treinta y dos!"
El hombre se sorprendió mucho, y terminó arrodillándose para confesarse.
Terminada la confesión, el comerciante de Pisa decía a todos: "El sabía todo y me ha dicho todo"


Un criminal

En otra ocasión un hombre, relacionado con una organización criminal, había decidido matar a su esposa. Para hacer creer que se trataba de un suicidio, penso acompañarla a San Giovanni Rotondo, simulando amor y fe. Era un ateo, que no creía ni en Dios ni en el diablo. Aprovechando el viaje, entro en la sacristía donde confesaba el Padre Pío para, observar este "típico fenómeno de histerismo".

Apenas el Padre Pío lo ve, se le acerca, lo coge del brazo y le grita: "¡Fuera, fuera, fuera! ¿No sabes que té esta prohibido mancharte las manos con sangre? ¡Vete!"

Todos los presentes quedaron aturdidos. Enloquecido, el pobre infeliz huyó, como si le hubiera caído fuego encima.

"¿Que pasó en la noche?" Solo Dios lo sabe y el Padre Pío. A la mañana siguiente el hombre estaba a los pies del Padre Pío, que lo acogió con amor, lo confesó, le dió la absolución y luego le abrazó tiernamente. Antes de que se retirara le dijo: "Tu siempre has deseado tener hijos, ¿no es verdad?

El hombre lo miró sorprendido, y luego le contestó: "Sí y mucho".

"Bien, ahora no ofendas más al Señor y tendrás un hijo".

Un año después, retornaron los dos esposos para que les bautizara al hijo.


¡Me ha dicho todo!

Un día un hombre salió de la iglesia, después de haberse confesado con el Padre Pío, y se puso a gritar loco de alegría, a todas las personas que se le acercaban: "Hacía 35 años que no entraba en una iglesia. Si, 35 años que no quería saber nada ni de Dios ni de la Virgen no de los santos. ¡Llevaba una vida de infierno! Un día una persona me dijo: "¡Vaya a San Giovanni Rotondo!" Solté la carcajada y contesté: "Si usted cree que ese padre me va a convencer está muy equivocada!.

Pero esta idea no me dejó en paz. Era como una perforadora que excavaba dentro de mí, finalmente no pudiendo mas, me dije: "¿Por qué no ir? Así acabaré con esta obsesión".

Llegué anoche. No había lugar para uno como yo, acostumbrado a las comodidades. Pasé la noche pensando en mis pecados y sudando abundantemente. A las dos de la madrugada, se oyeron varios despertadores. Me levanté con todos los demás, pero blasfemando contra todos. No obstante, me dirigí a la iglesia. No entendía lo que me sucedía por dentro. Esperé como los demás y entré como los demás. Asistí a la Misa del Padre Pío. ¡Qué Misa! Me mordía los labios, me defendía…pero no tenía nada que hacer, comenzaba a perder terreno. La cabeza me estaba explotando. Después de la misa seguí a los hombres que iban a la sacristía como un autómata. Al entrar, el Padre Pío vino a mi encuentro y me dijo: ¿No sientes en la cabeza la mano de Dios? Yo contesté: "Confiéseme, padre"

Apenas me había arrodillado, sentí la cabeza vacía como una olla. Me era imposible recordar mis pecados. El padre esperó un poco y luego me dijo: "Animo, hijo, ¿no me dijiste todo durante la Misa? ¡Animo! ¡Y me dijo todos mis pecados! Yo le contestaba solamente "Sí". "¡Ahora me siento limpio como un niño! ¡Ahora me siento feliz!"

El misticismo de Padre Pío






Padre Pío jovenEl período purgativo de la vida de Padre Pío se puede asignar tentativamente al comienzo de su vida religiosa cuando él recibe los hábitos de novicio en 1903. Es evidente que externamente este es un tiempo de prueba durante el cual la comunidad religiosa determina la preparación y aptitud del novicio quién, al mismo tiempo, hace un serio juicio de la vida a la cual él cree estar llamado. En otra forma, el camino purgativo requiere de la máxima generosidad por parte del novicio y en el caso de los santos es común que durante este tiempo dicha generosidad exceda las barreras de la moderación. Este es el tiempo en el que sucede un despego del pecado y se rompe toda relación con las criaturas del mundo para vivir solo para Dios.

Sabemos que aquellos sacrificios como el ayuno, las vigilias, la soledad y varias otras mortificaciones, formaron una parte importante en el desarrollo espiritual del padre Pío durante esta etapa. Estas acciones lo fortalecieron en virtud y libraron su espíritu de todo egoísmo. El ideal Franciscano es severo ante el hombre que quiere lograr una unión con Dios: todo deseo natural, hasta el mínimo movimiento debe ser suprimido.

Cierto incidente remarca la generosidad del Padre Pío en esta etapa en el que muestra el espíritu de abandono con el que entró en su nueva vida. Aunque nunca fue muy robusto, la salud del joven novicio fue afectada debido a las severas mortificaciones a las que él se sujetaba. Tanto así, que sus padres, al visitarlo a finales de este año de noviciado, estaban tan impresionados con su apariencia tan demacrada que pensaron que estaba enfermo. Otro incidente en Venafro nos dá una idea de su progreso. Está escrito que una vez vivó por 21 días sin ningún tipo de nutrición, dependiendo solamente de la Sagrada Eucaristía como alimento. Es sumamente interesante observar que en los años posteriores, Padre Pío nunca dejó de ser tan riguroso como en esos primeros días. Al contrario, su rigurosidad aumentó y era visto como algo milagroso el hecho que un hombre sobreviviera con tan poco alimento y tan poco descanso.

Mirando hacia arribaLuego de la etapa de purgación de los sentidos y con su alma fortalecida por la gracia, nuevas pruebas de una naturaleza más pasiva siguieron tanteando al joven Fra’ Pío. Se sabe muy bien que durante esta etapa Fra' Pío sufre de enfermedades extrañas, la misteriosa hipertermia (temperaturas altas) que subían y bajaban con alarmante rapidez, también su frágil salud con el peligro siempre presente de la tuberculosis, significaba frecuentes regresos a su casa en Pietrelcina para descansar. Fue en uno de estos regresos a casa cuando el Padre Pío recibió sus primeros estigmas.

Además de sus enfermedades y sus sufrimientos físicos, otras tribulaciones de mayor tormento debieron ser sobrepasadas por el místico. San Juan de la Cruz describe estas tribulaciones con la imagen de:"noche". Después que los sentidos se purifican por medio de "la noche de los sentidos", después de un tiempo el místico entra en la más difícil de la pruebas: "la noche del espíritu". No se puede decir cuánto dura esta etapa, pero directores espirituales señalan que mientras más grande sea la mision de la persona y más profunda la unión y contemplación a la cual él está llamado, más profundos y duraderos serán sus sufrimientos.Rezando en el coro

En la noche del espíritu es Dios mismo quien abruma el alma para renovarla a la imagen y semejanza de Su Hijo; El permite que todo tipo de maldades ataquen al místico para que el hombre se sienta completamente abandonado, alejado de Dios, víctima del demonio, y sujeto a toda clase de tentación y amargura. "Esto no debe sorprendernos", dice San Juan de la Cruz, considerando el gran grado de contemplación a la cual el místico es llamado.

Podemos de esta manera tener una leve idea de lo que Dios estaba haciendo en las profundidades de alma del Padre Pío por los escritos de esta época: "Qué difícil es, Padre el camino de perfección Cristiana para un alma tan mal dispuesta como la mía. Mi vileza me hace temeroso en cada paso que doy" (4.7.1915). En esta etapa del alma, Dios suele alejar su presencia por largos períodos y el que sufre puede sentirse perdido: "La paz se ha desvanecido por completo de mi alma. Me he vuelto completamente ciego. Me encuentro sumergido en una noche profunda y no importa cuánto busco, no encuentro la luz. ¿Cómo, entonces, puedo caminar hacia el Señor?..El, con todo el derecho, me ha lanzado entre los perennemente muertos a quienes El no recuerda más" (8.3.1916).

Dios permite, para el bien de su servidor, horribles tentaciones en contra de la fe, hasta el punto en que el alma parece ya no creer: "Padre mío, que difícil es creer"; y en contra de la esperanza: " Me veo a mí mismo completamente rechazado por Dios." (8.3.1916). A estos se le añaden otras tribulaciones de aridez y desolación por medio de las cuales el místico entra más profundamente en el conocimiento de su propia desdicha ante Dios y al final se siente abandonado por todo. Dios también le dá al diablo rienda suelta para atacar el alma con todo tipo de tentaciones diabólicas e ilusiones; de hecho, el místico se ve tan abandonado por Dios, que se pregunta si todo no es simplemente obra de Satanás.

Padre Pío le escribe a su director: " si usted cree que yo soy víctima de esa cosa horrible (el demonio), le suplico, Padre, por amor a Jesús, sea bueno y me ilumine" (7.4.1915). Aunque los sufrimientos son tan dolorosos que la muerte sería un alivio,: " Pido por la muerte como un alivio por mis aflicciones… ya que no puedo más", Dios de vez en cuando, deja que su luz ilumine el alma, apretándola con un abrazo de inmensa ternura dejándole saber que no está perdida: "Solo Su bondad ha llenado mi alma de tantas bendiciones. El nunca me pierde de vista. Me sigue a todas partes: revive mi alma tan envenenada por el pecado, destruye en mí la densa nube que me envuelve" (9.9.1912).

Y así el trabajo continúa. El Señor en su amor infinito desea darse a Sí mismo, pero antes, el tabernáculo en el que Él habitará de manera tan sublime debe santificarse. Origen ha descrito muy bien ésta etapa como el "41 invierno del alma", el tiempo de la aridez, desolación y aparente incapacidad de amar a Dios. Pero esta luz que ha parecido al alma "noche", es de hecho, la intensidad del fuego incandescente de Dios, iluminando y deslumbrando el alma con la majestuosidad de Su divino resplandor. La naturaleza humana debe ser primero desvestida de todo lo mundano para ser revestida de los atuendos celestiales de la gracia contemplativa.

El místico ahora entiende que tan necesaria era esta preparación, ya que nadie se atreve a vivir en la Presencia Divina sin antes pasar por el crisol de la tribulación. El mismo Señor, en su ansioso deseo de enriquecer más el alma, es el escultor que cincela y esculpe, refinando su obra maestra del crudo bloque de la naturaleza humana. Y cuando el místico finalmente sale a la clara luz, una vez más, él sabe con seguridad que todo fue obra de Dios; él también sabe, que aunque pareciera que Dios lo rechazaba Él estaba de hecho presente todo el tiempo en las profundidades del alma, preparándola para recibir aún mayores gracias (Tanquery). En la cúspide de estas tribulaciones ¿no es correcto el pensar que, en esta alta etapa de la vida del místico, la unión o matrimonio místico como se le llama comúnmente, fue consumado entre el Padre Pío y El Señor en ese día de 1918 cuando las llagas de Nuestro Señor fueron encarnadas en el cuerpo del primer sacerdote escogido para este privilegio?

[From: The Spirituality of Padre Pio, Augustine Mc Gregor, O.C.S.O., edited by Fr. Alessio Parente, OFM Cap. (San Giovanni Rotondo: Edizioni "Padre Pio of Pietrelcina" of Our Lady of Grace Monastery, 71013 San Giovanni Rotondo, FG, Italy, 1974).]

viernes, 26 de marzo de 2010

«A la tarde te examinarán en el amor»

¿Me amas?

La pregunta más importante de nuestra vida cristiana.

Cuando conocemos al Señor, nos preguntamos, ¿Qué quieres que haga por ti? Es importante, pero no la más importante.

La pregunta que Dios nos hace es la que le hizo a Pedro, representante de los discípulos ¿Me amas?

¿Qué clase de amor tenemos a Jesús?

Un amor que espera recibir algo a cambio, una mano que se extiende para recibir. Que ama porque se siente atraído por el objeto amado, comprueba que un objeto “merece” ser amado y lo ama por eso.

O,

Un amor desinteresado, la mano que se extiende para dar, sin esperar nada a cambio. Es el tipo de amor que tiene y envía Dios.

“….para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos” (Mat 5,45).

Es el amor que tuvo Jesús por nosotros, que le llevó a entregarse por amor.

Y andad en amor, como también Cristo nos amó y seentregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante (Ef 5,2).

Los discípulos al principio seguían a Jesús con propósitos interesados.

Entonces, respondiendo Pedro, le dijo: --Nosotros lo hemosdejadotodo y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? (Mat 19,27).

A partir de la confesión de Pedro, el amor de los doce hacia Jesús cambió y se hizo desinteresado.
Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce:
—¿Queréis acaso iros también vosotros?
Le respondió Simón Pedro:
—Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Y Pablo fue el que mejor lo expresó.

El amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron (2 Cor 5,14).

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo(Flp 3,7-8).

Al final los discípulos “se enamoraron de Jesús” y estuvieron dispuestos a “entregarse” a Dios y al prójimo con un amor desinteresado siguiendo el ejemplo de su Maestro.

La motivación de nuestra vida cristiana en definitiva debe ser el amor, el enamoramiento, y es en definitiva lo que nos va a pedir Jesús. Recuérdese lo que tiene Jesús en contra de la iglesia en Efeso, en Apocalipsis: “Has dejado tu primer amor”

El primer mandamiento- según Deuteronomio y ratificado por Jesús- es amar a Dios “con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda tu fuerza” (Dt 6,5; Mt 22,37)

Tomás de Aquino explicaba estos textos: “Amarle con todo tu corazón supone que todas nuestras intenciones estén orientadas hacia Él; amarle con toda tu mente significa que toda nuestra inteligencia se someta a la suya; amarle con toda tu fuerza quiere decir que toda nuestra acción interior obedezca a su voluntad”

“El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn 4,8).

Bernardo de Claraval decía que “la medida del amor de Dios es amarlo sin medida”.

El amor del hombre a Dios será tanto más puro cuánto más desinteresado sea. ¡Cuántas veces hemos utilizado a Dios para tratar de conseguir nuestros objetivos¡ y no sólo materiales.

Este desinterés lo expresa de manera maravilloso el soneto atribuido a algún jesuita anónimo a finales del s. XVI o a principios del XVII:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

(Anónimo, S. XVI-XVI)I

Amar a Dios por sí mismo, por lo que Él es, eso es amor extático, o amarle por lo que ha hecho por nosotros, eso es amor agradecido.

Los místicos españoles especialmente los del S. XVI tienen mucho que enseñarnos acerca del amor a Dios, se puede decir, que exploraron los límites del amor divino y humano y profundizaron en su búsqueda, escuchemos lo que nos dijeron.

Comenzaremos con Santa Teresa de Jesús (1515-1582)

La base de la espiritualidad de Santa Teresa es el amor a Dios y al prójimo. La oración como síntesis de comunión con Dios es “amistad con Dios”

Pero, ¿cómo define Santa Teresa esta “amistad con Dios”, y que características ha de tener?

Lo explica en el “Libro de su Vida” cap. 8

“Espero yo que en la misericordia de Dios, que nadie le tomó por amigo, que no se lo pagase; porque no es otra cosa Oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama. Y si vos aun no le amáis; porque para ser verdadero el amor, y que dure la amistad, hanse de encontrar las condiciones, y la del Señor, ya se sabe que no puede tener falta; la nuestra es ser viciosa, sensual, ingrata; y así no podéis acabar con Dios de amarle tanto, porque no es vuestra condición; pero viendo lo mucho que os va en tener su amistad, y lo mucho que os ama, pasad por esta pena, de estar mucho con quien es tan diferente de vos. ¡Oh bondad infinita de mi Dios, que parece que os veo, y me veo de esta suerte! ¡Oh regalo de los ángeles, que toda me querría, cuando esto veo, deshacer en amaros….

Este amor lo expresa en este soneto:
Si el amor que me tenéis,
Dios mío es como el que os tengo;
Decidme en que me detengo,
O Vos en que os detenéis.

—Alma, ¿qué quieres de Mí?
— Dios mío, no más que verte.
—¿Y qué temes más de ti?
—Lo que más temo es perderte.

Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
Para hacer un dulce nido
Adonde más le convenga

Un alma en Dios escondida,
¿qué tiene que desear,
Sino amar y más amar,
Y, en amor toda encendida,
Tornarte de nuevo amar?

Para ella la amistad con Dios lleva al enamoramiento y al matrimonio con Dios, de esto tratan “Las Moradas”libro que escribió para describir su andadura espiritual y para que sirviese de modelo de introspección, espiritual, que influyó en el mismo Sigmund Freud.

En Las Moradas Santa Teresa explica como partiendo de la realidad de la gracia y del amor, que hacen que el alma sea agradable a Dios. Las moradas se van haciendo a base de amor, vendrían a ser los diversos grados de amor del alma ya que:

“el aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho” (F 5,2) “para subir a las moradas que deseamos, no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho” (4M 1,7)

Las moradas son 7:

Las Primeras son el propio conocimiento y el ejercicio de la humildad. Las moradas Cuartas la oración de quietud. Las Quintas la oración de unión, las Sextas el desposorio espiritual y las Séptimas el matrimonio espiritual.

Esto de los grados del amor ya lo describió el místico sufí Abenarabi nacido en Murcia en 1164 que dividía el amor en: divino, espiritual y natural.

San Juan de la Cruz (1542-1591) probablemente teniendo en mente el escrito de Santa Teresa comenta un verso de su poema llama de amor viva: “de mi alma el más profundo centro” y dice:

“Es pues de notar que el amor es la inclinación del alma y la fuerza y virtud que tiene para ir a Dios, porque mediante el amor se une el alma con Dios; y así cuantos más grados de amor tuviere, tanto más profundamente entra en Dios y se concentra con El.De donde podemos decir, que cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos centros en Dios, uno más adentro que otro, porque el amor más fuerte es unitivo. Y de esta manera podemos entender las muchas mansiones que dijo el Hijo de Dios haber en la casa de su Padre (Jn 14,2).

El verso dice así:
¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida has trocado.

¡Oh lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
color y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!

Este poema probablemente está inspirado en la visión que tuvo Santa Teresa y que describe en sus memorias.

«Vi a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal... No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parece todos se abrasan... Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo de a gustar a quien pensare que miento... Los días que duraba esto andaba como embobada, no quisiera ver ni hablar, sino abrasarme con mi pena, que para mí era mayor gloria, que cuantas hayan tomado lo criado».

(Vida de Santa Teresa, cap. XXIX.)

Al escuchar un cantar, “Véante mis ojos” experimentó un éxtasis: escribió en el Libro de su Vida:

«creciendo en mí un amor tan grande de Dios, que no sabía quién me lo ponía, porque era muy sobrenatural, ni yo le procuraba. Veíame morir con deseo de ver a Dios y no sabía a dónde había de buscar esa vida si no era con la muerte. Dábanme unos ímpetus grandes de este amor que yo no sabía qué me hacer; porque nada me satisfacía ni cabía en mí, sino que verdaderamente me parecía se me arrancaba el alma…»

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero,

Aquesta divina unión
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo
y libre mi corazón:
Y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay! ¡Qué larga es esta vida!,
¡qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros,
en que el alma está metida!.
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte:
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte;
Venga ya la dulce muerte,
Venga el morir muy ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
Que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
No se goza estando viva.
Muerte no me seas esquiva;
Viva muriendo primero
Que muero porque no muero.

El “morir porque no muere” de Santa Teresa en este poema no se refiere exclusivamente al deseo de la vida más allá de la muerte, sino al “desprendimiento en relación al mantenimiento de la vida… ya que la vida divina exige que muera aquel que quiere encontrarla” (George Bataille)

El amor a Dios incluye el amor al prójimo, ya que el amor a Dios “hace sitio” al amor a los hombres, “el amor a Dios es “más ensanchador que ocupador” Vicente de Paul.

La misma Santa Teresa advierte de un falso amor a Dios que excluye del amor a sus criaturas:

«Cuando veo almas muy diligentes a entender la oración que tienen muy encapotadas cuando están en ella (que parecen que no osan bullir ni menear el pensamiento, porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido), háceme ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión. Y piensan que allí está todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que si ves una enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te compadezcas de ella». Morada quinta (3,11).

La vida cristiana es edificada sobre dos pilares gemelos: el amor a Dios y el amor al prójimo.

“A la tarde te examinarán en el Amor”.

(S. Juan de La Cruz

por Raúl García Pérez

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